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El Chatarrero tiene imán

JUANJO MARTÍN / EFE

El Chatarrero tiene imán

Luis Miguel Rodríguez, novio de Agatha Ruiz de la Prada, se pone un poncho o lo que haga falta por sus 'chicas'

Núria Navarro

Alguien capaz de llevar a la indómita Agatha Ruiz de la Prada a desayunar en la barra de una churrería de Torrejón de la Calzada, o de regalarle una garrafa de aceite en lugar de un 'pedrusco', merece un análisis científico. ¿Es el primer caso de elitismo inverso? Pues ese alguien es Luis Miguel Rodríguez, más conocido como 'El Chatarrero' –el apelativo no le gusta un pelo–, propietario de desguaces La Torre, un hombre con un 'je ne sais quoi' que descoloca a las damas y las lleva a su costal. 

"Me encanta cómo recicla este tío", le ha piropeado la 'ex' de Pedro Jota. "Dejé de ser libre cuando me enamoré de él, no antes", se sinceró ante las cámaras Carmen Martínez Bordiu, amor del desguazador entre el 2013 y el 2017, cuando lo cambió definitivamente por un 'toy boy' australiano. Y el caballero es de los que provocan celos. "Yo me iba a dormir y Luis Miguel se iba con sus amigas", se dolió la nietísima de Franco, que en un arrebato hasta llegó a tirar un cuadro. "Le he dicho que no vuelva a coger a nadie por la cintura y me lo ha prometido", reveló Agatha después de que él pasara su brazo alrededor del talle a la televisiva Silvia Fominaya, 'ex' del chef Sergi Arola.

Orla de presuntos 'flirts' de Luis Miguel Rodríguez. / archivo

Los encantos

Es estrábico, sí. No tiene ni una credencial académica. Y no frecuenta los abrevaderos del gotha –es hijo de agricultor, trabaja desde los 15, empezó en una cabaña–. Pero al parecer es ultrageneroso (siguió pagando el piso a Martínez Bordiu tras partir peras). Escucha como si no hubiera otro hablante sobre la Tierra. Es simpático. Y tiene la inteligencia adaptativa del pulpo, ese 'big data' del reino animal. Estos días, por poner un caso, no ha dudado en cambiar sus camisas Ralph Laurent –que las tiene para aburrir– por un sarape mexicano y un sombrero de ala a lo Clint Eastwood en 'Bronco Billy' para posar con su 'chica' ante la pirámide de Teotihuacán. ¿Y qué?

"Se verá sobre la marcha", es su salida favorita cuando lo interpelan en el 'front row' o en la notaría.

En otros aspectos puede que no pase la prueba del algodón. Aseguran que tiene una estatua de Franco a tamaño natural en casa. Gasta el dinero en aficiones rarunas, como en la compra del Audi blindado en el que iba Aznar cuando ETA atentó contra él en 1995. Y debe a Hacienda un buen fajo (él culpa de su bache a un prestamista chipriota que le ha cobrando intereses descomunales).

Pero su 'punch' como donjuán otoñal no tiene rival. Se le atribuyen galanteos con Simoneta Gómez-Acebo, sobrina del rey emerito Juan CarlosBárbara Rey, con quien salió hasta que ella –dicen– le pidió un préstamo; Raquel Rodríguez, del dúo Las Mellis; la empresaria María de Mora, la simpar Antonia Dell’Atte y hasta la baronesa Thyssen. "Le divierte ver a una tía", le cubre Agatha, que encima le permite liquidar la bodega de Pedro J. ¿No es digno de estudio?