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Acabar con la época de la política global de suma cero

¿Debería ser la geopolítica de Rusia y Occidente un juego de suma cero? ¿En el que cuando uno sube el otro baja? No. Europa depende de la energía de Rusia y Rusia, a su vez, necesita los mercados de capitales europeos para crecer y diversificarse

GAVIN LEE KRETSCHMAR. PROFESOR DE INVERSIÓN BANCARIA Y FINANZAS DE EADA BUSINESS SCHOOL

Acabar con la época de la política global de suma cero

EFE/EPA/YURI KOCHETKOV

Occidente Rusia están atrincherados en un momento geopolítico en el que las posibles sinergias económicas y de colaboración se están reduciendo a un juego de suma cero. Los políticos norteamericanos, británicos y rusos aplican una burda lógica que parece sugerir que si tú estás ganando es que nosotros perdemos, así que los dos tenemos que jugar a vencer.

En pocas palabras, los acuerdos globales sobre comercio no tienen que revisarse, pero el desarrollo económico requiere sinergias mutuas y profundas. Como académico y financiero que ha trabajado durante 10 años con rusos y kazajos, quisiera aprovechar este artículo para promover una mayor colaboración humana, cultural y económica entre Rusia y Occidente. No formularé aquí críticas u opiniones sobre acontecimientos geopolíticos recientes; lo que busco es ofrecer una mirada constructiva hacia el futuro.

La Rusia actual de Putin no es la que se tambaleaba en 1991, ni la que se agita en medio de la crisis del rublo de 1998, pero sigue necesitando una mayor la diversificación. Desde principios de siglo, Rusia ha disfrutado de una notoria racha de buena suerte unidimensional, con una volátil pero ascendente tendencia alcista de los precios de las materias primas. Pero los precios han bajado, por lo que su futuro crecimiento deberá venir de conectar su economía a las tasas de crecimiento de los mercados occidentales, o incluso mejor, a los mercados asiáticos, que lo hacen al 6 y 7%.

Durante este año se espera un crecimiento débil pero positivo; sin embargo, cualquier intento de reducir el debate sobre la estabilidad rusa a una simple revisión de su exposición a los precios globales de la energía es una simplificación de la geopolítica (por no hablar ya de la economía) de un país que se halló al borde del precipicio entre 1991 y 1998. En esos años, 200 millones de personas de la antigua Unión Soviética vieron cómo se colapsaba el sistema financiero, de seguridad social y de salud, a la vez que sus pensiones quedaban reducidas a la nada. Hubo un vacío de poder: las empresas estatales fueron sencillamente asaltadas y las fronteras de países enteros fueron trazadas de nuevo. Los precios de las materias primas estaban de capa caída, mientras se extendía un enorme vacío económico y de poder. Rusia estaba de rodillas.

El coste de la guerra fría

Pero a Occidente le pareció razonable ignorar este revés y solicitó que los vínculos con Rusia debían limitarse a lanzarla en los brazos del libre mercado y mantener las reformas políticas. Sin embargo, para muchos nativos, las reformas políticas y económicas occidentales habían llegado demasiado lejos y necesitaban revisarse. Los rusos, especialmente los que vivieron la humillación de perder su influencia internacional, tienen grabada esta etapa en su memoria. El brutal coste de la carrera armamentística de la guerra fría dejó a Rusia fuertemente trastocada; pero le perjudicó aún más verse expuesta a una sucesión de líderes débiles. Entender al hombre de la KGB de San Petersburgo, Vladimir Vladirmirovich Putin, es entender también la otra cara de la moneda de la política y economía rusas.

Ahora, Rusia vuelve; acaso de una manera en la que los occidentales no se sienten cómodos: Ucrania, Siria, posibles injerencias electorales... Pero quizás, solo quizás, al igual que muchos rusos, deberíamos alegrarnos de que el oso ruso no esté arrodillado. Rusia es un socio esencial de Europa; como vecino del norte y superpotencia en petróleo y gas, domina la región petrolífera del Ártico, las rutas del mar del Norte y los caladeros de pesca. Es una superpotencia militar, con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y cuya influencia va desde el mar Negro hasta Oriente Medio. Y geopolíticamente se extiende desde Europa hasta China y Japón. Es cierto que Rusia puede ser un aliado caprichoso e imprevisible como un gran maestro de ajedrez. Pero mantengo la esperanza de que podemos trabajar conjuntamente: al menos, una vez en los últimos cien años fuimos aliados.

Negociar a dos bandas

Putin se acerca a Europa para acceder a nuestros mercados de capitales y vendernos gas con la misma facilidad con la que se acerca a China. Bajo la dirección de Serguéi Lavrov, el cordial ministro de Asuntos Exteriores, los rusos negocian cómodamente en ambas direcciones, pero es innegable que depende de Europa que los rusos dispongan de una educación excepcional, de instituciones de primera y de un Estado de derecho. Nuestras culturas se han superpuesto durante generaciones, con numerosos rusos viviendo entre nosotros. Por lo que a mí respecta, tras 10 años viviendo entre ellos, considero que compartimos muchas más cosas que las que nos dividen.

¿Debería ser la geopolítica de Rusia y Occidente un juego de suma cero? ¿Un juego en el que cuando Rusia sube Occidente baja? No. Europa depende de la energía de Rusia y de muchas más cosas; por no mencionar la estabilidad en Europa del Este. Rusia, a su vez, busca abrazar un modelo económico mixto: de mercado centralizado, lo que significa que su economía precisa de los mercados de capitales europeos para su crecimiento y diversificación. Una vez más, el capital, los derechos humanos y los mercados deben de ser respetados; y los trabajadores, financieros, inversores y propietarios, deben disfrutar del amparo de la ley. Para conseguirlo se necesita educación, práctica e interacción entre las instituciones rusas y las europeas. El propósito último debería ser una Gestalt económica y política, con el espíritu de mantener una relación de respeto mutuo, que aportará más que la suma de los componentes rusos y europeos.