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'Queer eye', el 'reality' que trincha prejuicios

'Queer eye', el 'reality' que trincha prejuicios

El 'show' de Netflix es un referente de la defensa de los derechos LGTBI y contra el racismo

Idoya Noain

Aunque en estos tiempos cueste creerlo, se puede ser agradable con los demás, respetar la diferencia, promover las virtudes de la vulnerabilidad y fomentar la empatía. Se puede hacer todo eso siendo a la vez sensible y fabulosamente uno mismo. Se puede hacer en un 'reality', revirtiendo las reglas de conflicto que tradicionalmente han guiado la fórmula y apostando, en cambio, por una lluvia de bondad. Y haciéndolo, se puede triunfar más allá de la pantalla, convirtiéndose en referente cultural y social.

Eso es lo que ha probado 'Queer eye', el exitoso y premiado 'show' creado para Netflix por David Collins sobre la base de 'Queer eye for the straight guy', un rompedor espacio que, entre el 2003 y el 2007, emitió el canal de cable estadounidense Bravo y que con su llegada hace dos años a la plataforma de 'streaming', donde ya hay disponibles cuatro temporadas, dio el salto global.

  

La meta de fomentar la tolerancia que perseguía el original se ha elevado hacia la aceptación. Y si aquella semilla ha florecido de forma explosiva en buena parte es por la autenticidad, el trabajo, las personalidades y la disposición a compartir sus propias historias, retos y transformación de Jonathan Van Ness, Tan France, Karomo Brown, Bobby Berk y Antoni Porowski, los 'fabulosos cinco'.

Sus viajes por Estados Unidos para ayudar a personas corrientes a las que llaman "héroes" a realizar cambios tanto en apariencias como vitales han metido en casas del mundo entero una parte del país mucho menos frecuentada por las cámaras que las ciudades y las costas. En sus episodios, cruzan fronteras de clase, raza y sexualidad. Y, poniendo el foco en historias y gente en la superficie muy distinta a la mayoría de espectadores, hacen sentir que, en el fondo y de alguna manera, todos somos muy similares.

Figuras relevantes

Hace no tanto los 'Fab five' eran personajes desconocidos para el gran público. Hoy, tres años después de destacar y probar su química en un 'casting' en el que empezaron 300 candidatos, son relevantes figuras públicas con impacto cultural. Lo mismo salen en un vídeo de Taylor Swift que se convierten en estrellas en Washington cuando visitan a Alexandria Ocasio-Cortez y Nancy Pelosi en el Congreso.

Dan conferencias y publican inspiradores libros de memorias. Y no falta la promoción personal (el 'tour' de comedia de Van Ness, el nuevo restaurante de Porowski, la nueva línea de muebles de Berk, el próximo proyecto en Netflix de France...), pero usan también la fama como vehículo de lucha por los derechos LGTB y otras causas de justicia política, económica, social o racial.

"El género es una construcción social que muchas veces se usa para dividir", dice Jonathan Van Ness

"No creo que ninguno de nosotros pudiera haber anticipado cuánto impacto tendríamos", le decía a la web 'Deadline' Van Ness el mes pasado, cuando se convirtió en el primer hombre embajador de una marca de laca de uñas y se declaró no binario en la revista 'Out', donde opinó que "el género es una construcción social" que "muchas veces se usa para dividir y separar".

Él mismo ha explicado que su camino no fue fácil. "Tuve que luchar muchos años para estar orgulloso de la persona que veo en el espejo y quererla realmente", ha dicho en alguna ocasión. Pero ahora, con su propia montaña conquistada, decidido a luchar contra la masculinidad tóxica ("aunque sin un plan concreto") y con un respeto radical a su esencia, no solo ha logrado aceptación sino "directamente adoración" como reflexionaba en 'The Washington Post' John Paul Brammer, un escritor y crítico cultural de una web LGTB. "Mucha gente 'hetero' ama la caricatura y la idea del gay pícaro y descarado, pero eso puede ser una lectura muy unidimensional de los gais y Van Ness le ha dado la vuelta".

Identidad y activismo

No es la única historia de inspiración que exuda Queer eye. Berk nunca acabó el instituto y, como tantos gais jóvenes que se marchan de casas conservadoras –en su caso a los 15 años–), fue durante un tiempo un sin techo. Tan, el experto en moda, británico de familia pakistaní y musulmán, tuvo también una infancia complicada, ha sufrido racismo y problemas en los negocios que le llevaron al borde del suicidio. No habló con su familia de su identidad sexual hasta el estreno del 'reality'. 

Bobby Berk, de familia pakistaní y musulmán, no habló con su familia de su identidad sexual hasta el 'reality'

Nadie se sorprenderá si Brown acaba dando, como pretende, el salto a la política en California. Hace años ya que el único padre de los 'Fab five' está volcado en el trabajo social y el activismo. Y su propia historia de ave Fénix renacida de adicciones y relaciones tumultuosas en las que se quemó tras probar la fama en el 2004 con otro 'reality' en MTV da sentido especial a sus intervenciones.

Quizá el eslabón más débil en la cadena es Porowski, cuyas credenciales de chef no son las más creíbles. El exactor y modelo y sus compañeros, no obstante, han dado una lección de cómo combatir el odio que tan fácil se propaga en las redes sociales. Ignoran los insultos y ataques, o replican con citas como una de Carl Jung que Porowski colgó en su Instagram. "Pensar es difícil, por eso mucha gente juzga".