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Jennifer Beals, heroína de la causa LGBTQ

PERFIL

Jennifer Beals, heroína de la causa LGBTQ

La actriz retoma el papel de la experta en arte Bette Porter en 'L: Generación Q', secuela de 'L'

Juan Manuel Freire

Diez años después del último adiós, la experta en arte Bette Porter y otros personajes esenciales de 'L' –la primera serie de 'prime time' centrada en personajes lésbicos o bisexuales– están de vuelta en una secuela tardía, 'L: Generación Q', a la que se suman, como indica la 'Q' de 'queer', nuevos personajes de sexualidad fluida. En el tiempo transcurrido desde entonces, Porter se ha vuelto, si cabe, más positivamente ambiciosa y aspira a ser la primera mujer lesbiana que ocupa la alcaldía de Los Ángeles.

Como Porter, la actriz que la interpreta, Jennifer Beals, nunca se dejó amedrentar por su entorno y buscó, desde muy joven, horizontes elevados. Hija de padre negro y madre caucásica, en su antiguo vecindario de Chicago, mayoritariamente afroamericano, era señalada como 'la blanquita'. Se sentía diferente, entre dos mundos, y sin referentes a los que asirse. Por este motivo, cuando consiguió su papel en 'L', convenció a la creadora Ilene Chaiken para hacer 'biracial' a su personaje. También lo logró con su personaje de superintendente en la bastante más efímera 'Chicago code'.

La importancia de un 'sí'

Jennifer Beals estuvo a punto de no ser la Jennifer Beals a la que hoy conocemos y reconocemos. Al parecer, estuvo a punto de decir 'no' a su primer papel importante en el cine para dedicarse a sus estudios en Yale. Tras pensarlo bien, aplazó un curso, dijo que 'sí' y nos brindó una magnética interpretación como protagonista de 'Flashdance', una de las películas más icónicas (que no mejores) de los 80. El personaje de Alexandra Owens, soldadora de día, bailarina exótica de noche, le valió una nominación al Globo de Oro a la mejor actriz de comedia o musical, aunque muchos de sus mayores esfuerzos bailarines fueron cosa de la doble Marine Jahan.

 

¿Y después? Después, a la universidad otra vez, a pesar del éxito. Otros habrían dejado todo para enlazar proyecto tras proyecto, pero ella no volvió al cine hasta graduarse con una licenciatura en Literatura estadounidense. Si hizo de una especie de novia de Frankenstein en 'La prometida', fue porque podía rodar durante el parón vacacional de verano.  

Ya desde finales de los 80, empezó a encadenar películas sin parar, alguna de culto ('Besos de vampiro'), alguna olvidada ('El chico de los guantes'), una de Claude Chabrol ('Dr. M'), otra de Alan Rudolph ('La sra. Parker y el círculo vicioso') y varias a las órdenes del director 'indie' Alexandre Rockwell ('Sons', 'En la sopa', 'Four rooms'), con el que estuvo casada entre 1986 y 1996. Después, en 1998, contrajo matrimonio con el empresario Ken Dixon. En el 2005 nació su primera hija.

 

'L' al rescate

Los 90 no fueron década maravillosa para Beals. En 1992, tuvo que ver cómo cancelaban su primera serie como protagonista, 'Malibu Road', tras solo seis episodios. Y aunque fue considerada como Catwoman de 'Batman vuelve', Michelle Pfeiffer acabó llevándose el premio. Pero no todo le fue mal: estuvo en 'El diablo vestido de azul' como mujer enigmática y formó parte del gran reparto coral de 'The last days of disco'.

Tuvo que esperar para recuperar realmente los focos hasta mediados de los dosmiles, cuando su papel en la pionera 'L' la convertía en actriz favorita de la comunidad gay, que ella siempre ha defendido con la fiereza de una Bette Porter. Tras varias series olvidables ('Proof: Prueba de vida', 'Venganza: orígenes', etcétera), ahora regresa a los grandes titulares gracias a 'L'. Reconecta con Bette y vota por ella desde el lunes, día 9, en Movistar Series.