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Alejandro Gómez Palomo, antes del desfile de enero del 2018 en París. 

Palomo Spain: cómo hacer que te deseen Beyoncé y el Metropolitan

Núria Marrón

En apenas tres años, el diseñador Alejandro Gómez Palomo, de la firma Palomo Spain, ha tenido tiempo de a/ armar un 'tomahawk' teatral y dramático contra las normas de género llevando la indumentaria masculina a un punto ciego en el que b/ confluyen los salones barrocos, el dandismo dieciochesco, el Fabio McNamara de la movida y el folclore de la Semana Santa; lo que le ha permitido c/ convertirse en la comidilla de la liga internacional del sector y vestir a divas maximalistas como Beyoncé, Madonna y Rosalía, y d/ erigirse en uno de los cinco diseñadores jóvenes que el Met de Nueva York ha elegido para la exposición dedicada a la moda de esta primavera, que está consagrada al camp y se presentará el lunes, 6 con toda la pompa, los post y los flases que la editora del Vogue, Anna Wintour –organizadora de una gala en la que el cubierto cuesta 35.000 dólares–, sea capaz de arañar.

En un momento en el que arrecian las críticas a la industria de la moda por el clasismo, el sexismo y la colonialidad de sus mensajes –así como por la explotación humana y ambiental sobre la que se sustenta–, el comisario de la muestra y capitán del Costume Institute, Andrew Bolton, ha echado por la senda de la diversidad y de los espacios de desestabilización y libertad que la indumentaria sí ha contribuido a desbrozar.

Pol Roig luce el vestido nupcial que cerró el desfile de septiembre del 2017. 

El 'camp', según Susan Sontag, es un 'no sé qué' antinatural, artificioso y exagerado, un código secreto que gusta y repele a la vez 

Así, el andamio intelectual de la muestra lo ha encontrado en el ensayo que en 1964 Susan Sontag dedicó al 'camp', un no sé qué, vino a decir, extravagante y escurridizo que definió  como «un amor por lo antinatural, el artificio y la exageración», «un código privado» que gusta y repele a la vez, y que, a su manera, perturba y desafía el binarismo con el que se ha leído el arte y la vida. Ya saben: culto/popular; frívolo/serio; profundo/trivial; masculino/femenino; heterosexual/homosexual.

Comprenderán, pues, que los armarios de Palomo Spain, que acaba  de cumplir 27 años, comparten código fuente con este fresco de espíritus e ideas en el que Sontag y la crítica que llegó después han incluido desde la retórica del general DeGaulle hasta la obra de Caravaggio, 'El lago de los cisnes', los cómics de Flash Gordon, las disidencias queer y las estéticas LGTBI y 'drag-queen'. En estas coordenadas, uno de los vestidos elegidos para la muestra –con el que su novio, Pol Roig, hijo de la artista feminista Eulàlia Valldosera, cerró el desfile de septiembre del 2017– es en sí mismo un punto de fuga puramente 'camp': un novio cuajado de transparencias, pétalos de 'chiffon' y plumas de avestruz que elige el a priori solemne camino del altar para homenajear a la Cher más extrema de los 80.

El traje nupcial que se verá en la muestra lo lució su pareja, Pol Roig, y cerró el desfile de septiembre del 2017

De hecho, el vestido –que se verá en el Met hasta el próximo septiembre– funciona tanto de coronación como de síntesis de esta firma que en tiempo récord ha introducido una nueva subcultura en la moda–«los palomos»– a base de cortocircuitar el armario masculino con códigos femeninos y androginia historicista (aunque al final, es cierto, quienes acaban luciendos con más ruido sus creaciones son las divas del 'más es más'). Y es, precisamente, la cara b de este frenético trienio la que se documenta en un libro que se presentará en junio, 'Alejandro Gómez Palomo, Palomo Spain'. En él, Pol Roig hace de notario de este fenómeno que se fraguó en la localidad cordobesa de Posadas, donde el diseñador, hijo de ingeniero y maestra, mantiene el taller y donde, de crío, empezó compiando los vestidos de Yves Saint Laurent y John Galliano para sus Barbies, la mayor colección, presumía, de todo el pueblo.

Beyoncé eligió una bata de Palomo Spain para armar una anunciación que parecía organizada por Liberace. 

Lo que vino después ya es historia (o leyenda 'camp'): a los 18 años se fue a Londres, donde, dice, pulsó los gustos de las compradoras de moda sirviendo copas en un bar pijo de Knightsbridge; estudió moda y trabajó en el departamento de costura de los almacenes Liberty; y tras su regreso a España se coló en los radares de la 'intelligentsia' del sector [el primero, el de la superpoderosa estilista y exeditora del 'Vogue' francés Carine Roitfeld] con la colección 'Orlando', un guiño al personaje de Virginia Wolf que cambia de sexo y vive 300 años.

El diseñador acaba de poner a la venta un libro que documenta los tres años de vida de su firma

Cabe decir que en esta empresa le han acompañado siempre sus padres. «No somos ricos y este es un mundo de ricos», decía tiempo atrás su madre, Manoli, que lo mismo ha sufragado gastos que ha preparado el cátering de los desfiles. Así, tras empezar la firma por el tejado (la metáfora es suya), la casa se esfuerza ahora en apuntalar una producción que dé respuesta a los pedidos y en rentabilizar –ya sea con productos más económicos, colaboraciones con otras firmas o haciendo de jurado en 'Maestros de la costura'– su potente imaginería. Por cierto, que el diseñador asistirá a la apertura de la muestra ante la prensa, pero no a la Met Gala del lunes. Lástima: nos quedaremos con las ganas de ver qué se entiende en 'palomo' por estricta etiqueta 'camp'.