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El Tío Joaquín, patriarca de Figueres, con su hijo Jesús Casamiquela y el niño Toni Arenas Pubill.

MEMORIA EN CONSTRUCCIÓN

"La historia de los gitanos la han contado los demás"

Gemma Tramullas

Es día de duelo en el barrio de Sant Joan de Figueres y la mañana suena inusualmente silenciosa. Los niños están en la escuela y los adultos se arremolinan en el local de la iglesia evangélica o hacen vida de puertas adentro, como muestra de respeto a la mujer fallecida. En casa de Jesús Casamiquela Castellón 'El Calvo' (Figueres, 1946), la familia busca el calor de la lumbre. Un cuadro del abuelo, el tío Joaquín, uno de los últimos patriarcas del barrio, domina la escena y la cachaba gitana (la vara del patriarca) cuelga junto a la puerta.

"Cuando hay algún problema en una familia, todos los gitanos acuden –explica Casamiquela en un tono cálido y acogedor que invita a conversar–. Es lo mejor que tienen. Si ven que tienes hijos y nada para comer hacen una recolecta y te lo dan todo. Te dan el corazón. Pero también esto se está perdiendo". Sus ojos azules refulgen como su memoria, que retrocede hasta los relatos de los años previos a la guerra civil.

"Mi abuelo me contó que iba con el carro por la carretera con 10 familias más detrás cuando los rojos les dieron el alto. 'Pare –le ordenaron–. ¿Usted de qué partido es?'. Y mi abuelo les contestó: 'Yo soy del partido que me da de comer'. Y le dejaron pasar".

"Cuando hay un problema, todos los gitanos acuden. Te dan el corazón", asegura Jesús Casamiquela

El abuelo de Jesús Casamiquela estuvo preso en el campo de concentración de Argelès y a su padre lo detuvieron en La Jonquera cuando cruzaba hacia España y pasó cuatro años en la cárcel. El hambre atroz les llevó a comerse hasta los gatos. Solo era un niño cuando vio cómo la guardia civil tiraba su olla de comida al suelo de un puntapié y ordenaba a sus padres que se raparan la cabeza.

La memoria de su generación está marcada por el hambre y la represión. En las comunidades se repiten las mismas historias, pero cuesta que los gitanos de más edad hablen de ello, en parte por miedo y en parte porque no desean revivirlo. Su silencio ha contribuido sin querer a crear ese vacío histórico que ahora intenta llenarse.

Hora del puchero en el Somorrostro, en Barcelona. /Manel gausa (virreina)

La expulsión del Garrigal

Figueres era un cruce de caminos donde se comerciaba con ganado y caballos, lo que atraía a las familias gitanas que, desde el siglo XIX, oscilaron en número. Muchos se marcharon a Francia, llevándose consigo el catalán como seña de identidad, una historia que Eugeni Casanova cuenta exhaustivamente en 'Els gitanos catalans de França'. Los pocos que se quedaron, junto a los que habían llegado de otras partes de España, vivieron hasta los años 60 en el Garrigal, de donde fueron expulsados para reubicarlos en viviendas sociales en el barrio de Sant Joan. Aquella ruptura quebró el equilibro de la comunidad, los alejó de la vida social del centro de la ciudad e inició una etapa marcada por la guetización.

De ahí la importancia histórica de que un miembro de esta comunidad, Joselín Castellón, sea el primer gitano en formar parte de un equipo de gobierno municipal y de que Figueres haya sido escogida como sede para celebrar por primera vez los actos del Día de la Llegada del Pueblo Gitano a Catalunya.

La memoria de los mayores está marcada por la represión, pero no suelen hablar de ello por miedo

En las últimas elecciones municipales, Castellón se presentó como cabeza de lista de la agrupación Guanyem Figueres, que forma parte de un gobierno cuatripartito. Ahora lleva las concejalías de Vivienda, Servicios Comunitarios y Fomento de la Participación. Antes fue pastor evangélico durante 15 años, miembro del consejo de sabios, presidente de la asociación de vecinos y mediador.

"Es una fiesta nueva a nivel de toda Catalunya que ha sido fruto de años de trabajo –explica–. Respecto a otras ciudades, en Figueres los gitanos somos minoría pero fue uno de los primeros pueblos por donde entramos a Catalunya hace 600 años y poder rescatar esta historia y hacerlo desde aquí es un honor. Se trata de que la gente nos conozca verdaderamente, no lo que otros cuentan de nosotros. Porque lo que no se conoce, no se valora".

La fecha del 26 de noviembre fue aprobada recientemente por el Govern y se suma a la cita ya consolidada del Día Internacional del Pueblo Gitano (8 de abril) y otras conmemoraciones históricas como la de las víctimas de La Gran Redada (el intento de exterminio de los gitanos en 1749) y el Holocausto. La elección del día se basa en un documento firmado en Perpinyà el 26 de noviembre de 1415 por Alfonso V (que en ese momento era duque de Girona) en el que se otorga un salvoconducto a Tomàs de Sanno, "fill del duc Bartomeu d’Etiòpia, de la Índia Major" (en catalán en el original).

Sin embargo, Eugeni Casanova advierte de que la referencia geográfica no indica que aquel personaje fuera gitano y apunta a otro documento, fechado en 1425, como primera prueba de la presencia del pueblo nómada en territorio de la Corona de Aragón. Precisamente, la Federación de Asociaciones Gitanas de Catalunya, que agrupa a 96 entidades, impulsa un documental de investigación sobre la diáspora del pueblo gitano.

La bandera gitana 

En todo caso, Figueres dará inicio a la jornada del día 26 colgando la bandera gitana en el balcón del ayuntamiento y durante todo el día se sucederán las actividades culturales, entre ellas una presentación con 'show cooking' del libro 'Halar, cuina gitana a Catalunya'. Por otro lado, el mismo 26 por la tarde, la Agrupació d’Entitats per al Desenvolupament del Poble Gitano als Països Catalans organiza en el Centre Artesà Tradicionàrius de Barcelona la primera gala Guardons Agipcat, que premiará a las personas que más han contribuido al reconocimiento de la historia del pueblo gitano.

Entre 1499 y 1783 se dictaron más de 200 leyes y resoluciones judiciales antigitanas

En menos de 300 años se dictaron más de 200 leyes y resoluciones judiciales antigitanas. La primera fue la pragmática de los Reyes Católicos de 1499, en la Corona de Castilla, mientras que en Catalunya la primera norma data de 1512. El objetivo era hacerlos desaparecer del mapa, bien expulsándolos (azotarlos y cortarles una oreja eran castigos habituales) o asimilándolos. Se les prohibió ser nómadas, su vestimenta, sus oficios, sus costumbres y perdieron la lengua romaní con la que se comunican los gitanos del resto de Europa.

Lo canta con el alma Juan Peña El Lebrijano en el disco 'Persecución': "Finales del siglo XV, 29 de mayo, / una ley sin compasión nace en Medina del Campo. / Cuando firmaron la ley no les tamblaron las manos. / No fueron los judíos ni los moros, / fueron los reyes cristianos".

"Este flujo legislativo antigitano no ha concluido ni siquiera con el advenimiento de la democracia (…) Por tanto, creo que las personas gitanas tenemos éticamente justificado el derecho a la desconfianza de todo lo que emane del poder, siempre payo y siempre antigitano", escribe Nicolás Jiménez, que gestiona el blog de referencia 'Pretendemos Gitanizar El Mundo' junto a Silvia Agüero.

Si hay una fecha que la comunidad tiene grabada a fuego es el 30 de julio de 1749, cuando se puso en marcha un metódico plan de esclavización y exterminio conocido popularmente como La Gran Redada. En el Museo Virtual Gitano, una útil herramienta de difusión impulsada por el Pla Integral del Poble Gitano a Catalunya de la Generalitat, se explica que entre 9.000 y 12.000 gitanos fueron apresados y sus bienes embargados. Los hombres fueron trasladados a prisión y las mujeres y los niños menores de 7 años, a fábricas.

"A partir de entonces el gitano aprendió la lección –afirma Paqui Perona– y creó una estrategia para subsistir que consistía en tener una imagen de cara adentro y otra de cara afuera, para contentar al payo. Muchos tenemos esta lección tan interiorizada que forma parte de nuestra identidad y nuestra manera de pensar". Según esta activista del barrio de La Mina de Barcelona, las políticas de asimilación del pasado han tenido su continuidad en los sistemas de beneficiencia y de ayudas, una cultura del PIRMI que mantendría controlada a la población.

La comunidad gitana se ha puesto en marcha, empieza a reivindicar sus derechos y el año pasado un grupo de jóvenes consiguieron que se retirara la calle del Marquès de la Ensenada (el responsable directo de la Gran Redada, que tiene calles dedicadas en toda España), del nomenclátor de la ciudad de Lleida. Subsistir sin dejar de ser lo que son ha sido la lucha eterna de los gitanos y lo que ha motivado también la explosión de iniciativas para reconstruir su memoria histórica y reafirmar su identidad.

 

Historia de represión

En esta línea, destacan dos documentales de la entidad Voces Gitanas dirigidos por Eva Cruells. 'Sara' narra la experiencia de una adolescente de La Mina que decide hacer el trabajo de investigación del instituto sobre la historia de represión de su pueblo, y 'Samudaripén' habla del impacto que supone la visita a los campos de exterminio donde fueron asesinados 500.000 gitanos. De Voces Gitanas ha surgido también 'Akana' (Ahora), una obra sobre la historia de los gitanos protagonizada por jóvenes de La Mina.

Otro ambicioso proyecto es el que se desarrolla en torno a la calle de la Cera, cuna de la rumba catalana. Un grupo formado mayoritariamente por mujeres jóvenes del barrio van casa por casa haciendo entrevistas y recogiendo miles de fotografías y documentos sonoros y visuales que luego catalogarán para que en un futuro puedan ser consultados en un archivo web.

Impulsada por la Asociación Carabutsí e Intera-Acció, la iniciativa también incluye rutas guiadas por la historia rumbera del barrio, conferencias y espectáculos. Actualmente están buscando un espacio para abrir un ecomuseo donde exponer el material y generar actividades con la idea de reproducir el ecosistema perdido de la calle de la Cera.

"Nuestra historia siempre la han contado los demás. No hay una historia propia de los gitanos catalanes y qué mejor que construirla nosotros mismos –opina Sinaí Batista–. Nosotros conservamos mucho nuestras tradiciones, como el catalán, que forma parte de nuestra identidad. El tiempo evoluciona y nosotras con él, pero guardamos lo que nos han enseñado en casa".

Talita, Aitana, Naomi, Amina, Kissy y Sinaí, de la calle de la Cera de Barcelona. / joan castro

En un contexto de tensión entre tradición y globalización, la mujer gitana es quien más sufre el escrutinio público. En el debate sobre la ceremonia del pañuelo, que prueba la virginidad de la mujer, las opiniones son, como la comunidad, diversas.

"Soy 'youtuber' y puedo integrarme en la sociedad sin perder mis valores", asegura Naiara

"Los gitanos hemos avanzado mucho, quizá hemos perdido el miedo y ahora tenemos más valor para demostrar lo que somos –dice Naiara–. Yo soy 'youtuber' y puedo integrarme en la sociedad sin perder mis valores y mis costumbres, porque no son una obligación, las llevo dentro".

Descubrir la historia de sus antepasados las ha cargado de autoestima para afrontar situaciones que no parecen propias del siglo XXI. Amina, por ejemplo, se viste "de payi", es decir se quita los pendientes de aros y la ropa brillante para parecer "más fina" cuando va a entregar currículos. "Para encontrar trabajo tengo que dejar que ser quien soy". 

Gitanizar el mundo

Precisamente, el Día de la Llegada del Pueblo Gitano a Catalunya pretende darle la vuelta a este proceso de asimilación que sigue vivo después de 600 años. Ahora se trata de gitanizar el mundo, es decir, de poner los valores del pueblo gitano a disposición de la sociedad.

Entre estos valores destaca el sentido comunitario, que el filósofo Isaac Motos asocia con el concepto de "libertad relacional", es decir, la convicción personal de que para ser libre es necesario que los demás también lo sean. "Es un gran reto, organizar la sociedad sin que esté vertebrada por las jerarquías de orden y obediencia –escribe Motos–. Este es el concepto al que llevamos respondiendo los gitanos desde hace mil años: organitzar la sociedad de manera horizontal".

Pedro Casermeiro pertenece a la entidad Rromane Siklovne, da clases de romanó y gestiona la web del Museu Virtual del Poble Gitano. "Para poder poner fin a una situación de opresión –afirma–, la parte dominante debe pedir perdón y restituir a la víctima. Si no, el pueblo gitano estará condenado a seguir siendo una víctima eternamente". 

Por si la idea parece demasiado atrevida en el actual contexto, Casermeiro pone el ejemplo de Suecia. En el 2014, el Ministerio de Cultura publicó un libro blanco titulado 'La oscura historia desconocida sobre los abusos y las violaciones contra los derechos del pueblo gitano'. Como dicen en su propia lengua: '¡Sastipén Talí!' (¡Salud y libertad!).