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OPINIÓN

Después de los 3 años, no hay igualdad de oportunidades

¿Por qué el periodo de 0 a 3 años no tiene una educación garantizada ni gratuita?

Enric Canet

Aula de preescolar en Barcelona.

Aula de preescolar en Barcelona. / RICARD CUGAT

Janet es una madre joven que vive en el barrio de Sant Roc de Badalona. David, su hijo, comienza P3 este septiembre. Como muchas chicas, no ha encontrado trabajo ni maneras de realizar algunos estudios más. A finales del curso pasado, estaba muy preocupada porque dudaba de que David se adaptara a la escuela separado de ella. ¿Si llora mucho, no lo enviarán a casa? ¿Se relacionará con las compañeras y compañeros, él que es tan tímido? ¡Con lo que le cuesta expresarse! Y ella ¿se adaptaría a estar sin su hijo?

Para madres e hijos como Janet y David, conjuntamente con las escuelas Baldomer y Solà y Lestonnac, realizamos un proyecto piloto, el AP3, el julio pasado. Durante un mes, se facilitaba una adaptación tanto de los niños como de las familias y en la propia aula, al paso tan importante que es la escolarización. Este hecho es muy importante en un barrio donde la tasa de escolarización antes de los 3 años, es muy baja, y donde hay un gran esfuerzo por parte de las escuelas y de muchas entidades en contra del absentismo escolar, de un 40% en Primaria y del 60% en Secundaria.

Para familias de niños menores de 3 años, AP3 es una oportunidad. En primer lugar, para que las madres (y los padres ¡ya lo quisiéramos!) se impliquen en el aprendizaje de los pequeños. Son parte activa de la enseñanza en la escuela, cuando en algunos casos la abandonaron de forma prematura.

Un proyecto piloto, el AP3, acompaña a las familias en la escolarización de los más pequeños

Y formándose los hijos, también se forman ellas. Las educadoras les proponen y las acompañan en nuevas maneras de aprendizaje, en los límites. Y otras madres que tienen hijos mayores aportan la experiencia, a la vez que ellas aprenden a rehacer maneras de actuar.

En la construcción de la personalidad del niño, es necesaria la implicación de todo su entorno. Y lo más inmediato es toda la familia, que tiene que seguir unas pautas, unas rutinas, ¡unos horarios! Que debe conocer las diversas etapas evolutivas. Y sobre todo, una manera de relacionarse con los pequeños y pequeñas, desde la proximidad, el refuerzo de los aprendizajes, la ternura.

Pero en muchos casos, no lo tienen nada fácil. Como comenta Marina, la educadora: Debemos entender que es muy fácil hablar y darles consejos, pero en la práctica, cuando han de gestionar el día a día, solas con los niños, es mucho más complicado. Cuando les decimos, por ejemplo, que intenten no exponer demasiado a sus hijos a las pantallas, ellas nos responden que ya saben que es malo hacerlo, pero que a veces no tienen más remedio que dejar las criaturas ante la tele.

Asistir al proyecto es tener ya relación con otras madres que también llevarán a los niños a la misma escuela. Así se generan complicidades para ir tejiendo relaciones afectivas y de apoyo. Porque la escuela será durante muchos años el centro de la socialización del niño y una parte esencial de su educación. Donde las familias confiarán sus hijos, el bien más preciado que tienen.

Este esfuerzo que hacen las escuelas en este proyecto es posible por su compromiso en la educación. Seguro que si pudieran adelantar la edad de inicio del proceso educativo ya lo harían.

Y es que es sorprendente que, por un lado, las pedagogas, psicólogas, neurólogos estén de acuerdo en que el momento esencial de la estructuración de la persona sean los 0 a los 3 años ... y, por la otra, que sea el periodo donde la educación no sea ni gratuita ni garantizada. ¿Cómo es que se dejaron este periodo tan clave en el derecho a la educación? ¿Cómo es que se lo siguen dejando? ¿No es de los 0 a los 3 años donde se generarán diferencias insalvables que conducirán a grandes desigualdades de futuro?

A falta de escuelas, las entidades hemos generado proyectos sociales para atender las nuevas necesidades de este grupo de familias, con menores de 3 años. Esto no deja de ser un parche

Porque si nos alineáramos todo el entorno, podríamos crear una nueva oportunidad, generando una red global que cubra la alta diversidad de familias y necesidades. Y que haga de la escuela enraizada en el barrio el núcleo educador de todo el entorno familiar, vecinal, social, gracias a la educación de los más pequeños.

Tenemos profesionales e instituciones comprometidas. Y tenemos barrios militantes. Falta una gran voluntad política de entender que es en la educación de esta edad, en todas sus facetas, donde se juega la verdadera Igualdad de Oportunidades. Y toda otra consideración es no tocar de pies al suelo.