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REVOLUCIÓN DIGITAL

Un esfuerzo más que justificado

La profundización de los procesos de digitalización en las empresas industriales catalanas es un reto que afecta al grueso del tejido empresarial. Es un proceso insoslayable cuyas múltiples ventajas justifican el esfuerzo inversor y adaptativo que exige

XÁVIER SÁEZ Y JOAQUIM SOLÀ. PROFESORES DE ECONOMÍA APLICADA DE LA UB

Un esfuerzo más que justificado

REUTERS / GUSTAU NACARINO

Lo que se ha dado en llamar revolución digital o revolución 4.0 ha introducido cambios radicales durante los últimos años tanto en las relaciones sociales como en los procesos de producción, que afectan a casi todos los sectores económicos. Las tendencias de futuro apuntan a un incremento de la trascendencia de este factor en la base económica de los países industrializados, especialmente en todas aquellas actividades más susceptibles de introducir procedimientos de automatización. Así, un estudio de la consultora PWC plantea tres olas en este proceso con horizonte en el 2030 como resultado de las cuales se estima que un 34% de los puestos de trabajo existentes actualmente podrían resultar afectados, con un impacto especialmente relevante en el caso de la industria y la construcción (45% y 42%, respectivamente). Parece evidente, pues, la importancia de conocer la situación actual de la industria catalana, que sigue constituyendo una pieza clave de la base productiva del país, mucho más allá de su peso en el PIB.

En el caso de las empresas transformadoras, las ventajas derivadas de la digitalización afectan a la mayor parte de los procesos productivos y logísticos de la empresa: contribuyen a la optimización de la producción (disminución de estocs, reducción de desperdicios y defectos, acortamiento de plazos de entrega, agilización en la toma de decisiones); mejoran la calidad; reducen los riesgos laborales; facilitan la flexibilidad de la producción y el ajuste de los procesos a las modificaciones en la demanda e impulsan mejoras en los aspectos organizativos. Todo ello se concreta en un ahorro en los costes de producción, una mejora de la competitividad por precios, calidad y agilidad de respuesta y una mejora en la gestión empresarial y proximidad al cliente.

Situación en Catalunya

La posición del sector transformador en Catalunya España con respecto a la digitalización empresarial no es demasiado diferente en relación a nuestro entorno económico más cercano, aunque en un entorno global la situación es más desfavorable. De acuerdo con un estudio reciente, que analiza el estado de la industria 4.0 en 26 países del mundo, el 21% de las industrias españolas se sitúan en el grupo que se define como ‘digital novices’, es decir’ que se encuentran en una fase incipiente de digitalización, un 47% son ‘digital followers’, lo que implica que cuentan tan solo con una parte de sus funciones digitalizadas, un 27% se pueden considerar innovadoras y tan solo el 5% se sitúan como líderes y tienen digitalizada toda la cadena de valor, desde los procesos de fabricación y logística hasta el capital humano y las relaciones con clientes y proveedores. Se puede añadir que el 80% de la facturación de las empresas transformadoras españolas procede de productos y servicios tradicionales y tan solo el 20% proviene de productos y servicios que incorporan algún componente digitalizado.

Hay que aclarar que este trabajo sitúa las empresas españolas en el contexto de la industria del área EMEA (Europa, Oriente Medio y África), pero en la zona de Asia y Pacífico las industrias de los dos grupos más avanzados -innovadores o punteras- representan el 33% y el 19% del total, respectivamente, y en el ámbito de los países americanos estos dos grupos representan el 39% y el 11%.

Realidad incipiente

Un amplio estudio centrado más específicamente en la situación de las empresas industriales catalanas en relación a este tema añade algunos elementos de referencia importantes, especialmente en lo que afecta al mercado laboral, tanto respecto al impacto en cuanto a destrucción y creación de puestos de trabajo como en relación a las necesidades de mano de obra cualificada. De entrada, el estudio ‘L’impacte laboral de la Indústria 4.0 a Catalunya’, del Departament d'Empresa i Coneixement  de la Generalitat de Catalunya, subraya el considerable potencial del que dispone Catalunya para desarrollar la industria 4.0, dado el vigor de su base transformadora y la presencia de sectores claves en este proceso como son el de material de transporte -especialmente la automoción- y el de metalurgia, maquinaria y bienes de equipo. Se constata, sin embargo, que la digitalización de la industria es todavía una realidad incipiente en Catalunya teniendo en cuenta que solo una de cada seis empresas industriales ha emprendido actuaciones en este sentido. Y esto, a pesar de que hay un amplio consenso respecto a los efectos positivos que estos procesos conllevan para la competitividad empresarial y la flexibilidad de la producción.

Como balance global, el estudio estima que, como resultado de los procesos de automatización, la industria catalana puede perder alrededor de 12.400 puestos de trabajo en el periodo 2014-2030. Esto, sin embargo, estaría contrarrestado por la creación de unos 29.400 puestos de trabajo en el sector servicios, con un crecimiento significativo del empleo en las actividades más estrechamente ligadas a la industria, en tanto que se prevé una reducción del empleo en los servicios más alejados de este sector. Hay que añadir que las necesidades de mano de obra se concentrarán sobre todo en perfiles profesionales de elevada cualificación, tanto de educación universitaria como de los ciclos de formación profesional de grado superior.

Expectativas de futuro

De todo lo expuesto se desprende que la profundización de los procesos de digitalización en las empresas industriales catalanas constituye un reto que afecta al grueso del tejido empresarial, a pesar de la existencia de un porcentaje reducido de empresas que han avanzado ya notablemente en este camino. Al margen de que las tendencias globales hacen insoslayable este proceso, las ventajas en cuanto a mejoras organizativas, eficiencia, ahorro, flexibilidad y mejora del capital humano justifican el esfuerzo inversor y adaptativo que exige.

Aunque a la hora de analizar los efectos de la automatización y la digitalización se tiende a centrar el foco en los efectos que conlleva sobre el mercado de trabajo, de acuerdo con los análisis más solventes, el balance global en cuanto a empleo puede ser favorable tanto desde el punto de vista de creación neta de puestos de trabajo como respecto a la calidad del empleo generado. Por otra parte, las oportunidades que los incrementos de productividad abren a medio y largo plazo para disminuir el número total de horas trabajadas por trabajador en las economías industrializadas constituyen también una cuestión digna de ser valorada, por más que a estas alturas no parece constituir una alternativa bastante estudiada.

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