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¿Una nueva crisis de la economía mundial?

La inesperada sobreoferta de petróleo en el mercado, con el 'fracking' y el regreso de Irán como principales responsables, unida a la desaceleración de China y la tímida recuperación de Occidente suponen un terremoto para países productores y consumidores

Probablemente uno de los hechos más significativos del último año en la economía mundial es, y sigue siendo, la importante caída de los precios del petróleo. Una caída que teóricamente responde a una lógica económica aplastante. La demanda responde a los excesos de la oferta. Al exceso de crudo en el mercado ofrecido por nuevos actores (fracking e Irán) se han sumado el debilitamiento de la demanda en China y las altas temperaturas de este invierno. Por lo tanto, si en el mercado crece la oferta y esta supera a la demanda, los precios caen. Y todavía más si el cártel que controla en buena parte los precios mundiales del petróleo (OPEP) decide no reducir la producción queriendo defender su cuota de mercado. Recordemos que en el 2014 el precio del barril estaba alrededor de 115 dólares y en la actualidad apenas supera los 30-40.

Por el lado de la oferta, de todas las causas que han influido en la caída de los precios, el 'fracking' (fracturación hidráulica) ha sido uno de los factores más importantes para explicar la actual crisis del petróleo. En un mercado dominado durante años por los países de la OPEP, la apuesta del Gobierno de Barack Obama por el 'fracking' ha permitido a EEUU, en apenas cinco años, pasar de ser el mayor importador neto del mundo a convertirse en el primer productor mundial de petróleo por delante de Arabia Saudí.

La OPEP, consciente de la competencia estadounidense, decidió en el 2014 sacrificar el precio del crudo a cambio de mantener su cuota de mercado. Pensaron que este exceso de oferta hundiría los precios hasta un nivel insoportable para los productores del 'fracking'. Pero, si bien es cierto que muchas de esas plataformas han echado el cierre, el desarrollo tecnológico ha permitido a otras seguir adelante. Los árabes pensaban que por debajo de 50 dólares esos productores abandonarían sus plataformas de producción, pero de momento no ha sido así. La oferta sigue superando en 1,5 millones de barriles a la demanda, según datos de la Agencia Internacional de la Energía. En paralelo a esta situación, vuelve al mercado el cuarto país en reservas de petróleo del mundo y segundo de gas, Irán. En el 2012, Irán exportaba 2,6 millones de barriles diarios, ahora va a entrar con medio millón que podrá ir aumentando si lo considera necesario.

Entre tanto, la demanda se reduce porque la desaceleración económica de China y la tímida recuperación de las economías occidentales no animan a una mayor demanda de crudo. Además el cambio climático provoca temperaturas más altas y la tendencia puede mantenerse en el futuro.

Los beneficios de la caída de los precios del crudo se han puesto rápidamente de manifiesto en los países importadores, especialmente en la UE que es enormemente dependiente de las importaciones de hidrocarburos y está incidiendo en una importante mejora de las balanzas comerciales. La caída en los precios de las gasolinas, por lo tanto, aumenta la renta disponible de los ciudadanos europeos, que disponen de más dinero ahora para gastar en otros productos. Las empresas ahorran costes y pueden invertir más. La reducción de costes de transporte y energía permite también a nuestras empresas ser más competitivas porque los costes asociados al petróleo (suministros, transporte) son inferiores. Además, lo que se ahorra en estos gastos se puede dedicar a nuevas inversiones.

En consecuencia, los efectos en España son muy positivos: se paga menos por la gasolina, se consume más, las empresas tienen menos costes y se mejora la balanza comercial del país. El Gobierno calcula en alrededor de 15.000 millones de euros anuales la rebaja de la factura de los hidrocarburos en nuestra balanza comercial.

En contrapartida, también existen repercusiones negativas por la caída de los precios del petróleo, como son las que afectan directamente a las compañías petroleras al tener que ajustarse a la nueva realidad del mercado: reducción de ingresos y de beneficios con la consiguiente reducción o paralización de las inversiones. Se barajan decenas de miles de despidos de trabajadores de las grandes petroleras. Las petroleras están aprovechando los precios bajos para llenar sus almacenes con estocs baratos, lo que garantiza el mantenimiento de precios bajos a medio plazo si quieren colocarlos en los mercados.

También sufren sus consecuencias los países productores, la mayoría de ellos se encuentran entre los considerados como emergentes, o en desarrollo, que ven reducir sus ingresos fiscales con la consiguiente repercusión en el crecimiento de sus economías. La caída abre un agujero en sus cuentas públicas, ya que su previsión de ingresos se desmonta y les obliga a hacer ajustes de gastos para evitar que se dispare su déficit público. Arabia Saudí, por ejemplo, ha elevado en el 50% el precio de los carburantes a sus ciudadanos.

En definitiva, el bajo crecimiento económico mundial y la inesperada sobreoferta de petróleo en el mercado están causando un terremoto para países productores y consumidores, y ha reabierto el temor a una nueva crisis de la economía mundial. Los beneficios de la caída de los precios del petróleo en los países occidentales pueden no ser suficientes para calmar los conflictos sociales y políticos que está generando en Oriente Próximo, Rusia y en el resto de países de la OPEP, donde existe una clara amenaza de ruptura de la cohesión.

La industria petrolera siempre guarda sorpresas, por lo que no se debe descartar que los precios bajen todavía más, o vuelvan a aumentar. De cualquier manera, la mejor alternativa que tendrán los países productores es usar las ganancias petroleras de los próximos meses para diversificar sus economías.

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