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Alexandria Ocasio-Cortez, el huracán que sacude EEUU

Cheriss May / Getty

Alexandria Ocasio-Cortez, el huracán que sacude EEUU

Idoya Noain

La primera vez que Stephanie Soto vio a Alexandria Ocasio-Cortez (conocida ya como AOC en los medios de EEUU) fue el año pasado, en un anuncio en Facebook. Le llamó la atención aquella mujer como ella, una joven latina del Bronx con sangre puertorriqueña de la que no había oído hablar hasta entonces y que retaba en las primarias del Partido Demócrata para las legislativas de noviembre a Joseph Crowley, un peso pesado no solo a escala local, sino también nacional.

Soto estudió el programa de Ocasio-Cortez y vio una agenda medioambiental que abordaba directamente sus preocupaciones por la polución en el Bronx, por el futuro que le espera a su hija de 8 años en el condado con el índice de asma infantil más alto de EEUU.

Empezó a seguir la campaña y vio que esa candidata salida prácticamente de la nada política sacaba a la luz conversaciones que, sobre todo los jóvenes, ya estaban manteniendo, no solo sobre cuestiones medioambientales, sino también de justicia económica, social y racial. Había algo que hablaba de forma muy personal y directa a una comunidad donde muchos se habían sentido ignorados. La representación cuenta. Soto supo que dejaría de votar a Crowley.

Alexandria Ocasio-Cortez, en un mítin, con sus lemas de campaña.  /ARCHIVO

Hoy, menos de un año después, está convencida de que no se equivocó. Su decisión en las urnas contribuyó a llevar hasta un escaño en la Cámara de Representantes a Ocasio-Cortez, a los 29 años la congresista más joven de la historia de EEUU. Lo que algunos de los poderosos líderes del Partido Demócrata en Washington intentaron minimizar inicialmente como un fenómeno local –el triunfo de una rebelión contra el statu quo circunscrito a Nueva York– ha demostrado ser mucho más.

Tiene los pies en el suelo, habla como la gente corriente, controla las redes. Inspira

Soto, que hace 10 días acudió en el Bronx a un acto con Ocasio-Cortez organizado por una televisión, está convencida de ello. "Ha llegado en el momento adecuado y con el mensaje adecuado. Tiene los pies en la tierra. Habla como la gente corriente. Controla las redes sociales. La lógica dice que no debería haber tenido opciones y la ves llegar y revolucionar, ves ahora a jóvenes en el Bronx pensando en presentarse a cargos, en carreras locales, involucrándose en política... Inspira".

De forma similar a Ocasio-Cortez triunfaron en noviembre en otros puntos del país demócratas que también desafiaron al aparato, congresistas de una renovada y reforzada ala progresista como Ilhan Omar, Rashida Tlaib Ayanna Pressley. Todos están contribuyendo a crear una nueva forma de operar en Capitol Hill y sacudiendo los enquilosados modos que han dominado en el Partido Demócrata en las últimas décadas. Pero es AOC, tras solo tres meses en el Congreso, quien ha eclosionado como lo más parecido a una revolución.

La política, frente al Congreso. / saul loeb (afp)

Esta graduada en Económicas y Relaciones Internacionales en la Universidad de Boston –que cuando volvió al Bronx se volcó en el trabajo comunitario en educación y que, hasta hace solo unos meses, trabajaba sirviendo copas en la barra de una taquería de Union Square para ayudar a su madre– es hoy la segunda política con más eco en EEUU, solo por detrás del presidente, Donald Trump. Cada una de sus palabras y sus intervenciones, cada 'post' en las redes sociales reverbera en lo digital y los medios tradicionales de forma extraordinaria.

Se graduó en Económicas y, hasta hace solo unos meses, trabajó sirviendo copas en la barra de una taquería de Union Square

Sea en forma de aplauso, crítica, mera información, como alguno de sus vídeos viralizados o los insultos que le llegan desde filas y medios conservadores, el altavoz a sus acciones y proposiciones hace que marque el diálogo y el debate político. Y en cada paso, Ocasio-Cortez, que forma parte de la organización Socialistas Democráticos de América (DSA por sus siglas en inglés), impulsa su agenda, ambiciosa y decididamente progresista, sin disculpas ni complejos.

Esa agenda la ha trazado, como su irrupción inesperada y triunfal en las primarias neoyorquinas, en firme alianza con una renovada remesa de activistas, organizadores, ideólogos y laboratorios políticos que empezaron a surgir con la candidatura presidencial en el 2016 de Bernie Sanders, de quien el fenómeno AOC es heredero y también evolución. Fue, por ejemplo, Brand New Congress, uno de los grupos nacidos tras la carrera frustrada de Sanders, quien en su búsqueda de candidatos progresistas contactó con Ocasio-Cortez y le planteó retar a Crowley. Y New Consensus, un 'think tank' nacido en Chicago tras la victoria de Donald Trump, está ayudándole en la elaboración del Green New Deal.

Ocasio-Cortez, pulgar en alto, en Nueva York en junio del 2018. / mark lennihan (ap)

Los ataques republicanos

Esa propuesta, una resolución ya presentada en el Congreso que por ahora es una hoja de ruta, encarna la filosofía política de AOC, su visión y su ambición. Plantea una movilización de la economía nacional para luchar contra el cambio climático en un combate vinculado a la lucha por la "dignidad económica, social y racial", la forma genérica en la que la congresista suele resumir propuestas como la sanidad universal, la educación superior gratuita, el salario digno, la reforma de la justicia penal o la abolición de ICE, la agencia federal encargada de aplicar las leyes de inmigración.

El Green New Deal representa, también, la forma en que AOC tiene de entender cambios que ve imperativos. Los explicaba hace 10 días en el acto del Bronx. "Existe la falsa idea de que tenemos que poner todos los temas en una cola y decir: "Haz esto o haz lo otro". Pero no son problemas diferentes, son partes del mismo problema". No quiere decir que Ocasio-Cortez proponga hacer todas las reformas a la vez; pero sí que hay que establecer un plan de respuesta tan amplio y tan complejo como los problemas que tratan de solucionar.

Como cabía esperar, los republicanos han atacado el Green New Deal como la encarnación de lo que califican de "extremismo" del Partido Demócrata. Con el objetivo central de llamar "estalinista" su supuesta deriva cara a las elecciones del 2020, políticos y comentaristas conservadores han convertido a AOC en diana de sus críticas e insultos. Y lo que empezó en verano como un goteo constante de asedio y menosprecio llamándola "cría" o "jovencita arrogante" va ganando intensidad.

La cobertura
en los medios

conservadores es obsesiva. La Fox News la mencionó 229 veces en dos semanas 

En la última reunión del CPAC (el mayor cónclave de conservadores), Ocasio-Cortez apareció en casi todos los discursos, incluyendo el del exasesor de la Casa Blanca Sebastian Gorka, que denunció el Green New Deal como "una sandía: verde por fuera y profundo rojo comunista por dentro".

La cobertura en medios conservadores es casi obsesiva, como demuestra un análisis reciente encargado por el diario 'The Guardian' sobre Fox News, en la que se mencionó a AOC 229 veces en dos semanas, u otro de 'Vanity Fair', que encontró 24 artículos publicados en solo seis días sobre ella en la web del tabloide 'New York Post'.

Trump, tan dado a criticar a diestra y siniestra, ha evitado soltar su veneno en Twitter o en sus discursos directamente contra la congresista, pero en sus mítines empiezan a jalearse los insultos a AOC igual que antes se lanzaban contra Hillary Clinton o Nancy Pelosi, la poderosa demócrata que preside la Cámara Baja. Y esta misma semana el presidente ha tratado de denostar el Green New Deal despreciándolo como el proyecto de "una joven camarera de 29 años", a lo que AOC ha respondido como suele, con rapidez e ingenio, limitándose a decir: "El último tipo que me minusvaloró perdió".

Su experiencia como camarera, de hecho, es uno de los muchos factores de su historia personal que repasa con orgullo, la señal de su íntima comprensión de las realidades que viven millones de estadounidenses y de las que los políticos parecen tan desconectados.

Ocasio-Cortez habla a menudo, por ejemplo, de su familia de clase trabajadora. De su padre, Sergio, que trabajaba en un pequeño negocio de arquitectura en el Bronx, y de su madre, Blanca, que limpiaba casas, y de los sacrificios que hicieron para mudarse a un suburbio para darles a ella y a su hermano pequeño acceso a escuelas públicas de más calidad que las del barrio de Parkchester.

AOC, con su madre, su hermano menor y su abuela. / instagram

Ocasio-Cortez tampoco oculta la deuda estudiantil de cerca de 25.000 dólares que aún arrastra de su paso por la universidad y puede hablar con autoridad de la reforma sanitaria de Obama recordando que hasta hace nada dependía de ella para acceder, por 200 dólares al mes, a su seguro médico, más de lo que paga ahora como congresista.Suele recordar, asimismo, lo fácil que es caer en momentos duros en EEUU, especialmente cuando se combinan crisis. En su caso, la muerte de su padre por un cáncer de pulmón en el 2008 coincidió con el estallido de la gran recesión. Y tras su regreso al Bronx, en el 2011, llegó a coger tres trabajos de camarera (a veces sumando 18 horas de turnos) para ayudar a su madre a no perder el piso.

Polarización 

Su figura es, como señalan las encuestas, cada vez más polarizante. Su agenda, no obstante, está conectada con una evolución ideológica en los jóvenes que también muestran los sondeos. Ya en el 2016, un estudio de Harvard apuntó a que el 51% de las jóvenes de entre 18 y 29 años rechazaban el capitalismo y el 33% apoyaba el socialismo. Y en la edición del sondeo del año pasado, las cifras subían hasta apoyos de más del 55% para propuestas políticas específicas como la sanidad universal, la educación universitaria gratuita o la garantía federal de un sueldo mínimo.

Esas corrientes de pensamiento, la conexión de AOC con movimientos sociales surgidos o reforzados tras la elección de Trump y su denuncia abierta de la influencia y la corrupción del dinero de grandes corporaciones en la política estadounidense explican también el reto que está planteando dentro del Partido Demócrata, al que fuerza a un retorno a los valores que le guiaron durante décadas.

El 51% de los jóvenes de entre 18 y 19 años rechazan el capitalismo y el 33% apoya el socialismo, según un estudio de Harvard del 2016

"Los demócratas fueron, desde los años 30 y durante décadas, el partido dominante, pero en los últimos 40 han ido perdiendo ese dominio al hacerse más suaves, más neoliberales. En los años 60 les mantuvieron en línea los movimientos sociales, pero luego se fueron haciendo más un partido de Wall Street, del dinero. Dejaron a mucha gente en EEUU sin voz política, sin líderes que les representen, sin una brújula", explica en una conversación telefónica Frances Fox Piven, politóloga, socióloga y profesora en la Universidad de la Ciudad de Nueva York y cuyo nombre ha sido una referencia en los movimientos de izquierda y la lucha contra la pobreza.

"Ahora la mayoría de la gente quiere que los demócratas vuelvan a los principios del New Deal, pero corrigiendo los errores del original, que no fue bueno con los negros por la timidez de Franklin D. Roosevelt y los titanes demócratas, que no querían perder el sur blanco".

Ocasio-Cortez y sobre todo Sanders, según Piven, se mueven en la misma corriente que representa ese retorno y en la que también identifica a una "insurgencia progresista" y a un amplio abanico de grupos que han emergido para transformar el Partido Demócrata. "Los movimientos de resistencia no se están desvaneciendo, los de protesta están en forma y los Socialistas Democráticos de América han multiplicado por 10 sus miembros. Son abiertos, flexibles y prestan atención a la política electoral".

Desesperación demócrata

Para desesperación del aparato del partido, que preferiría jugar las cartas de la moderación especialmente en distritos bisagra o disputados, Ocasio-Cortez continúa apelando a otros a que sigan sus pasos. Y hace poco instó a los activistas a plantar batalla a otros demócratas: "No dejéis que nos entierren en distritos rojos (republicanos) y azules (demócratas) y que nos digan dónde es posible y donde imposible (ganar una carrera). Todo es posible. El statu quo no es una opción", dijo.

Su visión de la política es precisamente eso, el arte de lo posible, máxima entendida no como pragmatismo, sino como plena aspiración. Y alguna vez ha reconocido que siente la "enorme presión" y la "vulnerabilidad de saberse en la diana". Pero está decidida a aprender de los errores, a seguir "rompiendo el tabú de que no puedes aprender mientras estás en el cargo" y a no parar. Lo decía en el Bronx hace 10 días: "Si no estoy dispuesta a jugarme lo mismo que un activista, no merezco estar en el gobierno".

Por esa determinación es, también, por lo que convence a gente como Soto. "Ella es el futuro. Hay que revolucionar el partido. Si no ahora ¿cuándo? Tomemos el riesgo ya. El término medio nunca gana".