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Enrique Dans: "Si no nos 'descarbonizamos', vamos a un escenario 'Mad Max'"

DAVID CASTRO

ENTREVISTA

Enrique Dans: "Si no nos 'descarbonizamos', vamos a un escenario 'Mad Max'"

En su último libro, 'Viviendo en el futuro', el tecnólogo dibuja el mundo que nos aguarda

Juan Fernández

Enrique Dans camina por la vida con el reloj de la muñeca adelantado varios años, un desfase temporal que le ha permitido destripar ante sus alumnos del IE Business School ese 'gadget' digital que hoy nos hace la vida más cómoda mucho antes de que saliera al mercado y predecir en su blog ese servicio de internet al que ahora estamos todos suscritos cuando aún era un proyecto en ciernes. A los CEO de grandes empresas que le contratan como consultor, también suele explicarles con varios años de anticipación los cambios culturales que va a provocar la innovación tecnológica. Ventajas de vivir sabiendo lo que se avecina.

Con ese espíritu visionario pero informado, en su último libro, ‘Viviendo en el futuro’ (Deusto), se ha atrevido a trazar un dibujo del mundo que nos aguarda debajo de unas cuantas hojas del calendario. Sorpresa: lleva toda su vida escribiendo sobre 'bits', redes y computación, pero hoy su mayor fijación tiene que ver con algo tan analógico y cercano como el aire que respiramos.

-¿Qué hace un tecnólogo como usted escribiendo sobre cambio climático?

-Al final, se trata de un problema tecnológico más que medioambiental, porque tenemos la tecnología necesaria para hacerle frente, pero no la adaptamos, o no a la velocidad que deberíamos. Es más, lamentablemente, todavía hay quien sigue negando la evidencia científica del calentamiento global.

-¿Todavía?

-Doy clase a universitarios y a ejecutivos de alta dirección, grandes emprendedores, gente muy puntera, pero veterana. Con los jóvenes no tengo problema, porque ellos ya llevan incorporada la conciencia ecológica y saben que estamos obligados a reducir nuestra huella de carbono. Pero la gente de mi edad se ha pasado mucho tiempo bombardeada por el 'lobby' petrolero y no lo termina de ver, al menos no con la gravedad que tiene.

-¿Qué les dice para convencerlos?

-Que no hay más alternativa que apostar en serio por descarbonizar. No solo por el medioambiente, también en términos de negocio. Solo las empresas que hagan ese esfuerzo sobrevivirán, porque solo ellas serán capaces de generar preferencias entre su clientela. Por eso me gusta llamar al activismo, al activismo que se hace con el bolsillo. Animo a la gente a comprar marcas que demuestran que no se están cargando el mundo.

-Su hija Claudia tiene ahora 25 años. Usted, 54. ¿Le preocupa cómo será el mundo cuando ella tenga su edad?

-No solo por ella, también por mí. Este no es un tema de nuestros nietos, hablamos de pocas décadas. Si no nos descarbonizamos, vamos de cabeza a un escenario ‘Mad Max’. Habrá carencia de recursos y una competencia muy dura por bienes básicos como el agua o la comida, y le aseguro que esa competencia no siempre será legal. Si hoy no sabemos gestionar la inmigración, imagine cuando la gente venga porque sus países están bajo el agua o soportan 50 grados de temperatura.

-Y usted sostiene que la tecnología tiene la solución.

-Sin duda. Disponemos de una fuente de energía limpia, la solar, que además es la más barata que existe, porque cae del cielo. Aquí hay dos variables: la ley de Swanson hace que el precio de los paneles solares caiga conforme crece su venta y la ley de Moore hace que la densidad de células que se pueden meter en una placa solar sea cada vez mayor por el avance de la tecnología. Desde un punto de vista de negocio, hoy no hay nada más rentable que invertir en energía solar, pero hay intereses que impiden que se hable de esto.

«No es lógico, 
ni sostenible, 
que 40 tíos
ganen tanto
como los 3.000
millones de
personas que
están en la
parte baja de
la distribución
de la riqueza»

-¿Entonces hablamos de tecnología o de política?

-El problema de la tecnología es que los políticos que deben regularla no tienen ni idea de lo que dicen. Me impresionó la comparecencia de Mark Zuckerberg en el Senado de Estados Unidos. ¡Las preguntas que le hacían los senadores eran propias de un niño de siete años! ¿Y estos son los que tienen que regular a las tecnológicas? Pues agárrate.

-En su libro también se muestra muy crítico con el modelo capitalista basado en el crecimiento. Dicho en una escuela de negocios como la suya, suena revolucionario.

-Hasta la Business Roundtable, que es el 'lobby' más importante de EEUU, ya considera muertas las teorías del liberalismo que decían que una empresa debía limitarse a generar dinero para dárselo a sus accionistas y el mercado se encargaba de todo lo demás. Ese modelo se ha cargado la clase media y solo ha generado desigualdad. No es lógico, ni sostenible, que 40 tíos ganen tanto como los 3.000 millones de personas que están en la parte baja de la distribución de la riqueza.

-¿Entonces qué les dice a sus alumnos, futuros empresarios?

-Que la empresa tiene que generar riqueza, por supuesto, pero debe repartirla para que el sistema sea sostenible. Una parte es para el accionista que te financia, pero otra debes emplearla en que tu empleado esté contento para retener su talento, otra es para cuidar el medioambiente, otra es para la sociedad en su conjunto, y una última es para tus clientes, a los que ya no puedes engañar con la obsolescencia programada. El objetivo es crear un sistema razonablemente distributivo que no penalice la innovación pero que tampoco genere tanta desigualdad.

-¿Y eso cómo se hace?

-Vuelvo a la tecnología. Pensemos en lo que ha pasado en la industria del entretenimiento. Cuando salió Napster, si las empresas discográficas se hubiesen puesto a estudiar el fenómeno para aprovecharlo en vez de atacarlo, Soptify habría nacido diez años antes. Se trata de ser adictos al cambio. Porque téngalo claro: todo va a cambiar.

-Así se titulaba su anterior libro. ¿Cambiaría alguna de las predicciones que trazó hace una década?

-Sí, entonces no supe ver que algunos gigantes tecnológicos que llegaron con muy buenas intenciones acabarían como Facebook, que es una de las empresas más irresponsables de la historia. Lo que hizo en las elecciones norteamericanas de 2016 no tiene nombre. Utilizó los datos de la gente para forzarla a votar cabreada. Eso no es democracia, es manipulación. Lo más grave es que hoy no sabemos si lo volverán a hacer.

-Hablemos de cambios. Si esta entrevista la celebramos dentro de 10 años, ¿viajaremos a nuestro punto de encuentro en coches eléctricos autónomos sin conductor, como predice en su libro?

-O puede que decidamos reunirnos en un entorno virtual generado por nosotros mismos. Nos pondremos unas gafas, cada uno en su casa, y tendremos una experiencia muy parecida a estar juntos.

-¿Veremos pronto en las ciudades zepelines de Amazon repartiendo paquetes en drones?

-El reto está en diseñar el algoritmo que sea capaz de anticipar lo que los clientes van a querer comprar antes de que lo deseen para cargarlo en el zepelín. Pronto podremos predecir las modas antes de que lleguen.

-¿Cómo nos protegemos de los peligros del ‘Deep fake’?

-Está complicado, las tecnologías de manipulación de la imagen y la voz se van a perfeccionar tanto que solo un algoritmo será capaz de descubrir el engaño. Lo único que podemos hacer es educar a la gente para que tenga un juicio crítico y se acostumbre a contrastar todo lo que ve. Técnicas de verificación que hoy pertenecen al campo del periodismo, pronto se enseñarán en preescolar. Desde pequeños, los niños deben saber que la verdad no está nunca en una sola fuente, que han de dudar de todo y comprobarlo todo

-Si pudiera tomar un café con el presidente del Gobierno, ¿qué consejo le daría?

-Que genere un ‘Green new deal’ en España. Varios candidatos demócratas a las elecciones del 2020 ya lo llevan en sus programas. Hay que descarbonizar la economía y hacerla sostenible. Eso significa desmontar un montón de industrias y montar otras, y ahí hay una gran oportunidad para crear riqueza y empleo. España tiene grandes posibilidades. Contamos con muchas horas de sol para desarrollar la energía solar y tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios públicos. Podríamos ser la primera potencia médica mundial.

-¿Con qué ánimo mira al futuro?

-Soy optimista. Veo a los chicos y chicas del ‘Fridays for future’ y me tranquiliza saber que pronto votarán y estarán en los puestos de responsabilidad. Si dependiera de los de mi generación, sería pesimista. Por suerte, dependemos de los que vienen.

Datos biográficos

Tras licenciarse en Biología por la Universidad de Santiago de Compostela, encaminó su formación hacia el mundo de la empresa. Hizo un MBA en IE Business School, se doctoró en Sistemas de Información en UCLA y cursó estudios en Harvard Business School.  

Desde 1990,  enseña Sistemas de la Información en el IE Business School. Esta labor docente la compagina con la intensa faceta divulgativa que desarrolla a través de su premiado blog, sus perfiles en redes sociales (tiene 272.000 seguidores en Twitter) y los incontables artículos de prensa que ha publicado en distintos medios en la última década y media.