27 feb 2020

Ir a contenido

Foco a la dignidad de los sintecho

La película 'Sense sostre' relata la realidad de quienes viven en la calle. El protagonista, Enric Molina, así vivió durante cinco años, en la vida real

Carme Escales

Imagen de la película ’Sense sostre’, de Xesc Cabot y Pep Garrido, con el protagonista junto a un compañero que, como él, vive en la calle. / ATIENDE FILMS

Imagen de la película ’Sense sostre’, de Xesc Cabot y Pep Garrido, con el protagonista junto a un compañero que, como él, vive en la calle.
Tráiler de la película ’Sense sostre’, de Xesc Cabot y Pep Garrido.

/

Cartones, carrito, manta, bolsas y bolsas llenas de nada y vacías de todo. Con los ojos cerrados, cualquiera de nosotros puede describir fácilmente el set de una vida sin techo. Las hemos visto en cajeros y acomodadas sobre el bordillo de locales, buscando una mínima protección de la lluvia, el frío o el viento. Es una imagen habitual en ciudades como Nueva York, París o Barcelona. Vecinos y turistas conviven con esa postal, cruzándose con ella a diario en sus calles. Pero verlos no supone ser conscientes de lo que significa una vida en la que esos cartones, carrito, manta y bolsas dentro de más bolsas son la única compañía.

Los cineastas Pep Garrido y Xesc Cabot han compactado en 99 minutos el latido, el ritmo, el sin sabor, el frío y temores del día a día de una vida a la intemperie. Han hecho de la cámara un puente que nos hace abandonar la butaca para entrar de pleno en la sencillez del complejo mundo de quien se ve en la calle, solo, protegiéndose de cualquier amenaza. La película 'Sense Sostre' es una puerta abierta que nos acompaña fuera del sistema, fuera de prisas y obligaciones, de relojes y compromisos, lejos de compras, regalos, de relaciones y whatsaaps, de sábanas y cobijo, una invitación a la auténtica realidad de los sintecho.

Los directores de esta película documental conciben el cine “como un proceso muy relacionado con la vida”, explican. Y dentro de esa concepción, sienten preferencia por enfocar a personajes “que tienen difícil encaje en el mundo”, añaden. Pero el suyo, además, es un enfoque que trata de incitar al espectador a cuestionarse el significado de ese desencaje. “¿Qué quiere  decir no encajar en el mundo?”, se pregunta Xesc Cabot.

Desde el año 2001, ese tipo de planteamientos –dice- “nos guían en nuestro trabajo como cineastas”. Llegaron a los sin techo el día que se les cruzó el trabajo de Miquel Fuster, el dibujante de cómics que pasó 15 años viviendo en la calle. “Su cómic en el que habla de ello tenía que ver con lo que hacemos”, explica Pep Garrido.

A partir de ahí, empezaron a investigar y a relacionarse con la realidad a la que querían aproximarse, como proceden en cada nueva idea de trabajo. Contactaron con  Arrels Fundació. “Aquel día fue bastante transformador. Conocimos a varios usuarios, entre ellos a Enric Molina –protagonista de la película- y Jesús Marcos”, cuentan.

Inspiración real

El guión de su trabajo audiovisual acabó siendo una combinación de las vivencias de aquellos usuarios reales de Arrels. La vida misma. “Queríamos que el espectador pudiera sentir la vida en la calle, desde la emoción propia de cada uno. A la vez que restituir la humanidad de todas esas personas, a través del cine”, puntualizan los cineastas.

Tal como expresa el director de Arrels Fundació, Ferran Busquets, “la película dice muchas cosas pero pregunta muchas más”.  Para los responsables, personal, voluntarios y usuarios de Arrels, se organizó un pase especial. “Agradecemos la sensibilidad de Pep y Xesc por el tema, y  el esfuerzo para producir este trabajo. Desde Arrels queremos ser una herramienta para cualquiera que desee que no haya nadie durmiendo en la calle. Y, de hecho, los proyectos más exitosos no han surgido de Arrels”, precisa Busquets.

Una de las preguntas a las que el director de Arrels se refiere cuando define el trabajo de Cabot y Garrido como un documental que, en el silencio de sus imágenes, plantea tantas cuestiones, es “si alguien cree que una persona decide realmente, escoge, quiere vivir en la calle”. Su respuesta, tras años de acompañamiento a los sintecho en Barcelona –este pasado año Arrels atendió a 2564 personas-, es nítida: “Son personas que se encuentran atrapadas en esa situación y necesitan a alguien de fuera que les ayude a salir. No es que no quieran, es que no saben cómo salir de ello”. Para hacerse entender, Ferran Busquets se vale de algo en lo que la sociedad parece ser a estas alturas más comprensiva. “Todo el mundo entiende que en la violencia de género no se trata de culpabilizar a las mujeres diciéndoles que es lo que ellas han elegido, que son ellas que eligen estar con esos hombres maltratadores. Pues lo equivalente al machismo en ese caso, en la situación de los sintecho es la vulneración del derecho a la vivienda que toda persona tiene. Sin herramientas y apoyo para abandonar situaciones terribles es muy difícil salir de ellas”, sentencia Busquets.

La proximidad que genera la película Sense Sostre propicia, al menos, que se pueda comprender, empatizar con los que duermen en la calle. Con el trabajo de Xesc Cabot y Pep Garrido, el enorme sufrimiento, la desestructuración a muchos niveles y su maginalización traspasan de la pantalla a la conciencia. “Para nosotros lo más importante es que la gente esté concienciada, y la película ayuda”, declara el director de Arrels Fundació.

Conociendo la problemática de raíz, Busquets no es optimista. “El sistema es una máquina que genera personas en la calle. Cada vez habrá más, y nosotros no tenemos capacidad para reconducirlo. Tenemos que dejar de estigmatizar a los sintecho, alcohólicos o no –el alcohol puede ser la causa o la consecuencia de sus circunstancias-, y empezar a exigir el remedio para evitar sus circunstancias que podrían ser las de cualquiera de nosotros un día”, expone. Acostumbrado a defender el derecho a la vivienda ante la administración y demandar lo preciso para paliar su incumplimiento, considera que “la sociedad y las entidades sociales debemos saber a qué se destinan los fondos públicos. Tenemos que analizar mejor las cuentas de la administración. Son públicas pero no se analizan. Nos falta el detalle para saber qué se aporta realmente a asegurar los derechos básicos de las personas, como la vivienda”.  

Toma de conciencia

Después de tantas horas de rodaje y convivencia con esa realidad, también los artífices de la película son más críticos aún con la situación. “Cuando caminas por la calle y ves a alguien durmiendo en el suelo, es que algo está roto socialmente, tenemos una grieta social. Son personas durmiendo en la calle”, dice Xesc Cabot.

Personas como Enric Molina, el actor principal en la película Sense Sostre. “Estuve 5 años viviendo en la calle. Ahora hace casi dos años que vivo en un piso”, explica. Estos días para él son excepcionales. Entrevistas, charlas, pases de la película… “mucha movida”, dice. A sus 53 años gracias a este rodaje ha puesto un pie en su sueño de actuar. En ello se empezó a formar en el grupo de teatro de Arrels Fundació. Atrás queda su historia en la calle donde recuerda que “todo era difícil: el frío por la noche, la inseguridad, ponerte a dormir y no saber si al día siguiente te despertarías y cómo estarías…”. El mensaje que quisiera que dejara la película a quien la vea es “el cambio de mirada. Ponerse en la piel de quien está en la calle sabiendo que todo el mundo puede acabar siendo un sintecho”, concluye Enric Molina.

Temas +Personas