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La industria en la que quiero trabajar es 4.0

Nuestros jóvenes exigen una industria 4.0 y un ecosistema donde el conocimiento no tenga barreras y donde la colaboración sea la energía que mueva las organizaciones. ¿Está la industria española a la altura de sus expectativas?

PABLO OLIETE. DIRECTOR ACADÉMICO DEL MÁSTER EXECUTIVE EN INDUSTRIA 4.0 DE EOI

Es muy gratificante ver que la industria está de moda entre los jóvenes españoles y que las próximas generaciones llegan al mercado laboral con los conocimientos de la vanguardia tecnológica. Ellos, de hecho, ya demandan una industria 4.0, pero ¿está la industria española a la altura de sus expectativas? 

Hace poco, tuve la oportunidad de participar como jurado en una competición de robótica organizada por la Fundación Asti en Burgos. Más de 45 equipos y unos 250 jóvenes de toda España compitiendo como jabatos para demostrar que sus robots eran capaces de superar las distintas pruebas que se les planteaban. Allí vi chicos y chicas de entre 16 y 25 años con un talento sorprendente, gran motivación por la innovación y deseo por desarrollar tecnología. La iniciativa de Asti es una más de las muchas competiciones tecnológicas que hay en nuestro país, pero lo interesante es que son iniciativas privadas. Grandes empresas y pymes llevan tiempo promoviendo este tipo de retos para, entre otras cosas, realizar una selección temprana del talento más capacitado.

Con valores y alta capacitación

Para nuestros jóvenes, participar en este tipo de eventos significa un salto cualitativo en su capacitación profesional. Les ayuda, y mucho, a ir definiendo su perfil profesional; por ejemplo, a la hora de asimilar roles. Pero desde mi punto de vista, lo más importante es que comienzan su exposición al mercado laboral y además cómo les gustaría ser percibidos: como personas llenas de valores, con una alta capacitación, colaboradoras, trabajadoras, exigentes con su trabajo y deseosas de participar en proyectos que les estimulen día a día para seguir superándose.

Podría asegurar, sin temor a equivocarme, que entre todos los jóvenes a los que pude entrevistar existía una clara motivación por trabajar en el ámbito industrial y tecnológico. Pero ojo, no nos equivoquemos, nuestros jóvenes ya conocen la vanguardia tecnológica y quieren una industria 4.0. Y también quieren un ecosistema donde el conocimiento no tenga barreras y donde la colaboración sea la energía que mueva las organizaciones industriales de nuestro país.

Ahora, una cuestión clave: ¿España puede ofrecer una industria que responda a la expectativa de esta juventud que tiene tan claro dónde y cómo quiere trabajar? Mi respuesta es no. Es una respuesta que se sustenta en la experiencia personal de más de cinco años de análisis de la industria 4.0 en España. No responde a cifras estadísticas aportadas por ninguna consultora.

Hoy en España es difícil encontrar empresas 4.0 entre los distintos sectores de actividad. Es verdad que existen líderes sectoriales, siempre los ha habido, que están transformando sus organizaciones, empujados por nuevos entrantes que actúan con culturas distintas o plantillas mucho más adaptadas y capacitadas en el desarrollo de nuevos modelos de negocios. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de nuestros líderes sectoriales están lejos de ser 4.0.

Los frenos a la transformación

¿Por qué nuestras empresas no son 4.0 si parece que llevamos siglos hablando de esto? Muchos son los frenos que están impidiendo que nuestras industrias aborden una transformación digital en profundidad. Analicemos algunos de ellos.

En primer lugar, falta de visión estratégica por parte de la dirección. La cúpula de nuestras organizaciones no visualiza la urgencia de abordar la transformación digital. Confían en las barreras de acceso a su mercado habitual y continúan con los modelos de negocio tradicionales.

Por otro lado, falta de formación de los mandos intermedios. Diseñar una estrategia 4.0 es complicada. Implementarla sin formación es imposible. Insisto, hasta que no dispongamos de 10.000 mandos intermedios capacitados en diseño de productos, nuevos modelos de negocio y tecnologías emergentes, no habrá industria conectada. Y, por último, ausencia de una cultura de colaboración entre competidores habituales. En los últimos 15 años, las industrias tradicionales han perdido masa crítica. Mantenemos algunas firmas punteras en distintos sectores que tienen un efecto tractor importante en la industria auxiliar, pero no tenemos sectores con dos o tres líderes que compitan todos los días a pocos milímetros de distancia. Un año la innovación le sale bien a uno y el otro, al otro, parecido a como compiten los barcos de la Copa América.

Veo pocas empresas abordando la transformación digital y a un número importante de jóvenes con gran capacitación, muy motivados por acceder a organizaciones aparentemente atractivas para ellos donde demostrar su valía.

Los altos ejecutivos y los mandos intermedios de nuestras empresas industriales deben conocer el impacto que tiene en su sector el vertiginoso desarrollo tecnológico que estamos experimentado. Creo que es su deber formarse y asumir el reto de la industria 4.0. De lo contrario, serán los jóvenes los que tengan que cambiarlo todo. Pero habremos perdido, de nuevo, otro tren.

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