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Grammo Suspect: "La homofobia llegó a África por culpa de Europa"

Grammo Suspect: "La homofobia llegó a África por culpa de Europa"

La rapera y activista LGTBI ha tenido que huir de Kenia amenazada de muerte por ser lesbiana

Nando Cruz

Grace Munene (isla de Lamu, Kenia, 1982) ha vivido entre Nairobi y Mombasa, huyendo del señalamiento, del acoso físico y de las agresiones sexuales. En el 2006 fue secuestrada por una decena de individuos de la secta mungiki que mutilaron sus genitales. Tres años después dos sicarios del Gobierno le cortaron las rastas. En 2012 vio en televisión a la joven rapera keniana Nazizi Hijri y se animó a reivindicar los derechos de los homosexuales a través de la música y eligió como alias Grammo Suspect.

–¿Qué debe temer una persona gay o lesbiana en Kenia?
–De entrada, la ley dice que si eres homosexual te pueden condenar a 15 años de cárcel. Está definido así en el apartado 162 de nuestra Constitución. Y en el día a día vives continuos casos de acoso sexual e incluso de violación por parte de familiares y de gente próxima. Lo hacen, dicen, en un intento de 'curar' tu homosexualidad, signifique lo que signifique eso. Y nadie les culpará por ello.

–¿Por qué ha tenido que abandonar su país?
–En febrero, me crucé en la calle con un jefe de los sungusungu, una organización de vigilantes que trabaja para la policía de Kenia. Me dijo que en la comunidad de la que se encargaba no había lugar para las lesbianas. Dos meses después, me lo volví a cruzar en una carretera, me cogió por los hombros e intentó tirarme para que me atropellaran los coches. Me dijo que era el último aviso y tuve que irme.

–¿Recuerda la primera vez que asumió que ser lesbiana podía poner en riesgo su vida?
–Lo supe antes de exteriorizar mi condición de lesbiana. Me atacaron por primera vez en el 2004. Un grupo de hombres me abordó diciendo que yo era un hombre con los pechos operados. Me obligaron a quitarme la camiseta y cuando vieron que los pechos eran míos, me dejaron. Un año después me pasó lo mismo, pero esta vez me pegaron.

"El 99% de mi familia no me habla. Sienten
que soy una vergüenza"

–¿Cómo reaccionó su familia al conocer su orientación sexual?
–El 99% no me habla. Sienten que soy una vergüenza y lo mismo pasa en otras familias. Por eso muchos no salen del armario: temen afrontar un rechazo que les implique, por ejemplo, no poder seguir estudiando.

–En Kenia, ¿el homosexual tiene dificultad para encontrar trabajo?
–Si saben que eres gay, no puedes trabajar. Incluso si no has salido del armario, pero tienes aspecto de hombre-femenino o mujer-masculina, no te lo van a dar. ¿Cómo vas a sobrevivir si no puedes ganar dinero? Tampoco te atienden en un hospital si tu aspecto físico les hace sospechar que eres homosexual. Te echan.

–Usted, sin embargo, dio un paso adelante.
–Soy una artista. Mi prioridad en la vida es la libertad. Quiero vivir mi vida y poder expresarme. ¿Cómo podría cantar sobre los derechos de los homosexuales manteniendo mi homosexualidad en secreto?

–¿La decisión de cantar fue a la par que la de explicitar su condición sexual?
–Empecé como artista, pero antes de componer sobre la comunidad LGTBI ya hablaba sobre justicia social en mis canciones. En el 2012 entré en Facebook y, buscando colectivos de lesbianas, contacté con la asociación Out in Kenia. Me ofrecí para dar una charla. Había publicado mi primer disco y pensé que sería un buen lugar donde venderlo.

"Mis ancestros kikuyu tenían una palabra para referirse a los homosexuales: 'oneki'. ¡Nadie inventa una palabra para algo que no existe!"

–¿Cómo se pudo celebrar aquel encuentro en Kenia?
–Fue en un hotel de Nairobi. Se anunció en Facebook, pero no explícitamente como un encuentro LGTBI. Y acudieron unas 500 personas que explicaron sus experiencias. Hasta ese día solo había visto dos o tres homosexuales en toda mi vida. ¡Fue una sorpresa descubrir que en Kenia había tanta gente como yo!

–Imagino que fue un día crucial.
–¡Estaba muy excitada! Por fin iba a conocer a mi familia LGTBI. Por fin podría ser yo misma. De hecho, allí conocí a mi actual pareja.

–¿De dónde procede esta homofobia en Kenia?
–Las dos principales religiones son la cristiana y la musulmana, y tanto la Biblia como el Corán no aprueban la homosexualidad. Antes de que los misioneros llegaran, todas las tribus –y hay 42 en Kenia– la contemplaban. Dicen que la homosexualidad es una aportación occidental, pero también la Biblia la trajeron los blancos, ¿no? El problema es que no se enseña la historia de nuestro país en las escuelas. Nuestro sistema educativo aún no ha sido descolonizado.

–Entonces, antes de colonización ¿no estaba mal vista en África?
–Exacto. La homosexualidad nunca fue un problema en África. El rey Mwanga II (gobernador de la actual Uganda a finales del siglo XIX) era abiertamente gay. Yo soy de la tribu de los kikuyu, y mis ancestros ya tenían una palabra para referirse a los homosexuales: 'oneki'. ¡Nadie inventa una palabra para algo que no existe! 

–Por lo tanto, ¿los países que colonizaron África son los culpables de que la homofobia se haya extendido?
–La culpa original es de Europa, que se la traspasó a nuestros gobernadores y estos, a los ciudadanos. Si todos decidiésemos poner un nuevo gobierno, lo lograríamos, pero no hacemos nada. En nuestra cabeza seguimos siendo esclavos. Todos somos ignorantes.

–¿Algún partido político de Kenia propone reformar esta ley?
–No. El 99% consideran la homosexualidad un problema. Solo he encontrado una parlamentaria, Esther Passaris, que apoya el cambio del apartado 162. Los políticos saben que cualquier declaración contra la homosexualidad les hace ganar votos. En cierto modo, usan a unos ciudadanos contra otros.

–¿Sus canciones pueden sonar en la radio o la televisión de su país?
–Imposible. El presidente del Consejo de Filmografía controla la radiodifusión. Y es la mayor voz contra los gays. Mis canciones se escuchan, sobre todo, a través de Youtube.

"Es mejor morir por querer vivir que vivir como si estuvieras muerta. Mi prioridad es ser libre para vivir
como soy"

–En muchos vídeos, los raperos africanos salen rodeados de decenas de amigos, dando a entender que es alguien muy popular. En el de su canción 'My identity' sale sola en un descampado.
–Tuve que elegir un lugar por el que pasara poca gente. Y tuve que sobornar a un policía para que me dejase grabarlo. Pocos se atreven a aparecer en mis vídeos porque no quieren que se sospeche de su identidad sexual.

–¿Ha actuado mucho en Kenia?
–Años atrás cantaba con otras dos chicas. Nos llamábamos I Am Crew e íbamos a fiestas de la comunidad LGTBI. También he actuado como solista, pero la última vez fue en el 2014. Y se puede imaginar qué significa no poder actuar: es dejar de hacer lo que más me gusta.

–¿Ha mejorado su situación después de lanzarse como rapera?
–No. Ha sido peor, pero no me arrepiento. Así soy libre. Es mejor morir por querer vivir que vivir como si estuvieras muerta. Mi prioridad es ser libre para vivir como soy. Si puedo lograrlo, me da igual las consecuencias. No antepongo el miedo. Soy un persona optimista.

–Antes de llegar a Barcelona dormía en la playa. ¿Cómo acabó allí?
–Como dije, tuve que dejar mi casa de Mombasa. Dormía dos días en una playa y luego me iba a otra, porque tiempo atrás había trabajado por allí de fotógrafa para turistas y bañistas locales y la gente me conocía. Tenía que asegurarme de que nadie me reconociese. Así he vivido hasta que conocí a Artists at Risk.

–¿Cómo supo de esta fundación de protección de artistas?
–Por mi novia. Ella vivía en Nairobi, porque estar conmigo en Mombasa era muy arriesgado, pero vino solo para traerme la información e insistió en que les escribiese. Lo hice y vinieron a por mí. Ellos pagaron el viaje de Mombasa a Nairobi, el hospedaje y el avión hasta Barcelona.

–Lleva varios meses en el Konvent.zero de Berga, dentro del programa de artistas refugiados. ¿Qué ha conseguido en Catalunya?
–Muchísimo. He conocido gente estupenda: la familia de Artists at Risk, la de No Callarem, la del Konvent.zero... He podido hacer más de 10 conciertos, dar conferencias… Ha sido un sueño hecho realidad. ¡Y he ganado peso! Llegué aquí muy débil. Pesaba menos de 45 kilos y ahora paso de los 63.

–¿Quiere volver a Kenia?
–Si me quedo más allá del permiso de tres meses, no podré volver a mi país y eso limitaría mi libertad. Por otro lado, quiero inspirar y alentar a la gente a que viva su vida como desee, sin miedo, y si me quedase en Europa estaría transmitiendo el mensaje de que puedo salir del armario solo porque no vivo en Kenia. Quiero luchar por toda la gente que llora suplicando ayuda pero que no tiene voz. Por eso decidí cantar y hacer lo que hago.

–Si Europa llevó la homofobia en Kenia, ¿qué debería hacer ahora?
–Presionar para que cambien el apartado 162 de la Constitución. Y promulgar leyes que castiguen la homofobia. Por mucho que Kenia ya no sea una colonia, vivimos en una fase de neocolonialismo y este asunto debería formar parte de la agenda europea. ¡Es la agenda de los derechos humanos! Del mismo modo que presionaron en su día para instaurar esta ley homófoba, pueden presionar para conseguir lo contrario. Si no fue difícil entonces, no debería serlo ahora.