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Adam Neumann y Rebekah Paltrow, en una gala en el Lincoln Center de Nueva York, el 24 de abril del 2018.

Cómo hacerse milmillonario arruinando tu empresa, según Adam Neumann y Rebekah Paltrow

Núria Marrón

La intersección exacta entre 'The Wall Street Journal', la cultura de la celebridad y la sala de guionistas distópicos de Netflix es en estos momentos la pareja formada por Adam Neumann Rebekah Paltrow, cofundadores de WeWork. La compañía de 'coworking' empezó el 2019 siendo el gran acontecimiento del año y –tras una fallida salida a bolsa que ha hecho aflorar números ruinosos– lo ha acabado convertido en el último gran fiasco de la nueva economía. Un descalabro que cada día sirve nuevos episodios de un serial profundamente contemporáneo en el que no faltan excesos, codicia, emprendeduría new age, empleados desamparados y toda esa cháchara de Silicon Valley de «muévete rápido y rompe cosas».

Desde que se conocieron en Nueva York  y fundaron WeWork hace 10 años, todo cuanto se han movido y han roto Neumann (crecido en un kibutz), y Paltrow (prima de Gwyneth y especializada en Negocios y Budismo en Cornell) ha ido acompañado del adjetivo «consciente» y de esa mezcla tan actual de espiritualidad, autoayuda, narcisismo y gestión depredadora.

Una escuela "consciente" de 38.000 euros anuales

Tampoco les ha faltado el don de la oportunidad: su plan de negocio emergió de entre los cascotes de la crisis del 2008. La pareja vio que el precio de las oficinas había bajado; que las empresas empezaban a ahorrarse costes salariales tirando de autoempleo, y que había recorrido para una compañía que ofreciera una mesa de trabajo en un ambiente Ikea a quienes intentaran autoemplearse.

Ya desde el principio, WeWork creció en un ambiente desquiciado. Rebekah, con fama de tratar al personal como si fueran pulgones, conciliaba la dirección de marca con decisiones erráticas (ha tenido seis asistentes en dos años y ha despedido a gente por no gustarle «su energía») y la fundación de una escuela llamada WeGrow que cerrará próximamente y a la que iban sus cinco hijos junto a otros niños cuyos padres pagan 38.000 dólares anuales para que aprendan a ser «emprendedores conscientes».

El «superpoder del cambio»

«Una gran parte de ser mujer –ha llegado a decir– es ayudar a los hombres a manifestar su vocación». Con o sin su ayuda, Neumann tenía clara la suya: era el nuevo mesías de las 'start-ups'. Con melenas grunge y casi dos metros de altura, solía abrasar los oídos con disquisiciones sobre el trabajo en la edad moderna. A menudo descalzo, decía a sus empleados que tenían «superpoderes» y que el suyo era el del «cambio».

Daba fiestas en la oficina en las que volaban las botellas de tequila de 120 euros, despedía al 20% de sus trabajadores para mantener al personal «en alerta» y, por el camino, se inventó un modelo de negocio en el que para lograr el dominio del sector, rebentó precios y quemó millones de dólares. De tal manera que cuando las deudas le obligaron a salir a bolsa, se descubrió que la empresa, entonces valorada en 47.000 millones de dólares, perdía 219.000 cada hora de cada día. 

2.000 empleos en el aire

El resto ya es historia: el matrimonio, al que se le han descubierto no pocos chanchullos en la gestión de la compañía, ha sido destituido de sus cargos ejecutivos y ha dejado 2.000 empleos en suspenso. Sin embargo, como muchos otros seriales financieros, esta parábola tiene una moraleja más bien distópica.

El accionista japonés Softbank se ha hecho esta semana con el control de WeWork –valorada ahora en 8.000 millones– y ha dispensado una inyección millonaria para mantenerla a flote. 'The Wall Street Journal' explicaba que Softbank comprará casi 1.000 millones de dólares en acciones a Neumann, que renuncia como presidente y recibirá un pago por consultoría de 185 millones más y una línea de crédito de otros 500, monto que se suma a los 700 que ya se cobró en verano. O sea, que finalmente el fabuloso fiasco le ha servido para entrar en la lista de milmillonarios de 'Bloomberg'.  

Temas: Crisis