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Isabel Pantoja, un imán caribeño para la audiencia

Tàssies

Isabel Pantoja, un imán caribeño para la audiencia

Juan Fernández

Adjudican a Salvador Dalí, el Moisés de los 'influencers' cuando no había redes sociales, la enunciación del dogma sobre el que se asienta el catecismo de la fama: "Que hablen de ti, aunque sea bien". Carne de chisme desde mucho antes de convertirse en 'la viuda de España' –trono del que ninguna tragedia familiar de postín ha logrado apearla en 35 años–, Isabel Pantoja maneja con tanta audacia la dimensión mediática de su figura que ha conseguido convertir su vida en un folletín sin fin y a ella, en un personaje público de usar y nunca tirar. 

Inasequible a la indiferencia del público, fuente inagotable de dramas y giros de guion, no se concibe nada que ella pueda hacer o decir que no genere noticia, ni existe un autor de coplas que sea capaz de resumir su biografía en la letra de una épica canción. Verla ahora cada día tostándose como un lagarto en las playas de los Cayos Cochinos mientras revienta los audímetros, no es sino la última demostración del poderío que ejerce sobre nuestra capacidad de fascinación. Nadie sabe cómo lo hace, pero 'la Panto' siempre sabe apañárselas para robarnos la atención. 

Estampa caribeña

Se las prometían muy felices en Tele 5 el día que la tonadillera se comprometió a participar en la edición de este año de 'Supervivientes', pero dos meses después de su salto del helicóptero, que generó más expectación que el de la reja de la ermita del Rocío, su influencia beatífica sobre el concurso está superando los augurios más optimistas. Gala tras gala, el programa bate récords históricos de audiencia –ninguna emisión ha bajado de los tres millones de espectadores– y la estampa caribeña de la cantante inunda cada semana las revistas del corazón y las webs de cotilleos, atentas todas a cada ¡ay! de la cantante a la sombra de los cocoteros. 

Hay concursantes de realities que necesitan liarla parda para que la cámara repare en ellos. A Isabel Pantoja solo le hace falta ser ella misma para llenar 12 horas diarias en las cadenas de Mediaset. Podría enterrar su cuerpo en la arena y pasar así lo que queda de concurso y seguiría siendo la niña del ojo de la emisora de Fuencarral, donde en otros tiempos extrajeron petróleo despellejándola. De hecho, por ahora no ha precisado forzar su presencia en las playas de Honduras para ser la comidilla de todos los resúmenes y debates. 

Digerido el impacto de su reencuentro con Chelo García Cortés, su despechada amiga del alma, a la cantante solo se le asignan un par de subtramas en el programa a cuento de un cruce de miradas lascivas con Colate y del presunto ataque de ansiedad que sufrió un día por los recuerdos del penal que le despertó la visión del ancho mar. Su confesión de expresidiaria ante Jorge Javier Vázquez, vía pantallas interpuestas, es lo más morboso que ha dejado, al menos por ahora, su paso por el Supervivientes. 

Cláusulas secretísimas

Entre las palmeras se oyen voces de concursantes, como Dakota, quejándose de trato de favor del programa hacia la folclórica. Que si a ella la dejaron más tiempo de asueto el día de las visitas familiares, que si la favorecen en las pruebas, que si le permiten tintarse el pelo para disimular las canas… Las cláusulas del contrato que firmaron Isabel Pantoja y Paolo Vasile, capo de Mediaset, son más secretas que las reuniones del club Bilderberg, pero parece obvio que a ninguno de los dos le interesa que la estancia de la sevillana en Honduras acabe pronto, por más que ella haya amagado un par de veces con pedir que la saquen de allí inmediatamente. 

Si ese día llegara precipitadamente, la cadena perdería a su gallina de los huevos de oro y ella, una suculenta vía de ingresos económicos –agua de mayo para la maltrecha situación financiera que le dejaron sus desavenencias con Hacienda–, así como un infalible test para medir el poder de atracción que conserva entre el público, oro molido de cara a futuras negociaciones de caché. 

De momento, la protagonista de tantas historias de copla y esperpento como lleva a sus espaldas puede dormir tranquila junto al rompeolas: Isabel Pantoja sigue siendo un irresistible imán en la pantalla del televisor.