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Mick Jagger no es inmortal

Tàssies

EL PERSONAJE DE LA SEMANA

Mick Jagger no es inmortal

El líder de los Stones ha pasado por quirófano tras anular la gira por Norteamérica

Ramón de España

El hecho de que haya que operar del corazón a Mick Jagger nos resulta muy molesto a los que confiábamos en su inmortalidad casi tanto como en la de su compadre Keith Richards. La de Eduardo Punset –responsable de la mítica frase "no está escrito en ninguna parte que yo me tenga que morir"– nunca nos la acabamos de tomar del todo en serio. Pero la inmortalidad de los 'Glimmer Twins' –apodo que se pusieron ellos mismos– parecía fuera de toda duda.

Keith Richards nos dio un susto hace unos años, cuando se cayó de un cocotero, pero desde que sabemos que ya no desayuna Jack Daniel’s con rayas de coca, estamos mucho más tranquilos. Corren dos comentarios por internet, que no me resisto a reproducir, que hacen referencia a la resistencia del guitarrista de los Stones, que supera, incluso, a la de Ozzy Osbourne, que ha sobrevivido a todas las drogas posibles, pero se ha quedado ligeramente pasmado y ausente, hasta el punto de parecer un tonto de baba, el pobre. 1/ ¿No deberíamos pensar un poquito más en el mundo que le vamos a dejar a Keith Richards? Y 2/ Cada vez que enciendes un cigarrillo, Dios te quita una hora de vida y se la da a Keith Richards.

El ojo en la taquilla

Michael Philip Jagger (Dartford, condado de Kent, Reino Unido, 1943), fruto del amor de un padre de origen eslavo y una madre australiana, se ha librado de los chistes a su costa porque nunca ha forzado la máquina con la vehemencia de su amigo Keith. Sus principales obsesiones han sido siempre el sexo y el dinero, no necesariamente en ese orden.

Él su 'twin' parecían invulnerables hasta que Richards se cayó de un cocotero

Contable oficioso de la banda, a Mick no se le escapa un euro. Y arrastra una fama de roñoso considerable. Gay Mercader, que siente un gran afecto por Richards, a cuya fiesta de cumpleaños en Londres acude cada curso, me contó que es un tipo más bien frío, de una simpatía profesional, con el que cuesta intimar. Pero también es verdad que en un grupo como los Stones, con destroyers como Keith o el difunto Brian Jones, alguien tenía que mantener un ojo en la taquilla. Y Mick lo ha mantenido desde 1963.

Aunque los Stones siempre han sido una máquina de ganar dinero, hay que reconocer que, musicalmente hablando, su etapa de mayor interés abarca los años 60 y parte de los 70: comparto la tesis general de que su último gran álbum fue 'Exile on Main Street', pero en los discos posteriores siempre encuentras tres o cuatro canciones que justifican la inversión monetaria, sobre todo esas baladas de Keith Richards que ponen la piel de gallina, como 'Till the next time we say goodbye' o 'Waiting on a friend'. De todos modos, dado que el rock & roll es un arte juvenil, ya sabemos que nunca oiremos piezas nuevas que estén a la altura de 'Paint it black' o 'She's a rainbow', pero los Stones han logrado no convertirse en una parodia de sí mismos, que ya tiene mucho mérito a ciertas edades.

8 hijos, 5 nietos, 1 bisnieto

A una edad en que las personas normales se quedan en casa jugando con los nietecitos, Mick Jagger –ocho hijos, cinco nietos y un bisnieto– sigue trotando por el mundo y recorriéndose kilómetros de escenario cada noche, ¡y a la carrera! Richards se queda en un rincón, sin moverse mucho, fumando un pitillito y tocando la guitarra, pero ese amigo que no se ha quitado de encima desde que iban al colegio lleva más de 50 años poseído por el baile de san Vito y siendo el frontman por excelencia de toda la historia del pop.

Antes del susto, trabajaba en un disco para los Stones que, seguramente, solo se salvará por las dos baladas de rigor de Richards

Entre las mujeres que han estado con Jagger, cabe destacar a la nicaragüense Bianca, a la gran Marianne Faithfull –la chica más fascinante del Londres de los 60, junto a su amiga teutona Anita Pallenberg, a la que le echó la zarpa Keith– y a la modelo tejana Jerry Hall, tras levantársela a Bryan Ferry, que la había colocado en la portada del disco de Roxy Music 'Siren'. Pasados los 70, impregnó a una joven brasileña y trajo a otro hijo al mundo, ¡será por dinero! Y hasta lo de la operación de corazón, parecía predestinado a reventar en el escenario a lo Molière.

Escenario al que volverá en cuanto le den el alta porque es como un vampiro que se alimenta de mujeres jóvenes y públicos masivos. De hecho, estaba trabajando con Richards en un disco de material nuevo para los Stones que, probablemente, no valdrá un pepino y solo se salvará por las dos baladas de rigor del amigo Keith, pero que yo me compraré por militancia.

En la triunfal biografía del señor Jagger solo hay un motivo de queja: el escaso interés despertado por sus discos en solitario, tras los cuales volvía al redil, convencido, como todos nosotros, de que no hay vida para él –ni para Keith– fuera de los Rolling Stones.