27 sep 2020

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Socorristas al rescate de refugiados en Lesbos

Proactiva Open Arms es la única oenegé española en la isla griega que auxilia en el mar a personas que huyen de las guerras.

Fue creada en septiembre para dar respuesta a la crisis europea y cuenta con un equipo de cuatro socorristas profesionales

BEATRIZ PÉREZ / BARCELONA

Llegada de un grupo de refugiados a Lesbos en el 2015.

Llegada de un grupo de refugiados a Lesbos en el 2015. / AP / SANTI PALACIOS

Lesbos es la isla griega más fronteriza con Turquía, país del que la separan apenas 10 kilómetros por mar. Solo a la zona norte de la isla llegan diariamente unas 20 embarcaciones con 45 o 50 personas cada una. Es decir, unas 1.000 personas por día que, huyendo de las guerras de sus respectivos países, buscan refugio en Europa. La mayoría de ellas provienen de Siria.
«Muchas se ahogan muy cerca de las playas, al bajar del bote. No saben nadar, no llevan chaleco...», explica Óscar Camps, director de Proactiva, una empresa de salvamento que trabaja en cuatro comunidades autónomas. Preocupados por lo que estaba pasando, Camps y otro miembro de Proactiva decidieron visitar por su cuenta la isla a principios de septiembre. «Fuimos a hacer logística, a ver cómo podíamos ayudar. Pero a los cinco minutos de llegar ya estábamos en el agua, vestidos, asistiendo a los refugiados», cuenta.
Fue así como nació la oenegé Proactiva Open Arms, que echó a andar inicialmente gracias a unos pocos ahorros de Óscar Camps. Desde aquel viaje, la entidad tiene en la zona norte de Lesbos a cuatro socorristas completamente equipados que ayudan de manera altruista en la que es la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Profesionales

Proactiva Open Arms es la única oenegé española en Lesbos y también la única que socorre en mar (el resto lo hace en tierra). «Somos los mismos socorristas que en verano trabajamos en las playas de España --desvela Camps--. Somos profesionales del salvamento, estamos acostumbrados a trabajar en condiciones desfavorables».
Ahora, para permanecer en Lesbos hasta noviembre, Proactiva Open Arms necesita 30.000 euros. «O, lo que es lo mismo, que 3.000 personas aporten 10 euros cada una», dice su director. Varias organizaciones no gubernamentales de otros países también presentes en Lesbos se están movilizando para que no abandone la isla, pues su trabajo se ha vuelto imprescindible.
Con ese dinero, la oenegé llevará a la isla dos coches con remolque, dos embarcaciones (las condiciones son tan precarias que, hasta ahora, los rescates se hacen con los botes en los que llegan los propios refugiados) y cuatro socorristas más (a quienes se les pagará estancia y avión). La ayuda se hace más necesaria a medida que avanza el otoño, pues las condiciones meteorológicas empeoran y, por tanto, los riesgos aumentan.
Las donaciones se pueden hacer a través del número de cuenta de Proactiva Open Arms (ES53 0182 0262 910201668823) o de la web www.proactivaopenarms.org. «Queremos garantizar que a pesar del mal tiempo no se nos ahogue nadie en Europa», reivindica Camps, quien destaca a su vez que esta es la primera vez que hay socorristas profesionales en una misión de tipo humanitario.

Huyendo de la guerra

Oriol Canals es el coordinador del equipo de socorristas que trabaja actualmente en Lesbos. Hace una semana que regresó a Barcelona (cada voluntario es relevado a los 15 días). Conoce bien la situación de la isla y de los refugiados. «Son personas que dejan atrás mucho sufrimiento; es algo dramático», lamenta. Y no son solo sirios los que llegan, puntualiza: también arriban paquistanís, afganos, somalís. Todos huyen de la guerra.
Canals cuenta que la zona norte de Lesbos, donde opera la entidad, ocupa entre 15 y 17 kilómetros. En ella, hay dos puntos de acogida: uno en Molyvos (oeste) y otro en Skala Sikamineas (este). Ahí, a quienes llegan se les da comida, ropa seca, mantas. A través de autobuses fletados, llegan después a Mitilini, la capital, a 60 kilómetros del norte, donde piden el documento de refugiados. Pero muchos, que no pueden acceder a los autobuses porque ya están llenos y tampoco pueden pagarse un taxi, deciden hacer el camino a pie.

Problema europeo

«Tardan dos días en llegar a la capital. Pasan la noche a la intemperie. Sus restos se ven en la carretera», narra Oriol Canals al rememorar su experiencia. Para él, este es un problema europeo y la Unión no está sabiendo responder con la celeridad que esta crisis requiere. «Los gobiernos e instituciones van a remolque de los ciudadanos, que reaccionan mucho antes que ellos», opina.
De entre todas las historias vividas esos días, recuerda la de un iraquí que había perdido sus piernas en un bombardeo de la guerra de Irak. «Mi país participó en esa guerra, intenté pedirle perdón», cuenta Canals. «Entre dos lo llevamos en brazos hasta un coche y él nos daba besos todo el rato», recalca.