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Chris Hemsworth, Ben Affleck, Dwayne Johnson, Hugh Jackman y Daniel Craig.

No hay héroe sin autocastigo: los ejercicios inhumanos de los actores de acción

Laia Zieger

Si pronunciamos nombres como Thor, Iron ManLobeznoCapitán AméricaHérculesFast FiveBatman o Superman... más allá de capas, una buena dosis de testosterona y algún que otro superpoder, lo primero que nos viene a la cabeza son los músculos. Muchos músculos. Ya se sabe: hay que estar en forma para salvar el planeta. Mientras eso queda limitado a los cómics, todo bien. El problema está cuando el cine y su nueva compañera la industria del fitness se empeñan en hacer pasar por realidad lo que es sobrenatural.

En los últimos años, las películas y los héroes de acción han invadido los cines y con ello toda una 'troupe' de actores que rivalizan en bíceps, abdominales y pectorales, y que celebran una masculinidad hermanada con el culturismo. Si bien antes parecía que tan solo las actrices estaban sujetas al 'diktat' del peso y las curvas perfectas, ahora les toca también a ellos someterse a estrictas dietas y ejercicios que parecen más bien sacados de un manual de tortura que de sabios y sanos consejos deportivos. No hay papel sin autocastigo: el mes pasado, Henry Cavill ('Superman') reveló que lo habían rechazado en la prueba de James Bond por "demasiado gordito".  

Es lógico que, con un cuerpo como el de Dwyane Johnson (1,96 metros y 118 kilos), se le conozca como ‘La Roca’. Su rutina es tan bestia como él, tal como muestra en su perfil de Instagram. Cada día, dos horas de ejercicios y cinco comidas, empezando con avena y ternera. Ni las lesiones han hecho menguar sus ansias de musculatura.

Así, al tiempo que Dwayne Johnson revalida cada día su apodo –'La Roca'– a base de entrenamiento de élite y una dieta que traspasa el sentido común, Chris Hemsworth, marido de Elsa Pataky, ha admitido que acabó agotado de los entrenamientos y del ritmo de vida que tuvo que seguir el año previo a dar vida al impresionante Thor en la saga de 'Los Vengadores'. Según el actor, tuvo que ingerir un exceso diario de proteínas y a practicar horas y horas de gimnasio. Cuando dejó de hacerlo, ha admitido, fue recuperando sus dimensiones habituales: "La razón –dijo– es que ese volumen de músculos no es natural para un organismo como el mío".

Chris Hemsworth tardó medio año en acondicionar su cuerpo y convertirse en el dios nórdico Thor. Para aumentar 10 kilos de músculo se sometió a una estricta rutina de ejercicios (realizaba series de 'martillazos') y a una dieta hiperproteínica. Siempre ha admitido que los entrenamientos eran agotadores.

Aún más tremenda, sin embargo, es la confesión de Hugh Jackman, que dijo tener que someterse a jornadas de deshidratación para lucir como Lobezno ('X-men'). Esta técnica que emplean los 'bodybuilders' permite dar un efecto de cuerpo seco y definir aún más las líneas de los músculos. También extrema –12 horas de entrenamiento diario– es la preparación que ha debido seguir Daniel Craig para interpretar a ese espía alcoholizado que es James Bond.

Hugh Jackman, para aumentar fuerza y volumen y convertirse en el busto de Lobezno, se sometió a seis meses de un entrenamiento de alto rendimiento durante el cual debía alimentarse como un recién nacido: comía cada dos horas y media, incluso de noche, y en cada toma ingería mil calorías más de las que le correspondían.

‘Test fitness’ 

Sobra decir que el llamado 'test fitness' de los actores de acción es la cara más visible del 'branding' de esa alianza que están exprimiendo el cine y la industria del ejercicio. Al tiempo, por ejemplo, que actores como Johnson y Mark Wahlberg –cuyos ejercicios empiezan a las dos de la mañana e incluyen dos horas y media de entrenamiento y una hora de cámara de recuperación criogenética– trufan sus redes sociales con imágenes de sus 'trainings' de alto rendimiento, revistas como 'Men’s health' y 'Men’s fitness' han pasado a formar parte de las campañas de promoción y se graban especiales como 'Jumanji workout', en el que Johnson y el gigante del fitness Under Amour detallan cómo alguien puede lucir tan pétreo como él.

Daniel Craig ostenta el título de James Bond más musculoso de la historia. A cada nueva entrega, debe repetir preparación física para enfundarse en el traje del espía de Su Majestad. Recién llegado a la cincuentena, Craig hace 'fitness' cada día y elimina de sus comidas los carbohidratos, las grasas y el azúcar. 

El nicho de negocio está ahí, y la prueba es que, a cada nuevo éxito de taquilla, aparecen miles de tutoriales que, como la web Jacked Gorilla, detallan las rutinas de entrenamiento (a menudo inventadas) de torsos habituales como los de Chris Evans, Christian Bale, Robert Downey Junior, Jason Momoa Henry Cavill.

Nefasto ideal de belleza

Al tiempo, médicos y expertos en salud alertan de las consecuencias que puede tener el hecho de que esta estética se convierta en modelo aspiracional. Igual que desde hace años se vienen denunciando los estragos que ha causado el culto a la extrema delgadez (muchas actrices y modelos denuncian ahora haber sido obligadas por productores y estilistas a seguir dietas inhumanas), los especialistas recuerdan que un entrenamiento físico (sin supervisión) para llegar a estas condiciones puede causar serias lesiones musculares. Las dietas extremas, añaden,  también pueden provocar desequilibrios alimenticios, por lo que siempre deben realizarse bajo el control profesional.

Ben Affleck lo dio todo para el papel de Batman, quizá para acallar a la crítica, que no veía con buenos ojos su participación en la saga. El actor aumentó 18 kilos de puro músculo. ¿Cómo? Horas de entrenamiento diario durante año y medio, a base de sentadillas, flexiones y artes marciales. ¿El resultado? Bíceps de 43 centímetros de diámetro.

Además, lo que no muestra el cine es todo ese andamiaje artificioso que realza la musculatura con trucos habituales en el género como el hiperbronceado, el aceite para brillar, los juegos de luces y sombras, y el work beauty (retoque digital en el momento de la producción que permite ampliar la musculatura). Unos métodos empleados en las competiciones de culturismo y que contribuyen a la espectacularidad del efecto, lejos de la realidad, siempre bastante más prosaica.