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¿Qué significa hoy ser de izquierdas?

Ferran Nadeu

¿Qué significa hoy ser de izquierdas?

Juan Fernández

En las últimas elecciones generales, casi 13 millones de españoles metieron en la urna la papeleta de algún partido declarado "de izquierdas", ADN ideológico que dicen compartir formaciones como PSOE, Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya, Bildu, Compromís, o BNG, entre otras. En los días posteriores al 28-A, el electorado progresista se mostraba entre aliviado y eufórico: no solo había logrado detener el avance de la extrema derecha, que aparecía más fuerte en las encuestas que en el recuento de votos, sino que había logrado mostrar un músculo que no lucía desde el comienzo de la crisis. 

Los análisis demoscópicos coinciden en vincular la victoria de la izquierda a la alta participación (75,7%, una de las más elevadas de la democracia), espoleada por la movilización del caladero progresista, que acudió a los colegios electorales con la motivación de las citas históricas. Lo que ya no explican los sondeos es qué tenían en sus cabezas todos esos votantes ni qué significa para ellos declararse "de izquierdas" hoy en día. Los fríos números tampoco cuentan qué menú de medidas deberían ofrecer los partidos progresistas para atender las expectativas de sus simpatizantes. Responder a estas preguntas es misión de la ciencia política.

¿Qué significa hoy ser de izquierdas? 

Sondeo tras sondeo, desde hace 30 años, el CIS sitúa al español medio en el 4,5 del espectro ideológico, siendo el 1 la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha. La foto política del país retrata a una sociedad más de izquierdas o de centro-izquierda que de derechas, donde los índices de filiación son menores.

¿Qué lleva a esos ciudadanos a definirse así? "En España, la gente de izquierdas proviene, mayoritariamente, de familias progresistas, a menudo identificadas con los perdedores de la guerra y el franquismo, que luego crecieron en entornos sociales afines a esa ideología. Pero el vínculo es más sentimental que fruto de una reflexión política sobre los valores que comparten", sostiene Ignacio Urquizu, sociólogo, diputado socialista en el Parlamento aragonés y autor del estudio '¿Cómo somos? Un retrato robot del español medio'.

"Un militante de izquierdas de hace 40 años hoy nos parecería carca", afirma Torres Mora, exdiputado socialista

Entre los teóricos de la ciencia política existe el consenso de que los valores de la izquierda son hoy los mismos que hace medio siglo, orientados a la lucha contra la desigualdad y la búsqueda de la justicia social. Pero la sociedad española ha cambiado notablemente en las últimas décadas y esto afecta, inevitablemente, a cómo se relaciona con la ideología.

"Un militante de izquierdas de hace 40 años hoy nos parecería un carca. No entendería la igualdad de la mujer, ni los derechos del colectivo LGTBI, ni la integración de los extranjeros, que son banderas defendidas por la izquierda en estos años. Fruto de esa labor, hoy España es más progresista que hace cuatro décadas", afirma José Andrés Torres Mora, exdiputado socialista y autor del libro 'La izquierda es libertad'. 

La paradoja que persigue a la izquierda es que sus logros sociales conviven con una sensación de derrota en lo económico, y esto también tiene que ver con los cambios vividos en España en las últimas décadas. "Hacer políticas progresistas en un país de 8.000 euros de renta media es más fácil que hacerlo en otro de 30.000. En aquel, los servicios públicos estaban por montar y los resultados se notaban en seguida. En este, las clases medias se han hecho fuertes y, a menudo, atender sus demandas implica descuidar a las clases más bajas, lo que se percibe como menos progresista", observa Urquizu.

"El resultado de ese proceso ha sido un desplazamiento del eje ideológico hacia la derecha. El votante del PSOE de los años 80 se ha hecho conservador para mantener el estatus logrado. La prioridad social ha sido sustituida por la económica, desde una perspectiva liberal, y esto ha provocado una pérdida de identidad en la izquierda", apunta la profesora de ciencia política Ruth Ferrero-Turrión.

Manifestación de indignados en la Via Laietana de Barcelona. / danny caminal

¿Cuándo se produjo el desapego? 

Más paradojas contemporáneas: si la crisis ha legado un mundo marcado por la desigualdad, ¿por qué los partidos que promueven el igualitarismo no arrasan en las urnas? La respuesta más habitual a la pregunta del millón de nuestro tiempo conduce a ese principio conductista según el cual, ante la duda, la gente prefiere el original. "La socialdemocracia se apuntó al neoliberalismo de rostro humano que proponía la Tercera Vía de Tony Blair y ahí comenzó su decadencia. Para mucha gente llegó a ser imposible distinguir una opción de la otra", señala el filósofo político Josep Ramoneda.

"La socialdemocracia
se apuntó al neoliberalismo de rostro humano que proponía Tony Blair
y comenzó su decadencia", subraya el filósofo Ramoneda

Lo cierto es que la fórmula funcionó durante un tiempo. A principios del 2000, tal y como reconocía el propio 'The Economist', un conductor podía guiar su coche desde Escocia hasta Lituania sin pisar un país gobernado por la derecha. Pero la crisis pilló a la socialdemocracia disfrazada de neoliberal y sus electores no se lo perdonaron.

"Los más radicales opinan que la izquierda traicionó sus ideales cuando ostentó el poder. Los más pragmáticos alegan que no tuvo otra opción. Lo cierto es que la contribución de la socialdemocracia al diseño de la moneda común acabó limitando el carácter progresista de las políticas que podían aplicar cuando llegaban al gobierno", interpreta el sociólogo y politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca, quien cita la reforma laboral como ejemplo de esas limitaciones: "En la oposición, Pedro Sánchez prometió que la derogaría. En la Moncloa, ha descubierto que no es tan fácil", compara el analista.

¿Qué piden los votantes? 

Según la politóloga Gemma Ubasart, el mensaje lanzado por el electorado progresista en las últimas citas con las urnas es claro: "El PSOE se hunde cuando apuesta por la austeridad y se recupera cuando se podemiza y construye imaginario de izquierdas". El reto es averiguar en qué consiste hoy ese imaginario.

El retrato robot del votante de izquierdas de hace 40 años era un obrero de mono azul que cobraba un salario bajo con el que iba tirando, pero que sabía que podía alcanzar la jubilación con ese plan de vida. El de ahora, reparte paquetes en bici como falso autónomo de empresas como Deliveroo o tiene varios trabajos precarios para llegar a fin de mes y ha interiorizado que sus hijos van a vivir peor que él.

"La izquierda debe poner en el centro la igualdad, la educación y las políticas de género", dice Cristina Monge

"Justo cuando nos sentimos más vulnerables, descubrimos que el Estado nos protege menos que nunca. La gente pide vivir sin miedo al porvenir. Por eso, el reto de la izquierda es gobernar la globalización desde enfoques de equidad y generar seguridad frente a la incertidumbre", entiende la politóloga Cristina Monge. Y añade: "No es un problema económico, sino de gobernanza. La izquierda debe demostrar que es capaz de llevar a la práctica otra forma de ejercer el poder, poniendo en el centro asuntos como la igualdad, la educación, los derechos humanos o las políticas de género".

Pancarta feminista del 8-M. /ricard cugat.

La bandera, ¿roja, verde o lila? 

En los últimos tiempos, en el ámbito de la izquierda se han oído voces que culpan de la debilidad del discurso progresista a la atención que ha prestado a demandas identitarias como el feminismo, el ecologismo o los derechos del colectivo LGTBI, mientras desatendía la perspectiva de clase, centrada en lo económico. "Ese diagnóstico puede valer para Estados Unidos, pero no concibo que un votante progresista español retire su apoyo a su partido de izquierdas de toda la vida por haber defendido estas banderas", opina Sánchez-Cuenca. "Más bien, es al contrario. Si la socialdemocracia tiene futuro, este pasa por tomarse en serio el cambio climático, que va a ser una preocupación central en los próximos años, y por implicarse en la revolución feminista, que es la única movilización realmente subversiva de nuestro tiempo", añade Josep Ramoneda.

Jóvenes concentrados contra el cambio climático, en Barcelona. / ferran nadeu

¿Cómo abordar la desigualdad?

¿Y qué pasa con el rojo? ¿Dónde quedan los discursos de clase en un mundo en el que la clase obrera se ha transformado en un precariado transversal y con múltiples perfiles? "La batalla de la izquierda ya no se libra en las barricadas. Ahora se libra en la ventanilla de la administración donde acude el precario a pedir una prestación social y se la conceden porque hay un presupuesto para atenderle", responde Torres Mora.

"Hay que prevenir la desigualdad antes de que se produzca, no corregirla después", apunta Borja Barragué

Si hay una demanda en la que coinciden todos los discursos progresistas, sean más o menos radicales, es la de la lucha contra la desigualdad. La estrategia seguida hasta ahora para corregir los desequilibrios de renta ha consistido en redistribuir la riqueza a través de los impuestos, pero cada vez toman más protagonismo otras propuestas que desbordan el marco clásico de acción de la izquierda. 

"Hay que prevenir la desigualdad antes de que se produzca, no corregirla después", apunta el profesor de Filosofía del Derecho Borja Barragué, autor del libro 'Larga vida a la socialdemocracia', quien advierte: "El Estado Robin Hood que quitaba dinero a los ricos para dárselo a los pobres tiene cada vez menos margen de acción. Los impuestos no pueden subirse indefinidamente, y además son impopulares". Desde su punto de vista, un gobierno de izquierdas dispone de un menú de medidas "predistributivas" que pueden reequilibrar la sociedad por otras vías. "Subir el salario mínimo, universalizar la educación gratuita de 0 a 3 años y crear vivienda pública genera igualdad sin necesidad de tocar los impuestos", destaca Barragué.

¿La izquierda tiene futuro en Europa? 

La victoria del PSOE ha coincidido en el tiempo con la alcanzada por la socialdemocracia en Dinamarca esta semana y en Suecia y Finlandia en el último medio año. ¿Está cambiando el viento político en el continente? "Aún es pronto para decirlo, pero el reto de reinventar la socialdemocracia europea hoy parece más vivo que nunca, y a Sánchez se le señala en Europa como el líder posible para llevarlo a cabo. Tiene en sus manos una responsabilidad enorme", opina Cristina Monge. Según Ruth Ferrero-Turrión, experta en política internacional, esa reinvención pasa por "recuperar el proyecto de la Europa social, que se abandonó en el 2005 y desde entonces no se ha vuelto a hablar de él". 

Las formaciones eurófobas de extrema derecha han vuelto a obtener importantes apoyos en varios países en las últimas elecciones al Parlamento Europeo. ¿Puede ser la izquierda el antídoto contra esa amenaza? "De hecho, Europa solo tiene futuro si el proyecto comunitario se replantea con medidas que caminen hacia la libertad, la igualdad y la fraternidad, que es lo que defiende la izquierda", responde Gemma Ubasart