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Michael Hutchence: Sexo, drogas rock y muerte

FESTIVAL IN-EDIT

Michael Hutchence: Sexo, drogas rock y muerte

Un documental indaga en la compleja y magnética personalidad del líder de INXS, y en las causas de su suicidio por ahorcamiento

Nando Salvà

Michael Hutchence estaba en pie frente a 75.000 fans, con los brazos en cruz y la cabeza echada hacia atrás, extasiado. Era el 13 de julio de 1991, y la multitud que se apiñaba en el estadio de Wembley (Londres) era la mayor ante la que la banda australiana INXS había tocado jamás. Habían alcanzado el cielo. Un año después, Hutchence yacía inconsciente en una calle de Copenhague, víctima de un brutal ataque que cambió radicalmente su personalidad y lo arrojó a la espiral autodestructiva que lo llevó a la muerte. Así se narra en 'Mystify', el documental sobre el cantante australiano que este domingo, 3 de noviembre, se proyecta en el festival In-Edit de Barcelona. 

 

Lo ha dirigido Richard Lowenstein, que realizó muchos de los videoclips de INXS en los 80, sirviéndose tanto de fragmentos de vídeo extraídos de su archivo personal o aportados por antiguas novias y otros allegados como de entrevistas realizadas ad hoc con amigos, colegas y amantes. El metraje revela a un ser contradictorio, radiante en la superficie pero, interiormente, lleno de oscuridad. Lo vemos derrochando glamur mientras viaja entre 'suites' de hotel, fiestas en mansiones de la Riviera francesa y un viaje romántico a bordo del 'Orient Express' junto a Kylie Minogue, pero también carcomido no solo por las inseguridades artísticas y los efectos corrosivos de la fama sino también por traumas familiares pasados, abuso de drogas y daños cerebrales.

Entre Jagger y Morrison

INXS se convirtió en un fenómeno de masas tras la publicación de su sexto disco, 'Kick' (1987), que vendió 20 millones de copias y elevó a Hutchence a la categoría de superestrella internacional. Su estereotipada apariencia de ídolo pop le granjeó el rechazo de la crítica seria, pero al mismo tiempo atrajo a legiones de fans devotos que se rendían ante el magnetismo que exudaba sobre el escenario, moviéndose como un hijo imposible de Mick Jagger y Jim Morrison. Fuera del escenario, recuerda 'Mystify', necesitaba seguir siendo el centro de atención, y así se explica el acceso público que dio a su relación con la cantante Kylie Minogue, entre 1989 y 1991. Según explica ella, su vida en común se basó en una exploración hedonista del sexo, las drogas, la comida, los viajes y demás placeres mundanos. 

Todo cambió para él en agosto de 1992 cuando, mientras paseaba en bicicleta por la capital danesa junto a su nueva compañera sentimental, la supermodelo Helena Christensen, fue agredido por un taxista. Aquel incidente, que se empeñó en mantener en secreto, no solo le dañó de forma permanente el sentido del olfato y el del gusto; también lo convirtió en adicto a los calmantes y lo adentró en las profundidades de la depresión. Su comportamiento se volvió errático y agresivo. Durante una sesión de grabación en 1993, se explica en la película, Hutchence sacó un cuchillo y amenazó con matar al bajista de la banda.

Precario estado mental

Otras cosas contribuyeron a empeorar su precario estado mental. Durante la gala de los Brit Awards de 1996, frente a cientos de miles de espectadores, fue humillado por Noel Gallagher, a quien acababa de entregar un premio –el líder de Oasis lo llamó a la cara «'has-been'», algo así como «acabado»–. Por entonces, además, Hutchence se había convertido en uno de los personajes más vilipendiados por los tabloides británicos a causa de su relación con la presentadora de televisión Paula Yates. Mientras ella permanecía inmersa en una batalla legal contra el músico Bob Geldof por la custodia de sus tres hijas en común, Yates y Hutchence fueron padres de la pequeña Heavenly Hiraani Tiger Lily e, inmediatamente, él empezó a obsesionarse con la posibilidad de que la niña se viera implicada en el proceso judicial y le fuera arrebatada.

De hecho, en la madrugada del 22 de noviembre de 1997, mantuvo una violenta conversación telefónica con Geldof. Horas después, con 37 años, apareció en una habitación de hotel de Sydney, ahorcado; en su sangre se detectaron restos de alcohol, cocaína, Prozac y barbitúricos. Yates se apresuró a rechazar la hipótesis del suicidio, y atribuyó la muerte a la práctica de una asfixia autoerótica. Esa teoría, del todo infundada, es la que la prensa sensacionalista decidió creerse. 'Mystify' no deja lugar a la duda.