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Malú, el amor intermitente

Malú, el amor intermitente

Su relación con Albert Rivera se ha convertido en el enigmático serial del verano

Ramón de España

La pareja de moda, Malú y Albert Rivera, parece que, finalmente,  sí lo es (pareja). Y el enigma se ha despejado finalmente al acompañar la cantante al pobre Albert en su salida del hospital de Móstoles en el que ha permanecido ingresado esta semana a causa de una gastroenteritis por salmonelosis (en verano no hay que acercarse a la ensaladilla rusa, Alberto Carlos). El misterio de la relación ha durado unos seis meses, por lo que el legendario ingenio español no ha tenido apenas tiempo para improvisar unos sarcasmos a costa del político y la cantante, como sí ha sido posible en el caso de Pablo Iglesias e Irene Montero, denominados 'los Ceaucescu' (por la lengua viperina de Alfonso Guerra) o los 'Marqueses de Galapagar' (por la no menos bífida de Federico Jiménez Losantos).

El culebrón

Lo de Albert y Malú ha sido raro. Primero nos informan de que están juntos. Luego nos enseñan el casoplón que han pillado en las cercanías de Madrid. Poco después se separan, aduciendo ella que Albert solo piensa en su carrera política y no se preocupa mucho por la mujer que tiene al lado; él no ha dicho nada, aunque no es descartable la creación de un cordón sanitario en torno a Malú (es del dominio público que Rivera solo tiene una idea en la cabeza: llegar a presidente de la nación como sea, y que no se le conocen muchos amigos, ¿quién los necesita teniendo al fiel Villegas dándole la razón permanentemente?). Este jueves la revista 'Semana' rectificaba y decía que en realidad no habían roto. Y así llegamos al viernes, cuando la pareja ha decidido regalar la primera foto oficial para celebrar el alta hospitalaria. 

Pero bueno, si Rivera tiene una carrera política, Malú tiene una carrera musical rutilante y, además, se puede echar novio cuando quiera. No sirve como novia florero y ello es muestra de carácter, el mismo que le ha permitido vender la friolera de dos millones y medio de discos a lo largo de su trayectoria.

Sobrina del guitarrista 
Paco de Lucía,
ha vendido
2,5 millones
de discos

María Lucía Sánchez Benítez (Madrid, 1982) fue rebautizada como Malú a los dos días de nacer por su tía Reyes, a la que el nombre de la niña se le antojaba demasiado largo. Hija del cantaor Pepe de Lucía y sobrina del mítico guitarrista Paco de LucíaMalú fue descubierta por el productor Jesús Yanes cuando tenía 15 años, publicando su primer disco, 'Aprendiz', en 1998.

El álbum fue un éxito, gracias especialmente al tema que le daba título, un regalo de Alejandro Sanz. Desde entonces, ha publicado otros 10 que han funcionado divinamente, incluyendo algunos en directo y hasta un deuvedé.

‘Power baladista’

Su base de fans es amplia y fiel. Catalogarla en un estilo no es fácil, pues está entre el pop aflamencado y un tono hispánico genérico que funciona muy bien en Sudamérica. Su especialidad es eso que los anglosajones definen como power ballads, es decir, canciones melódicas con un potente apoyo instrumental (rayano a veces en la sobreproducción) que ella interpreta de forma poderosa y sensual, aunque sin llegar a los rugidos de Mónica Naranjo, por poner un ejemplo razonable.

Persona solidaria y atenta a las necesidades ajenas, Malú ha colaborado con Cruz Roja, Unicef, Save the Children, Greenpeace y asociaciones en defensa de los animales. Para ayudar a los bípedos se prestó a ejercer de entrenadora –o coach, que se dice mucho ahora, sobre todo por parte de los que no saben pronunciar la palabreja– en el programa de televisión 'La Voz'. Y lo mejor que se puede decir de ella es que ha venido para quedarse. Con o sin novio.