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SAVE THE CHILDREN

"Me gustaría quedarme aquí y aportar mi grano de arena; poder ayudar como ahora nos están ayudando a nosotros"

Adil, Mohamed y Abdullah, de 17 años, viven bajo la tutela de la DGAIA en un centro de primera acogida gestionado por la Fundació Diagrama

David González / Mireia Recasens

Los compañeros abrazan a Mohamed después de saber que le han asignado una plaza en un centro residencial.

Los compañeros abrazan a Mohamed después de saber que le han asignado una plaza en un centro residencial. / DAVID GONZÁLEZ / SAVE THE CHILDREN

Adil, Mohamed y Abdullah tienen 17 años. Dejaron Marruecos atrás para buscar un futuro mejor en Barcelona. Arriesgaron su vida debajo de un camión y en patera. Ahora viven bajo la tutela de la DGAIA en un centro de primera acogida gestionado por la Fundación Diagrama, donde trabajan a diario para que la sombra del estigma se difumine.

-Habéis hecho algunos talleres con Save the Children. ¿Qué es lo que os ha gustado más? 

-Adil: Recuerdo el día que nos pidieron buscar fotos para recordar el pasado. Me gustó poder compartirlo con los compañeros.

-Mohamed: Nos gustó mucho cuando nos llevaron al museo de las ilusiones. Y también cuando hablamos sobre los derechos. Nos repartieron cuatro folios y teníamos que buscar la respuesta a la pregunta que nos hacían. 

-Abdullah: En los talleres donde trabajamos las emociones me quedé con una frase que nos dijeron: "Si te pones nervioso, primero cuenta hasta diez". 

-¿Cuánto hace que habéis llegado?

-Mohamed: Hace cuatro meses.

-Adil: Yo tres meses.

-Abdullah: Seis meses.

-¿Por qué decidisteis iros de Marruecos?

-Mohamed: No hay trabajo, hay injusticia y mucho soborno.

-Abdullah: Yo no veía futuro.

-Adil: Hay mucha gente mala, veo que aquí puedo tener un futuro mejor. 

-¿Qué os gustaría hacer en el futuro?

-Mohamed: Me gustaría quedarme aquí y aportar mi grano de arena; poder ayudar como ahora nos están ayudando a nosotros. Y me gustaría seguir haciendo lo que hacía en Marruecos, el oficio de mi padre, todo lo que tiene que ver con fósiles, arqueología. Allí excavé e incluso hice de guía explicando lo que habíamos encontrado a los turistas.

-Abdullah: Hemos venido aquí para hacer algo bueno. Yo quiero trabajar de pintor y ayudar a mi familia.

-Adil: A mí me gustaría cambiar mi vida por completo. Cuando estaba en Marruecos hacía cosas que ahora veo que no estaban bien, pero no lo hacía porque era mal chico sino porque las circunstancias lo requerían. Quiero cambiar todo esto y empezar una nueva vida. 

-¿Con lo que estás aprendiendo en el centro estás cambiando esto?

-Adil: Sí, por supuesto. Noto que estoy cambiando a mejor.

-Ahora os estáis mostrando como sois, pero muchas veces la sociedad solo ve las noticias negativas que salen en los medios. 

-Mohamed: Sí… pero somos buenas personas, no somos malos. Los compañeros que hacen -cosas malas aquí ya venían de su país así, pero muchos quieren salir de este mundo.

-Adil: Lo único que podemos hacer por nuestra parte es hacerlo todo bien. Siempre habrá algún paisano que lo hará mal y eso es en lo que se fijarán. 

-¿Y qué pensáis?

-Adil: No da buena imagen.

-¿Os preocupa?

-Mohamed: Sí, y nos sentimos mal porque no todos somos así. El otro día en el tren nos miraban como si fuésemos unos ladrones. Han llegado a cambiar de sitio para no sentarse a nuestro lado y esto nos hace sentir mal, con la impotencia de no poder decirles que no todos somos iguales.

-Abdullah: Como ya tienen esta imagen sobre nosotros ya ni se acercan para poder conocernos. Es muy injusto. Habrá quien robe, pero no todos somos así. 

-¿Cómo os gustaría que os viesen?

-Adil: Como personas que somos, buenas personas, que no vamos a engañar a nadie.

-Mohamed: Cuando salimos a la calle intentamos sonreír y acercarnos a la gente, pero nos giran la cara. Cuando hacen estos gestos a mí me bajan los ánimos. He arriesgado mi vida para llegar aquí y no quiero que me miren mal.

"He arriesgado mi vida para llegar aquí y no quiero que me miren mal"

Mohamed

17 años

-¿Creéis que la gente es consciente de que habéis arriesgado vuestra vida?

-Adil: Habrá quien lo entienda y habrá quien no. Yo vine debajo de un camión.

-Abdullah. Yo vine en patera. Mi familia pagó 5.000 euros. Aún tienen que devolverlo.

-Mohamed: Yo vine debajo de un camión desde Nador. Vi la muerte muy cerca, es muy duro, tuve mucho miedo. Llegué a pensar si después podría volver a ver a mi familia. El que no haya vivido esto nunca lo podrá llegar a entender. 

-¿Conocíais ya a alguien en Barcelona?

-Mohamed: Chicos como nosotros que habían emigrado.

-Adil: Yo no conocía a nadie.

-¿Por qué Barcelona?

-Adil: Porque nos gusta mucho.

-Abdullah: Yo solo escuchaba hablar de Barcelona.

-¿Os habían contado algo?

-Adil: Yo había visto fotos, me contaban que Barcelona era muy bonita.

-Abdullah: Cuando alguien me hablaba de Barcelona me entusiasmaba y al llegar y pisarla aún me sentí más feliz.

-¿Qué creéis que os puede aportar Barcelona y que podéis aportar vosotros?

-Mohamed: Que nos ayude ahora y cuando seamos mayores nosotros poder aportarle.

-Adil: Yo creo que aquí puedo llegar a tener mi hogar, mi familia, y yo voy a trabajar mucho.  

-Abdullah: Quiero hacer algo bueno para mí y para la sociedad. Quiero cambiar mi futuro, tener una vida mejor, y aquí creo que puedo hacerlo.

La sombra del estigma

Es lunes por la mañana y en el primer piso, después de la ducha de rigor, toca turno de limpieza. Cargados con cubos y fregonas, un grupo de chicos entran y salen de habitaciones mientras a pocos metros la cocinera y su ayudante reciben un pedido. Escaleras arriba, en una de las salas al lado del despacho de dirección, una educadora habla con varios jóvenes que forman un corrillo. Papel en mano y por turnos, empiezan a recitar, cantando: 

“Yo estaba solo, frío, sin comida y asustado. El centro se ha convertido en mi hogar. Muchas cosas han cambiado menos mi esperanza”. 

 “Todos hemos dejado mucho atrás, familia, mi madre. Solo queremos una oportunidad”.

Mohamed, Adil y muchos otros compañeros del centro son algunos de los autores de este rap. Jóvenes que han emigrado solos en busca de una nueva vida en Europa. Como ellos, más de 1.300 niños, niñas y adolescentes han llegado a Catalunya desde principios de año. La mayoría, un 77%, proveniente de Marruecos.

Más allá de la alarma social y del creciente estigma que se cierne sobre todos estos niños y adolescentes, existen historias de vida y proyectos vitales con nombres y apellidos que buscan dignidad y dar significado a su vida a través de formación y empleo para conseguir oportunidades en su presente y en su futuro. Nadie se pone debajo de un camión o en una patera si no es por extrema necesidad.

Las migraciones humanas son tan antiguas como la historia de la humanidad: han existido, existen y existirán, y desde siempre han ofrecido oportunidades a los países, a las sociedades, a las personas. Y esta oportunidad es lo que buscan ahora estos jóvenes para cambiar su presente y para, más adelante, poner su grano de arena en la sociedad que les ha acogido. De hecho, las aportaciones de la población migrante permiten la sostenibilidad de servicios públicos esenciales como son la salud, la educación o el sistema de pensiones, teniendo en cuenta la baja natalidad y el envejecimiento de la población. 

Dada la amplitud y la complejidad en la acogida de estos jóvenes, la Generalitat ha apostado por una coordinación interdepartamental, optando por planes de convivencia y de inserción laboral que garanticen el pleno desarrollo de los niños, niñas y adolescentes. Con la estrategia catalana para la acogida e inclusión de los jóvenes emigrados solos se persigue asegurar el derecho de la infancia a una atención integral digna, poniendo en el centro de la acción a los menores, permitiendo y respetando derechos y deberes. 

No podemos olvidar el estado de especial vulnerabilidad que afecta a la infancia y adolescencia en movimiento por eso es tan importante fortalecer la red de entidades y profesionales que prestan acompañamiento al colectivo de jóvenes migrantes y apoyando a la Administración sin dejar por ello de realizar una importante tarea de incidencia política a distintos niveles.

En Catalunya, Save the Children hemos iniciado un proyecto piloto para acompañar a jóvenes migrantes en los recursos de primera acogida y urgencia, con actividades de ocio y talleres de apoyo psicosocial, habilidades emocionales, de género y duelo migratorio, sumando así sinergias de forma especializada en esta materia.  

Abdullah, Mohamed, Adil y todos sus compañeros mantienen la ilusión de poder hacer realidad su proyecto de vida. Mientras tanto, aprenden sin cesar, a base de rimas, saliendo día a día de la sombra del estigma, de la imagen estereotipada que se tiene de ellos, sacudiéndose de encima la amenaza de la exclusión social con rap, orgullo, alegría y una sonrisa.

La sombra del estigma

Es lunes por la mañana y en el primer piso, después de la ducha de rigor, toca turno de limpieza. Cargados con cubos y fregonas, un grupo de chicos entran y salen de habitaciones mientras a pocos metros la cocinera y su ayudante reciben un pedido. Escaleras arriba, en una de las salas al lado del despacho de dirección, una educadora habla con varios jóvenes que forman un corrillo. Papel en mano y por turnos, empiezan a recitar, cantando: 

“Yo estaba solo, frío, sin comida y asustado. El centro se ha convertido en mi hogar. Muchas cosas han cambiado menos mi esperanza”. 

 “Todos hemos dejado mucho atrás, familia, mi madre. Sólo queremos una oportunidad”.

Mohamed, Adil y muchos otros compañeros del centro son algunos de los autores de este rap. Jóvenes que han emigrado solos en busca de una nueva vida en Europa. Como ellos, más de 1.300 niños, niñas y adolescentes han llegado a Catalunya desde principios de año. La mayoría, un 77%, proveniente de Marruecos.

Más allá de la alarma social y del creciente estigma que se cierne sobre todos estos niños y adolescentes, existen historias de vida y proyectos vitales con nombres y apellidos que buscan dignidad y dar significado a su vida a través de formación y empleo para conseguir oportunidades en su presente y en su futuro. Nadie se pone debajo de un camión o en una patera si no es por extrema necesidad.

Las migraciones humanas son tan antiguas como la historia de la humanidad: han existido, existen y existirán, y desde siempre han ofrecido oportunidades a los países, a las sociedades, a las personas. Y esta oportunidad es lo que buscan ahora estos jóvenes para cambiar su presente y para, más adelante, poner su grano de arena en la sociedad que les ha acogido. De hecho, las aportaciones de la población migrante permiten la sostenibilidad de servicios públicos esenciales como son la salud, la educación o el sistema de pensiones, teniendo en cuenta la baja natalidad y el envejecimiento de la población. 

Dada la amplitud y la complejidad en la acogida de estos jóvenes, la Generalitat ha apostado por una coordinación interdepartamental, optando por planes de convivencia y de inserción laboral que garanticen el pleno desarrollo de los niños, niñas y adolescentes. Con la Estratègia catalana per a l’acollida i la inclusió dels joves emigrats sols se persigue asegurar el derecho de la infancia a una atención integral digna, poniendo en el centro de la acción a los menores, permitiendo y respetando derechos y deberes. 

No podemos olvidar el estado de especial vulnerabilidad que afecta a la infancia y adolescencia en movimiento por eso es tan importante fortalecer la red de entidades y profesionales que prestan acompañamiento al colectivo de jóvenes migrantes y apoyando a la administración sin dejar por ello de realizar una importante tarea de incidencia política a distintos niveles.

En Catalunya, Save the Children hemos iniciado un proyecto piloto para acompañar a jóvenes migrantes en los recursos de primera acogida y urgencia, con actividades de ocio y talleres de apoyo psicosocial, habilidades emocionales, de género y duelo migratorio, sumando así sinergias de forma especializada en esta materia.  

Abdullah, Mohamed, Adil y todos sus compañeros mantienen la ilusión de poder hacer realidad su proyecto de vida. Mientras tanto, aprenden sin cesar, a base de rimas, saliendo día a día de la sombra del estigma, de la imagen estereotipada que se tiene de ellos, sacudiéndose de encima la amenaza de la exclusión social con rap, orgullo, alegría y una sonrisa.