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El paredón de los 2.238 fusilados

Miguel Lorenzo

EXHUMACIÓN DE LA MEMORIA DE LA GUERRA CIVIL

El paredón de los 2.238 fusilados

'El Terrer' de Paterna, donde hubo ejecuciones hasta 1956, se ha convertido en lugar de peregrinación de políticos y medios

Nacho Herrero

Abril del 2019. Ochenta años del fin de la guerra civil y del inicio de la represión franquista contra los últimos defensores de una República que este domingo cumpliría años. El cementerio de Paterna y su cercano y sombrío Paredón de España se han convertido en escenario simbólico de aquel cruento ajuste de cuentas y de una memoria solo parcialmente desenterrada.

Solo dos días después de que Franco diera por "cautivo y desarmado" al Ejercito Rojo y la guerra por terminada, empezaron los fusilamiento en 'El Terrer'. Era una zona de instrucción dentro de un gran cuartel militar adscrito a esta localidad valenciana. Había algún algarrobo perdido y una montaña de tierra de unos 10 metros apoyada en una tosca estructura de piedra que justificaba el nombre del lugar y permitía disparar sin riesgo de balas perdidas. Aquel 3 de abril de 1939 este paraje empezó a convertirse en el Paredón de España, el elocuente nombre que ya tenía en 1956, cuando presenció los últimos ajusticiamientos. Estaba y está a apenas 300 metros en línea recta del cementerio.

El Paredón de España. / MIGUEL LORENZO

La zona ahora es un pinar atravesado por el último vestigio de aquella estructura, una valla de piedra salpicada de agujeros que apenas sobresale un metro y medio del suelo, y en la que no faltan grafitis y firmas. Algún ramo marchito parece querer decir algo, pero la tierra y el tiempo han difuminado todo. Un aséptico cartel verde recuerda el tétrico nombre pero es para anunciar que, aunque esté abierto, el terreno es privado y que está prevista la construcción del primer 'ecobarrio' de España. Un PAI con ínfulas que, sin concretar mucho, ha mostrado voluntad para, entre sus mil casas, respetar este espacio. Tampoco nadie les ha exigido más.

Desde el último disparo pasaron 30 años sin que nadie reparase mucho en un lugar que últimamente atrae a medios de comunicación y partidos de izquierda casi por igual. De la BBC a Al Jazeera, de Pedro Sánchez –presentó aquí su propuesta para reformar la Ley de Memoria– a Pablo Iglesias, que hace unos días llegó siguiendo el rastro de un tío abuelo.

Un hallazgo casual 

Todo empezó a cambiar a mitad de los años 80 casi por casualidad. El historiador Vicent Gabarda preparaba una tesis económica sobre la Paterna de los 40. "Fui al registro para ver a quién habían fusilado, porque me habían hablado de cuatro o cinco del pueblo y algún extranjero, y me encontré que los libros de matrimonios y nacimientos ocupaban tres volúmenes y el de defunciones, 32", explica.

"En el registro de Paterna encontré 32 volúmenes de defunciones", narra su sorpresa el historiador Vicent Gabarda

Atónito, empezó a tirar de ese ensangrentado hilo y acabó con unos listados con los nombres, profesiones y fechas de ejecución de 2.238 presos republicanos. Un gran cuadrante superficialmente casi vacío del cercano camposanto, visitado de tanto en tanto por algún discreto familiar, cobraba sentido.

"A partir de 1975, en la mayor parte de los ayuntamientos donde había fusilados, las fosas desaparecieron –apunta el historiador–. Llegaba una pala excavadora y se acababa, pero en Paterna se respetaron. En el fondo, había conciencia de lo que había aquí".

Ilustres ejecutados

Sus estudios fueron y son básicos. Por ellos, se sabe que entre la inmensa mayoría de labradores, sindicalistas de base y soldados rasos, hubo también ejecutados ilustres, como el rector Peset Aleixandre, una eminencia que tenía cinco carreras, incluida Medicina, con 22 años. Fueron tres médicos los que le denunciaron y ni el arzobispo pudo levantar su sentencia de muerte. Pero hubo más nombres propios, como el del anarquista catalán Joan Peiró, ministro de Industria de la República, o el dibujante Carlos Gómez, Bluff, el caricaturista que desde la irreverente revista satírica 'La Traca' desafió al fascismo y ridiculizó a Franco.

Limpieza del cuerpo de un fusilado de la guerra. /MIGUEL LORENZO

Las indagaciones de este profesor también han permitido poner algo de luz en cuestiones que amenazan con convertirse en una difusa leyenda como el 'camí de la sang', que en realidad eran dos y respondían al trayecto de los camiones que transportaban los cuerpos del paretó al cementerio con la sangre colándose entre los listones de madera.

"Había dos formas de llegar, una atravesaba el pueblo por su antiguo centro. Fue la que cogieron al principio, yo creo que para enseñarle a la gente lo que estaba pasando e instaurar el terror. Se ve que una vez en la subida al antiguo ayuntamiento se encharcó la sangre y la gente protestó, y pasaron a usar un antiguo camino de carros más directo", explica. Aquel desnivelado trazado es similar al que se recorre ahora y quedaba igualmente marcado de rojo.

Para que la información de Gabarda no volviera a caer en el olvido, fue clave la labor del Ateneo Republicano de Paterna, del Grupo de Recuperación de la Memoria Histórica que coordina Matías Alonso o de las primeras agrupaciones de familiares por fosas. Cada 14 de abril, el cementerio se llenaba, y aún hoy lo hace, de banderas republicanas.

Así hasta que en el 2007 el Gobierno de Zapatero aprobó la ley que abría la puerta a que el Estado ayudara a la recuperación de los cuerpos. La burocracia, pero sobre todo los obstáculos de unas administraciones locales, regionales y autonómicas en manos del PP, lo retrasó, pero al final en Paterna empezaron a hablar los huesos.
En septiembre del 2012, tras una lucha de cuatro años liderada por Josefa 'Pepica' Celda en busca de su padre, se inició la exhumación de la fosa número 126 de la mano del grupo PaleoLab. El cambio en la Moncloa propició un parón en las exhumaciones, con el que acabaron las elecciones autonómicas y municipales del 2015 y un programa de subvenciones de la Diputació de València.

"La ciencia identifica un 30% de los familiares y nosotros, a casi la mitad», según el responsable de ArqueoAntro

Ahora ArqueoAntro tiene en marcha la de la 115. Miguel Mezquida, su responsable, apunta que hay unas 135 fosas de las que se han abierto 16, incluida la única fruto de la represión en la zona republicana y que, según Gabarda, se abrió nada más acabar la contienda y se acabó de vaciar a finales de los 50 para trasladar cuerpos al Valle de los Caídos. En estas últimas 15 llevan 427 cuerpos recuperados. 

"Intentamos ser cautelosos y explicar a los familiares que no siempre se pueden identificar, aunque uno siempre piensa que tiene más posibilidades de las que tiene científicamente. La genética está como está. A nivel estatal, se identifican entre un 25 y un 30%, pero aquí estamos encontrando a casi la mitad de las familias", explica Mezquida.

Clasificación de los huesos de la fosa. /MIGUEL LORENZO

Y eso que, con la llegada de la democracia, sospechosamente desapareció el Libro de Registros del Cementerio, que hubiera sido de enorme ayuda para familias como la de Eduardo Ortuño. En pocos días, él y su madre sabrán si, tras nueve años de búsqueda, han encontrado los restos de su familiar. "Me puse yo solo en el 2010 porque era la ilusión de mi madre, que estuvo yendo a la tumba de su padre hasta que a los 17 años se fue a Francia", explica. A su regreso, había perdido la referencia. "Le sonaba un sitio pero la documentación parecía decir otro, porque estaba el nombre de un compañero en una saca y pensábamos que estaban todos ahí. Opté por esa y la pifié", recuerda.

Después decidió seguir el dictado de la memoria de su madre "y de la tía Dolores, que me dijo que tanto mi abuelo como su padre estaban metidos en cajas y puestos de una determinada manera". Así encontraron dos ataúdes en la fosa 91 y ahora esperan que el ADN ponga fin a su búsqueda. Sería otra pequeña victoria en la lucha contrarreloj frente al olvido que se vive en el cementerio de la República.