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Niños refugiados: La guerra es su presente, la falta de oportunidades será su futuro

La guerra de siria y la persecución de los rohingya castigan a los más pequeños

Mireia Recasens

Niños rohinyás refugiados en Coxs Bazar (Bangladés).

Niños rohinyás refugiados en Coxs Bazar (Bangladés). / RICARD GARCIA VILANOVA

Siete años, más de 2.500 días y casi la mitad de la población siria desplazada según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Durante este periodo de tiempo un niño aprende a andar, hablar, escribir, contar, las ciudades y países del mundo, los colores… Conocimientos que muchos niños y niñas sirios que han huido de la guerra no han podido aprender.

En marzo del 2011 empezó una guerra que parece no tener fin. Siete años de sufrimiento, desesperación y violencia donde los más afectados, como siempre, son los más pequeños, tanto los que siguen en Siria como los que han conseguido huir con sus familias. Los que se quedan en el país viven día a día con estruendos, explosiones y pánico. Más de 60 escuelas han sido destruidas durante los dos primeros meses de 2018 y más de 57.000 niños han perdido la oportunidad de ir a clase. Aprender y jugar es algo del todo inusual para los pequeños que continúan en Damasco o Alepo, entre otras ciudades.

Los que han logrado escapar con su familia, no les ha ido mucho mejor. Es fácil recordar la fotografía de Aylan, aquella imagen de un niño de tres años que apareció ahogado en una playa de Turquía y que sirvió para hacernos ver la cruda realidad: dejar la guerra atrás no es fácil y muchos mueren en el camino. Otros, malviven desde hace tiempo en los campos de refugiados de países adyacentes.

Los sirios son la mayor población de refugiados a nivel mundial, pero no la única. La crisis de los rohingya es otra de las más importantes, aunque de esta nos llega menos información. La persecución en Myanmar contra los rohingya empezó hace más de cinco décadas, pero el último gran éxodo se produjo hace unos meses. Se calcula que desde 2017 más de 650.000 personas han tenido que huir.

Al igual que la población siria, están en tierra de nadie. Los campos de refugiados en Bangladesh no dan abasto. Ya hay casi un millón de rohingyas viviendo hacinados y en condiciones inhumanas en el campamento más grande del mundo, la mitad de ellos niños y niñas. Tener una vida normal, un trabajo para los adultos y una educación para los niños, es del todo imposible. Desde Save the Children trabajamos para que los niños que viven en los campamentos recuperen poco a poco la normalidad, por eso hemos establecido más de 50 espacios en Bangladesh, donde los niños puedan estar seguros, con zonas de juego infantiles y programas de educación temprana. Pero nada apacigua la angustia de haber tenido que huir de la violencia y de tu hogar.

Muchas veces, evadidos por nuestra propia realidad, olvidamos que los niños y niñas refugiados han perdido su infancia y que si no mejora su situación también perderán su futuro. La guerra y la violencia afecta su presente e hipoteca su futuro. Sin educación nunca serán lo que sueñan ser, y nadie tiene derecho a arrebatarles eso.

Anass, Dhouha, Sadrac y Alicia nos han dado una lección. Consideran injusta una situación que sufren niños de su edad que, como ellos mismos dicen, no tienen garantizados los derechos que todo niño debería tener. ¿Hasta cuándo dejaremos que sigan vulnerándose los derechos de tantos miles de niños y niñas en el mundo?

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