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La industria del ocio da la espalda a las mujeres

Las industrias culturales y del ocio no confían en el liderazgo femenino. La muestra está en el poco dinero que están dispuestas a arriesgar a la hora de darles presupuesto para las producciones. Las instituciones pueden solucionar esta pérdida de talento

ASUNCIÓN BERNÁRDEZ RODAL. PROFESORA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

La industria del ocio da la espalda a las mujeres

MARK RALSTON (AFP)

En el 2017 se estrenó con gran éxito de público la película 'Wonder Woman', la primera del género de superhéroes dirigida por una mujer, Patty Jenkins, en el universo de Hollywood. Los medios de comunicación destacaron el hecho de que era la primera vez que un personaje femenino se convertía en la protagonista principal de una película de este género (cosa que no es del todo cierta). Sin embargo, resaltaron muy poco otro dato para mí más importante: que había sido la primera vez que la empresa hollywoodiense puso en las manos de una directora 150 millones de dólares para realizar su película, superando así el récord de los 100 millones de los que había dispuesto la oscarizada directora Kathryn Bigelow, para realizar la película 'K-19: The Widowmaker', en el año 2003.

Una afirmación fuerte: las industrias culturales no confían en el liderazgo femenino. Y la muestra está en el poco dinero que están dispuestas a arriesgar a la hora de darles presupuesto para las producciones. Esto es un drama para las profesionales vinculadas a las empresas del ocio y el entretenimiento, pero lo es también para la sociedad en general, ya que, al no tener en cuenta a las mujeres, está despreciando parte de la creatividad tan necesaria en un mundo en continua transformación, hacia un futuro en el que la producción de bienes inmateriales es ya una de las bases del desarrollo económico y social.

Escasa presencia en la industria

Son significativos los pocos datos de los que disponemos sobre la presencia de las mujeres en este tipo de industrias, ya que no se hacen estadísticas oficiales en este sentido, y cabe preguntarnos por qué. Tenemos datos de algunas consultoras o investigaciones académicas que nos dicen, por ejemplo, que en la pujante industria de los videojuegos, solo trabajan un 22% de mujeres, y que esa cantidad desciende al 5% si hablamos de programadoras en todo el mundo. Recientemente, se ha aportado el dato de que solo trabajan en la producción y distribución del cómic de forma profesional un 4% de mujeres en España. En el mundo del arte, las cifras también son enormemente dispares. Por ejemplo, en la última feria de Arco, solo el 6% de obras habían sido realizadas por mujeres españolas. Ocurre lo mismo en otras áreas empresariales que manejan grandes presupuestos como pueden ser las empresas publicitarias. En España, las mujeres deciden en un 80% qué se compra, son mayoría en las facultades de Publicidad y Relaciones Públicas, pero solo llegan a los puestos más codiciados, como son los departamentos creativos, un 20% de mujeres, y la cifra desciende a un 1% si hablamos de directores generales. Estos son solo ejemplos ilustrativos de lo que ocurre en toda la producción cultural no solo en España, sino en el mundo entero.

Un ejemplo de cómo la producción cultural, sea 'high' o sea 'low', expulsa a las mujeres la podemos observar en lo que ha sido la historia de la maquinaria de Hollywood a lo largo del siglo XX. Cuando surgió el cinematógrafo como una continuación de la fotografía, muchas directoras como Lois Weber o Elvira Notari rodaron cientos de películas, que luego se perdieron para la historia. La realidad fue que en el cine solo quedaron para ellas algunos espacios profesionales muy limitados: como actrices divas, esos objetos bellos para ser consumidos, o como trabajadoras artesanales dentro de esferas feminizadas como fueron las secretarias de rodaje o 'script', las que se ocupaban del vestuario, la peluquería o el maquillaje. ¿Por qué directoras, productoras, directoras de fotografía o guionistas dejaron de trabajar en Hollywood justo cuando se transformó en un gran negocio de producción industrial serializada? Ya hemos aportado la respuesta: la gran industria del ocio y la cultura no confía en el las mujeres

En un estudio impulsado por 'Women in Film Los Ángeles' y el 'Sundance Institute', presentado en el 2013, se demostró que existen más mujeres en el cine independiente americano que en el cine comercial de Hollywood. También se vio que ellas dirigen sobre todo documentales. ¿Podemos deducir que a las mujeres no les gusta el cine comercial?, ¿que les interesa más la producción de documentales que hacer películas fantásticas, dramas o comedias? Es evidente que no. Ellas ruedan documentales porque son más baratos. El estudio se ha vuelto a repetir el 2017, con resultados bastante negativos: En los últimos 10 años, de las películas estrenadas solo fueron dirigidas por mujeres un 4,2%, un 13,2% de guionistas, un 1,7% de las compositoras musicales y un 20,7% de las productoras. La realidad es terca y cambia demasiado lentamente.

La situación en España

El caso español es muy parecido. En un estudio que hemos realizado recientemente sobre quién ha dirigido las 100 películas más taquilleras entre los años 2001 y 2016, tomando en cuenta aquellas que han superado los 10 millones de euros de recaudación, ninguna está dirigida por una mujer. Para encontrar la primera directora, María Ripoll, hay que descender la franja de recaudación entre los ocho y los 10 millones, con su película 'Ahora o nunca' del año 2015. Por detrás, entre las cien cintas más taquilleras, solo hay otro título dirigido por una mujer: 'Te doy mis ojos', de Icíar Bollaín, que recaudó unos cinco millones en el 2004. ¿Es que las mujeres no saben hacer películas que les gusten al público? La realidad es que no salen de la misma casilla de salida, porque la industria no confía en sus proyectos, no aporta financiación y eso hace que además consigan menores ayudas públicas.

¿Cómo se puede solucionar toda esta pérdida de talento creativo? Haciendo que las instituciones actúen de forma positiva. En primer lugar, a la desigualdad le viene muy bien que se la cuente: poner las cifras sobre la mesa debería ser la tarea inicial de cualquier gobierno que crea que es bueno para el mundo limitar la desigualdad. En segundo lugar, necesitamos políticas públicas que se atrevan con las acciones positivas, tal como hizo el Gobierno sueco, que apoyó los planes estratégicos planteados por Anna Serner, directora de Instituto de Cine de Suecia. Cuando comenzó a dirigir la institución en el 2012 solo el 26% de los largometrajes estaban dirigidos por mujeres. Tres años después, llegaron al 50%, sin que disminuyera además el éxito del cine sueco en los festivales internacionales. Este es un ejemplo evidente de que las políticas públicas pueden y deben cambiar, porque mejorar la situación de las mujeres en las industrias culturales es mejorar la calidad y la rentabilidad de la industria en sí.