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Pymes: La dimensión importa, y mucho

El talón de Aquiles de la economía española es la escasa dimensión empresarial. De los cerca de tres millones de empresas inscritas, solo unas 24.000 tienen más de 50 empleados

¿Tan importante es la dimensión? Sí, la productividad laboral -y la rentabilidad- aumentan con el tamaño

PILAR SALDAÑA GOLZALVO. DIRECTORA DE LA CÁTEDRA DE EMPRESA FAMILIAR DE LA UB

Aproximarse a la comprensión del papel de las pymes en un mundo globalizado requiere, como punto de partida, establecer unas consideraciones iniciales sobre su dimensión y su eficiencia. En este sentido, la concienciación sobre la necesidad de que las pymes deberían aumentar su dimensión es bastante general. La economía española tiene su talón de Aquiles en la escasa dimensión empresarial, como se desprende de los estudios de E. Huerta y A. Salas (2017) y del Consejo Empresarial para la Competitividad (F. Casado, 2017) entre otros.

¿Cuáles son los factores de éxito? Aquellas pymes que, compensando su reducida dimensión, han logrado ser rentables y eficientes lo son por tres factores: el primero es el hallazgo de un nicho de mercado que les permite mantenerse debido, generalmente, a su especialización; el segundo es la integración en un conglomerado de empresas en el que generalmente una de ellas figura como locomotora y que mantiene los niveles de exigencia que requiere el desarrollo y la evolución de esa estructura integrada; y, por último, la existencia de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y la economía global que les permiten ser exitosas si han sido ágiles y sabias en desarrollar y explotar estos factores.

Menos productivas

En general, las pymes en Europa son un 20% menos productivas que las grandes, una diferencia que en España se agrava, al ser a su vez, menos productivas que el resto de europeas. En este sentido, según Eurostat, en España la presencia de empresas de más 50 de trabajadores es de un 0,8%, mientras que en el Reino Unido es de un 1,9% y en Alemania, del 3%. De acuerdo con la OCDE, el peso del empleo en microempresas españolas (41%) es muy superior a la media de los principales países desarrollados (29%), solo superado por Italia y Grecia.

De los cerca de tres millones de empresas inscritas en la Seguridad Social, tan solo unas 24.000 tienen más de 50 empleados, cifra que se reduce a 3.800 empresas en el caso de las que tienen más de 250 empleados.

Las empresas pequeñas tienen más problemas para innovar e invertir en I+D+i. Como están menos expuestas a la competencia internacional, sienten menos la necesidad para hacerlo. Y es que el tamaño empresarial también está muy relacionado con el grado de internacionalización.

¿Tan importante es la dimensión? Sí, la productividad laboral -y la rentabilidad- aumentan con el tamaño.

Acceso a la financiación

Otra debilidad al que se enfrentan las pymes es el acceso a la financiación, al depender mucho más de la financiación bancaria que las grandes, que pueden recurrir a fuentes alternativas.

Habida cuenta de que más de un 60% de los empleados españoles trabajan en empresas de menos de 50 trabajadores, esta concentración del empleo ha fomentado su protección mediante una serie de regulaciones e incentivos fiscales que pueden condicionar su desarrollo posterior en el medio plazo. Así, la reforma del impuesto de sociedades del 2015, al eliminar la tasa reducida para pymes a la vez que reducía deducciones y beneficios fiscales a grandes empresas para reducir el 'gap' entre tasa real y tasa efectiva, iba en el buen sentido de dejar de desincentivar el crecimiento empresarial.

Además, existen límites regulatorios y de presentación de información que actúan como umbrales a partir de los cuales las entidades pueden ser reacias a crecer. La evidencia disponible muestra, de hecho, una reacción significativa de las empresas españolas ante estos umbrales, lo que indicaría la necesidad de adaptar la normativa existente para evitar que genere desincentivos al crecimiento empresarial. Umbrales como los que parecen en la obligación de tener un comité de empresa si cuenta con más de 49 empleados; o cuando el control tributario se intensifica si la facturación supera los 6 millones de euros; o en los límites para ser auditada.

Otra cuestión que cercena el crecimiento es la obligación de la distribución del 33% de dividendos al accionista, pues de lo contrario, éste tiene derecho a la venta de sus acciones a través de un arbitraje.

Medidas para crecer

A continuación, se proponen unas líneas de actuación que pueden impulsar la dimensión de nuestras empresas:

1. Continuar profundizando en las reformas estructurales para aumentar la productividad de la economía, por el impacto favorable que tendrían sobre el tamaño empresarial: son las relativas al marco institucional y regulatorio en general (reducción de trabas administrativas, aplicación efectiva de la ley de unidad de mercado, mayor eficiencia del sistema judicial), así como las orientadas a favorecer la internacionalización de las empresas o la innovación (inversión en I+D+i), variables que van de la mano con la dimensión empresarial.

2. Reconsiderar todas las normativas que tienen en cuenta de manera expresa la dimensión de las empresas como umbral para fijar distintos grados de exigencia, tanto en materia laboral como fiscal, ya que penalizan el crecimiento empresarial.

3. Ahondar en el desarrollo de los mercados financieros y fuentes de financiación externa alternativas al crédito bancario, como son el acceso a los mercados de capitales, intensificando el desarrollo del Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF) y el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), el capital riesgo u otros mecanismos más acordes a la dimensión de las pymes ('crowdfunding', empréstitos).

En resumen, el tamaño de las empresas es un indicador fiable y contundente del empleo y la innovación en el sistema geopolítico en que vivimos.

Temas: Empresas +Valor

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