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¿Imitar o ser una misma?

Cuando todas las ciudades se empeñaban en replicar el Silicon Valley, Barcelona, de forma muy visionaria, creó el 22@ como distrito de innovación. Ahora puede seguir siendo una ciudad puntera en conceptos como la economía colaborativa y ecológica

En las últimas décadas, dos grandes proyectos transformaron Barcelona en referente mundial. Sin duda, el primero fue ser sede de los Juegos Olímpicos de verano en 1992. Según el estudio realizado por el profesor Ferran Bruent de la UAB, Barcelona experimentó un aumento del 15% en nuevas calles, 17% de crecimiento en tratamiento de aguas sucias y un aumento del 78% en espacios verdes y playas. Toda esta inversión en infraestructura supuso una disminución del desempleo, un reconocimiento de la marca Barcelona y un incremento significativo del turismo, aunque para algunos, demasiado. Pero ese es otro tema.

Posteriormente y de manera más modesta, Barcelona continuó siendo pionera en políticas públicas y planificación urbana e hizo algo muy visionario cuando decidió crear el 22@ como distrito de innovación. De hecho, por su esfuerzo en este campo, está reconocida como fundadora del concepto de distrito de innovación urbana. Antes de su existencia, la mayoría de las regiones y/o ciudades en el mundo buscaban replicar a Silicon Valley, referente tecnológico en las afueras de San Francisco, California. En cambio, el 22@ fue orientado a convertirse en un proyecto de regeneración urbana, con la creación de un distrito multidisciplinario dentro de la ciudad en vez de fuera. Quizá no suene tan relevante la diferencia, pero sí lo es. El mundo se está urbanizando al mismo ritmo que los emprendedores y sus empleados prefieren vivir y trabajar en ciudades que les ofrezcan buena calidad de vida, buen transporte público y la posibilidad de caminar a restaurantes, cafés y bares desde su oficina. En Silicon Valley, esto no es posible.

Cuestión de espacio

Además, como argumento en mi recién publicado libro 'The Emergence of the Urban Entrepreneur', sostengo que las herramientas de innovación se están democratizando y requieren menos espacio, y menos inversión que antes. Silicon Valley fue construido cuando todas las empresas tecnológicas necesitaban sus propios servidores almacenados en sus oficinas. Ahora entre el 'coworking', servidores en la nube, 'software as a service' -quepermite el acceso a 'software' a precios muy económicos-, y hasta 'maker spaces', como 'fablabs' para quienes quieren experimentar con la creación de productos a través de impresoras 3D, el espacio no es determinante.

Hoy en día, el 22@ cuenta con una infraestructura de banda ancha, varias incubadoras aceleradoras de 'start ups' y las oficinas de Barcelona Activa, dedicadas a apoyar emprendedores en la ciudad. Hay cerca de 5.000 empresas operando, principalmente orientadas a tecnologías de la información y la comunicación. Muchas de estas empresas fueron fundadas por extranjeros atraídos por la calidad de vida en Barcelona, su infraestructura y el ecosistema de emprendedores, innovadores, artistas y demás.

Caso de éxito que se busca replicar

El 22@ ha sido percibido como un éxito tal que alcaldes de BostonBuenos Aires o Medellín, entre otros, han venido para estudiar el caso e implementar un modelo parecido. Este fenómeno ha supuesto un crecimiento en infraestructura y una mayor proyección de Barcelona con profesionales innovadores y no a base de turistas.

Estos desarrollos lograron atraer inversión de empresas multinacionales como Cisco y Siemens, interesados en contribuir a diseñar Barcelona como una ciudad inteligente. Mientras Barcelona avanzaba creció la preocupación por si esta tecnología realmente iba a impactar en la calidad de vida de sus ciudadanos.

Actualmente, el Ayuntamiento no está orientado a atraer más tecnología de las multinacionales para implementar más proyectos de ciudad inteligente. Sin embargo, hay algo emergente que de nuevo puede ser pionero y modelo para otras urbes: el impulso para promover una economía alternativa con el aporte o apoyo de la innovación tecnológica. Por ejemplo, dentro de Barcelona Activa, Alvaro Poro lidera un grupo orientado a 'otras economías'. Bajo su mandato, recién terminaron la primera etapa de una incubadora para proyectos de economía colaborativa. Entre los 15 proyectos en la incubadora, que se llamó La Comunificadora, 13 utilizaron tecnologías como plataformas para conectar usuarios ('peer to peer'). Utilizando el Green FabLab de Barcelona, han podido desarrollar un producto que se puede imprimir en cualquiera de los mil 'fablabs' (laboratorios de producción digital) en el mundo, lo cual permite a los usuarios del producto cultivar comida orgánica en su casa.

La Fab City

La tendencia de los 'fablalbs' comenzó justo en Barcelona con el liderazgo de Tomás Díez y el concepto de Fab City que significa comprometerse con el reto de producir localmente un mínimo del 50% de todas las cosas consumidas en la ciudad (energía, comida, productos, etc. ) para el año 2055, si no antes. Barcelona fue la primera ciudad en asumir este compromiso, pero ahora AmsterdamBoston, Detroit, París y Santiago lo han asumido.

Entonces, ¿Barcelona es un polo de atracción tecnológica? Si uno quiere medirlo por los indicadores tradicionales del desarrollo local tecnológico, muchos expertos dirían que aún le queda mucho. En el 2016, 'Inc Magazine' hizo un ránking de las ciudades europeas con las empresas más pujantes y Barcelona no se ubicó en el Top 10. En la última clasificación más potente de ecosistemas de emprendimiento del mundo, que utiliza indicadores como nivel de inversión de capital riesgo, número de 'start ups' y acceso al talento, Barcelona no está incluida, mientras otras como Londres, Berlín, París y Amsterdam llegaron al Top 20 del mundo. Barcelona no tiene mucho recorrido en cultivar el sector de tecnología dura, en parte, porque, primero no cuenta con muchos inversores de capital riesgo y, segundo, no tiene suficiente experiencia en la transferencia de innovación y desarrollo del sector académico al sector privado, donde nacen muchas de las empresas tecnológicas más grandes del mundo.

Sin embargo, en el sector de las TIC también se incluyen temas emergentes como el 'blockchain' (cadena de bloques) y conceptos como una economía más inclusiva (como la colaborativa) economía más ecológica (como la circular) y economía más autosostenible (como las 'fablabs'). En eso, Barcelona sí es puntera, sin duda.