UN EPISODIO NO MUY CONOCIDO DE LA POETA

Sylvia Plath: aquella luna de miel en Benidorm

Sylvia Plath en 1954, en Cape Code.

Sylvia Plath en 1954, en Cape Code.

Como apunta Isabel Coixet, que la ha evocado en su última película, Sylvia Plath lo quería todo. Hacer los mejores pasteles de ruibarbo y ser la mejor poeta de Estados Unidos. La carga mental y el desamor la llevaron al suicidio. Aquí la traemos de vuelta en el que quizá fue el momento más luminoso de su vida.  

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El paso de la recién casada Sylvia Plath por Benidorm no es uno de los episodios que más se suela recordar de la poeta norteamericana. El imaginario trágico la dibuja como objeto de depresiones y electroshocks o en el difícil y complejo equilibrio de ser a la vez madre y creadora (algo casi imposible en los años 60) y finalmente –abandonada por su marido el poeta británico Ted Hughes– suicida e icono feminista. Su poesía vivencial y desgarrada también contribuyó a ello. Pero lo cierto es que en su luna de miel, muy lejos de todas esas tristezas pasadas y futuras, Plath pasó cinco semanas en la población alicantina. Y fue feliz.

Así la ha recordado Isabel Coixet, fiel lectora suya, que en su película 'Nieva en Benidorm' evoca el paso de la autora norteamericana como una especie de fantasma inspirador de la crisis existencial de sus personajes. «Después de leer su diario, quería atrapar ese momento en la película, que ella describió como de plena felicidad, ese contento que te hace creer que todo es posible, que todo estaba por hacer en su vida», explica la directora, que la ha querido rescatar así de todo el proceso autodestructivo a la que la llevarían sus demonios y un matrimonio que imaginó perfecto pero acabó en tragedia.

Poemario descarnado

Sylvia Plath también está de regreso por la reciente aparición de la estupenda edición que Nórdica ha realizado de 'Ariel', su poemario fundamental, descarnado y terrible, en la traducción de Jordi Doce y las evocadoras ilustraciones de Sara Morante. Además del primero de los volúmenes de su ingente correspondencia completa (hasta el momento en castellano solo estaban disponibles las cartas que Plath dirigió a su madre) que está abordando la editorial Tres hermanas. Y eso a la espera de que algún sello español decida traducir la mastodóntica (y para muchos definitiva) biografía de Heather Clark que se publicó en octubre.

Nórdica ha publicado 'Ariel', su poemario fundamental, y Tres hermanas, el primer volumen de su correspondencia completa

En 1956, Benidorm apenas contaba con 3.000 habitantes y cuatro hoteles mal contados. Hacía solo unos meses que se había aprobado el plan urbanístico impulsado por el alcalde Pedro Zaragoza, padre de la especulación inmobiliaria y de la ciudad vertical que muy poco después empezaría a levantarse allí. Tan solo dos años antes y ante la afluencia de extranjeros (alemanes y franceses, especialmente) decidió pedir audiencia a Franco para que resolviera un problema nada menor. El arzobispo de Valencia amenazaba con excomulgar al alcalde que había dictado una orden municipal para despenalizar el uso del bikini en las playas locales. El alcalde lideraba Falange en la zona de Alicante pero los intereses económicos pesaban más que la ideología o la moralidad pacata. A Zaragoza le gustaba contar –aunque algunos ponen en duda el hecho e incluso la visita– que se tragó los 465 kilómetros hasta Madrid a lomos de su vespa. Al parecer, el dictador, asombrado ante la cuenta de dividendos presentada y con la esperanza de que el turismo incipiente creciera exponencialmente –desarrollismo obligaba–, habría apoyado al alcalde en su decisión de prohibir a la guardia civil las multas a las turistas en traje de baño de dos piezas y sí a los viandantes machirulos que se metían con ellas. Con respecto al arzobispo, este cerró la boca y no se volvió a hablar de excomuniones. Sí, Benidorm fue junto con Eivissa y Marbella ese lugar en el que el bikini se codeaba con ancianas vestidas de riguroso negro tirando de un burro.

Sylvia Plath, por la ilustradora Sara Morante.

/ Nórdica

A ese paraíso de charanga y corrupción que bien podía haber retratado Berlanga llegaron sin apenas dinero en el bolsillo la poeta y su marido. Él era considerado un prodigio, bendecido como el aventajado alumno de luminarias como T. S. Eliot o W. H. Auden. A ella tuvo que ser la muerte la que refrendara su talento puesto que Ariel se publicó póstumamente y póstumo fue también su premio Pulitzer. La pareja llegó a Benidorm de rebote. En realidad, Hughes intentó encontrar trabajo en Madrid en una academia de idiomas, pero a la espera de que la oferta cristalizase, lo que no acabó sucediendo, se tomaron un respiro en la costa, no solo con la intención de disfrutar del sol y de la tranquilidad, que también, sino de encontrar sobre todo el perfecto aislamiento para escribir. Cada cual lo suyo.

La diferencia entre ambos es que Plath, que trabajaba incansablemente y luchaba por darse a conocer, aceptaba a la vez el tradicional papel de ama de casa. En Benidorm, su primera experiencia conyugal, quedó muy claro quién tenía que encargarse de la cocina y de evitar al gran poeta –ella se consideraba inferior– las molestias domésticas.

Circula la leyenda de que Plath fue la primera en ponerse en bikini en las playas de arena fina de Benidorm, pero las fechas no cuadran. Corren fotos de la autora con un bikini blanco, como una alegre pin-up y no la mujer torturada que traslucen sus poemas. Pero en realidad las imágenes corresponden a su estancia dos años antes en Cape Cod, en su Massachusetts natal. Así que nadie sabe con qué tipo de traje se bañó. ¿Importa? No.

Uno de los dibujos que Sylvia Plath realizó en Benidorm.

/ Nórdica

Burros, cabras y barcas

Ella escribió allí artículos para revistas que describían el pintoresquismo del lugar, con carros tirados por burros, rebaños de cabras negras atravesando las calles y barcas de los pescadores. También realizó varios dibujos a tinta sobre el terreno. «Tan pronto como divisé aquel pueblecito… y vi aquel mar azul centelleante, la limpia curva de sus playas, sus inmaculadas casas blancas y calles, sentí instintivamente que ese era nuestro lugar en el mundo», escribe a su madre. Explica que primero alquilaron una habitación en casa de una viuda, frente al mar (la que describe Carmen Macchi en la película de Coixet) donde cocinaba en un hornillo de petróleo y los turistas la veían teclear en la terraza. En su diario (publicado por Alba en 2016) describe a los otros inquilinos de la finca como «unos españoles bastante guarros». Después, todo el mes siguiente, se trasladaron a una casa algo más apartada de la primera línea de playa, en la calle de Tomás Ortuño, donde consiguieron la ansiada tranquilidad.

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Los cuatro poemas que la autora escribió allí son menos íntimos que su posterior producción y tan descriptivos como sus artículos o sus dibujos. La feliz recién casada hablaba de lo que veía en 'Las remendadoras de redes' y 'Los mendigos' o lo que comía –'Melones de fiesta'– y finalmente, en 'Partida', se despide del lugar: «El dinero se acaba y la naturaleza, al percibirlo, acrecienta sus amarguras». A mediados de agosto, la pareja regresó a Inglaterra y al inicio del desamor. Hoy en Benidorm no hay una placa o un monumento que recuerde el paso de la gran poeta a las oleadas de turistas que se tostaban y se tostarán al sol. Como indica Pasqual Almiñana, filólogo y profesor de instituto, que ha dedicado mucho tiempo a buscar las huellas de Plath en Benidorm y llegó incluso a asesorar a Coixet sobre el terreno: «Apenas nadie sabe que estuvo aquí. No ha habido el mínimo intento oficial de recordar a Sylvia Plath. Los chalets donde vivió fueron derruidos y hoy son edificios urbanos. El mundo rural que dibujó ya no existe. Nada de lo que ella vio entonces ha permanecido. Tan solo los trazados de las calles, la isla y la playa».

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