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pobreza

Donde la Administración no llega

Amásdes reparte comida, cocinada por sus voluntarios, tres días a la semana frente a la estación del Nord

Trabaja en red con seis entidades más, que se coordinan para alimentar a quienes no pueden comprar alimentos

Beatriz Pérez

Miembros de Amásdes reparten tres días a la semana comida caliente a unas 200 personas en la Estació del Nord. 

Miembros de Amásdes reparten tres días a la semana comida caliente a unas 200 personas en la Estació del Nord.  / JOAN CORTADELLAS

Es viernes por la noche y Oswaldo, de 53 años, acude puntual a la estación del Nord de Barcelona. Pero no para tomar ningún autobús, sino a recoger la cena que, justo enfrente, en la calle de Alí Bei, reparte la oenegé Ayuda a los Más Desfavorecidos (Amásdes), creada hace dos años. "Hace unos cinco años que vengo aquí. Cobro la renta garantizada y no llego a fin de mes", relata Oswaldo. Su caso es similar al de las otras 250 personas que, como él, esperan al aire libre para cenar. "A mediodía como en un comedor social en Navas, pero es un caos porque suele haber peleas".

Oswaldo estudia un grado medio de cocina y gastronomía en Terrassa, a donde tiene que desplazarse cada día, y las cuentas no le salen para comprarse la comida, pues también paga 300 euros mensuales por una habitación. Él, al menos tiene donde vivir: otros muchos de los que esperan junto a él duermen directamente en la calle.

"Cobro la renta garantizada, pago 300 euros por una habitación y cada día debo ir en tren a Terrassa, donde estudio. No tengo para comprar comida"

Oswaldo, 53 años

Usuario de Amásdes

Los 80 voluntarios de Amásdes reparten comida tres noches a la semana (miércoles, viernes y sábados de 20 a 22 horas) para las personas más necesitadas. También los domingos cada 15 días. Pero lo realmente peculiar de esta oenegé es que son los propios voluntarios quienes además cocinan en sus casas lo que después entregan en la estación del Nord.

"Cada voluntario compra y prepara la comida en su casa. Hacemos, en total, unos 20 o 30 tápers, otros 20 o 30 bocadillos y compramos zumos. El Banc dels Aliments nos dona la fruta y unas panaderías, el pan", cuenta María Garrido, voluntaria de Amásdes. Cocinan, además, tratando de que la dieta sea rica y equilibrada ("hoy tenemos arroz con verduras, lentejas y macarrones al pesto", apunta Garrido) y, eso sí, con poca carne y embutidos, porque muchos de los usuarios son musulmanes.

Trabajo en red

Pero Amásdes no trabaja en solitario, sino en red con otras entidades, que son las que reparten cenas en la estación del Nord el resto de días de la semana y, en algunos casos, hacen rutas por la zona. Asociación Tèrikè, Asociación Alivia, Rotaract-Rotary, Comunitat de Sant Egidi, Silo Gambasse y Casa Solidaria son las otras que, junto a Amásdes, llegan ahí donde las administraciones no, haciendo así posible que las personas en riesgo de exclusión se puedan alimentar los siete días de la semana.

Pero la situación que se vive en la calle de Alí Bei no es idílica. Lo cuenta Miquel (nombre ficticio), un usuario de 70 años que hace cuatro que acude cada noche a la estación del Nord. Cobra una pensión "pequeña" y no le alcanza para comprar comida. "Aquí falta seguridad. Algunos usuarios nos amenazan. Se necesita protección policial", cuenta mientras sujeta una bolsa con un táper, un bocata y un poco de fruta. Los momentos de tensión ocurren, por ejemplo, porque a veces (de manera excepcional) no hay comida suficiente para todo el mundo. O porque algunos no quieren hacer cola.

"Aquí hay insegurdiad. Esto no deja de ser una concentración de 200 personas al aire libre. Hemos pedido una patrulla policial, y nada"

María Garrido

Voluntaria de Amásdes

"Sí, hay inseguridad. Esto no deja de ser una concentración de 200 personas. Los que más problemas dan son los niños de la cola. Vienen colocados, se quieren colar, te acaban insultando. Hemos pedido una patrulla y nada", certifica, junto a él, Garrido. Y aunque lo que hacen (ocupar la vía pública) en teoría es ilegal, lo cierto es que resulta imprescindible. "La administración pública dice que hay comedores sociales, vale. Pero si estas personas vienen aquí es porque no les queda otra", apunta la voluntaria.

Garrido recuerda los inicios de Amásdes, hace cinco años, antes de que se conformara la asociación. Entonces unos pocos voluntarios comenzaron a hacer ruta por la zona: empujando un carrito lleno de comida buscaban a aquellos que la necesitaban. Hoy, a falta de un espacio, reparten a la intemperie. Si llueve, montan unas carpas. Y los usuarios, por difícil que sea su situación personal, son capaces de valorar el esfuerzo.

"Mi experiencia aquí es muy buena. Esta gente se la juega por nosotros", opina Carlos. "El ayuntamiento debe ponerle a Amásdes un espacio físico para repartir la comida", añade, por su parte Oswaldo. Amásdes, en última instancia, les facilita además ropa limpia, calzado y productos de higiene personal que consiguen mediante llamamientos a través de las redes sociales.

La Catalunya más pobre

La pobreza se ha enquistado en la población infantil de Catalunya. Casi 350.000 menores están en esta situación (uno de cada cuatro), tal y como informó Save the Children el pasado marzo. Los niños son el colectivo más afectado por la falta recursos económicos. El porqué se debe a que la infancia es el grupo que tiene menos ayudas sociales. La inversión en este colectivo no ha parado de bajar en los últimos años. Catalunya únicamente destina el 0,8% del PIB en protección social a los menores, por debajo del 1,3% de la media española y a años luz  de la europea (2,4%). Las cifras más recientes, del año 2015, revelan que solo el 14% recibía alguna prestación. Pero tampoco los mayores se libran de este mal endémico, pues según Creu Roja la pobreza crónica se triplicó en Catalunya en los últimos tres años. Un 40,6% de las 493.936 personas atendidas por esta entidad se encuentra en una situación de pobreza crónica o persistente. Entre enero y octubre del 2017, Creu Roja entregó ayuda humanitaria a 200.000 catalanes. Por no hablar de una nueva modalidad de pobres: aquellos que lo son pese a tener trabajo. Actualmente más de medio millón de trabajadores en Catalunya no ingresan lo suficiente para llevar una vida digna, cifra que está creciendo. De hecho, en el 2016 el número de trabajadores pobres subió en casi 30.000 personas, según la Taula del Tercer Social de Catalunya. La renta media mensual por persona en Catalunya es de 1.055 euros y el del alquiler ronda los 596 euros al mes.

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