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Participación comunitaria como buen propósito

Sería conveniente que las personas dedicáramos el ocio entidades y proyectos culturales y sociales

Josep Oriol Pujol Humet

Voluntarios reparten comida junto a la estación del Nord.

Voluntarios reparten comida junto a la estación del Nord.

Ahora que ya hace días que hemos vuelto al trabajo y a las aulas, vuelven los difíciles equilibrios para conciliar la vida familiar y la laboral. Aun así, además de dedicar tiempo al trabajo y a la familia y amigos, a menudo nos olvidamos de una tercera dimensión: la participación en la comunidad. Las personas tendríamos que ser capaces de reservar un tiempo de nuestra jornada diaria o semanal a participar de forma voluntaria implicándonos en proyectos de interés general: el APA de la escuela de nuestros hijos, hacer de voluntarios en el Banco de Alimentos o ayudante a Càritas, apoyando a una asociación, visitando personas grandes que están solas en casa, etcétera.

Es evidente que el mercado presiona para que dediquemos el tiempo que queda libre, después de las obligaciones laborales y personales, a prácticas basadas en el consumo. La propuesta no es un llamamiento a la revolución, bastante necesaria en muchos ámbitos, sino una sugerencia pensando en el bien común y en el desarrollo equilibrado y maduro de cada cual.

Ante una creciente mercantilización de las opciones por el tiempo libre, ante los recursos de internet que pueden llegar a ser alienantes, sería interesante que las personas nos implicásemos en entidades y proyectos culturales, asociativos, de educación en el ocio de los diferentes miembros de la familia. 

El sistema económico, por sí mismo, va ocupando espacios que antes se organizaban espontáneamente por la convivencia familiar, vecinal o comunitaria. De este modo, los centros comerciales sustituyen la plaza pública y el consumo araña tiempo a la convivencia.

Así, no es difícil ver parejas que van a cenar a un restaurante y están más concentrados en el móvil que la conversación con el otro. Y si antes las familias acostumbraban a pasar las últimas horas del anochecer mirando todos juntos la televisión, ahora acostumbran a sentarse en el sofá mirando cada cual su 'smartphone' o una serie diferente en cada tableta individual. Y salvo algunas excepciones, muchas movilizaciones o encuentros para hacer un mundo mejor no pasan de la pantalla porque no encontramos tiempo de ponerlas en común en un espacio físico y compartido para hacerlas realidad. 

Ahora que ha empezado el nuevo curso y es el momento de los buenos propósitos, sería bueno que añadiéramos a la lista el objetivo de participar en al vida asociativa y comunitaria. Empezando por nosotros y por nuestros hijos. Inscribirnos en un centro de 'esplai', en una coral o en una agrupación escolta. Vamos más allá de la actividad extraescolar buscando para ellos espacios de convivencia desinteresada y no mercantilizados que, con los años, los implicarán socialmente. Buscamos para los adultos formas de integración en proyectos de interés general0 a los cuales podemos aportar mucho de nosotros mismos, a la vez que crecemos como personas. 

El descontento, el vacío que sentimos ante prácticas individualistas y el trasfondo comercial de cada vez más aspectos en nuestras vidas solo se puede combatir desde alternativas sociales que aporten a la comunidad y que, indudablemente, nos llenarán. Así pues, en la lista de nuevos propósitos del curso, además de los idiomas y deporte, no nos olvidamos de optar por la implicación comunitaria.

Temas: Voluntarios