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Rod Serling, creador de la ’Dimensión desconocida’.

¿Quién se atreve a volver a la 'Dimensión desconocida'?

La serie creada por Rod Serling, de la que este año se celebra el 60º aniversario, regresa con una versión de Jordan Peele

Juan Manuel Freire

"Estás viajando a través de otra dimensión, una dimensión no solo de la vista y el sonido, sino de la mente; un viaje a una tierra maravillosa cuyos límites son los de la imaginación", avisaba Rod Serling en la primera introducción de 'The twilight zone', la serie estrenada por RTVE en 1961 como 'Dimensión desconocida' y por TV3, ya en 1985, de apropiada madrugada, como 'La dimensió desconeguda'. 

La imaginación de Serling y sus principales ayudantes en los guiones, Richard Matheson y Charles Beaumont, no tenía límites. Entre 1959 y 1964 entregaron a través de CBS una colección de historias de ciencia ficción, terror y fantasía que catapultaron la televisión a otra dimensión. Relatos inquietantes con giros inesperados; cuentos macabros con moraleja sobre males de la sociedad de la época y defectos perennes de la especie humana

La serie firmó una colección de cuentos macabros con moraleja sobre males de la sociedad y defectos de la especie humana

Cuando Serling anunció en 1957, en su mejor momento como dramaturgo televisivo, su intención de concentrarse en una serie semanal fantástica, algunos creyeron que había perdido la cabeza y la seriedad. Diez días antes del estreno, el periodista Mike Wallace le preguntaba en la propia CBS: "Ahora que estás haciendo 'The twilight zone', ¿significa eso que no escribirás nada importante para televisión?".

Todavía hoy pervive ese recelo hacia el género, como si éste fuera algo que debiera 'trascenderse' para conseguir algún logro artístico, como si no fuera desde tiempos inmemoriales un marco en el que desarrollar las más diversas y hondas intuiciones. Quizá el supuesto pecado del género sea, simplemente, que tan a menudo aspire a ser divertido, excitante, emocionante… La cultura importante no puede ser divertida.

Preocupaciones humanas

Pero, ¿qué es La Dimensión Desconocida? Tratemos de reducirla a algo tangible, a riesgo de simplificar la extensión de sus dominios. Es un lugar que está en todas partes y en ninguna, en mitad de todo, pero resulta invisible para el ojo. Es un territorio donde manda lo que el filósofo Schelling llamó 'unheimlich', o "lo que debía de haber quedado oculto, secreto, pero se ha manifestado". Todavía hoy cantamos la sintonía de la serie (la segunda, obra de Marius Constant) cuando algo así se cruza ante nosotros.

Lo que interesaba a Serling no eran tanto las manifestaciones de lo 'unheimlich' como nuestra respuesta a ellas. Sus protagonistas solían ser personas corrientes, reconocibles, trastornadas ante la aparición de algo anormal en la normalidad. Ese fallo técnico en la realidad podía significar una segunda oportunidad para corregir errores del pasado. Paracaidista del ejército estadounidense en la segunda guerra mundial, Serling había visto, vivido demasiado, y no quería castigar a sus personajes, sino, en bastantes casos, tratar de salvarlos. Le atraía la ironía, pero todavía más la empatía.

Le preocupaban los individuos y la sociedad en su conjunto. Bajo el manto de la fantasía, Serling podía explorar todas sus inquietudes políticas con libertad, sin que le llegaran notas de la cadena ni ningún patrocinador expresara reservas. Lo que parecían (y eran) historias de lo sobrenatural eran también reflexiones sobre asuntos candentes, ayer y hoy, como el racismo, los prejuicios o la posibilidad de una guerra nuclear.

Una forma sublime

'The twilight zone' rompió moldes en el qué, pero también el cómo. Cuando hablamos épicamente de la actual porosidad de fronteras entre series y cine, se nos suele olvidar mencionar que, hace un puñado de décadas, gente como Serling ya buscó el modo de llevar la tele más allá del entretenimiento funcional. 

El productor Buck Houghton (colaborador de Val Lewton) y el director de fotografía George T. Clemens colaboraron firmemente con Serling para hacer de la serie una experiencia estética fuera de lo común en televisión. Aquello no era teatro filmado, sino narrativa audiovisual dotada de la sofisticación del cine; su nómina de directores incluyó al gran Mitchell Leisen ('La muerte de vacaciones') o Robert Parrish (Oscar al mejor montaje por 'Cuerpo y alma').

En el apartado actoral, contaron con gente capaz de hacernos creer lo imposible. El citado Leisen dirigió a Ida Lupino en 'The sixteen-millimeter shrine', versión (todavía más) sobrenatural de 'El crepúsculo de los dioses'. Y el paseo de las estrellas de la Dimensión Desconocida incluye también a Rod TaylorVera MilesAgnes Moorehead (sin diálogo en 'The invaders'), Robert Redford (como la Muerte), Dennis HopperRobert DuvallBurt Reynolds o James Coburn.

Bajo la influencia

La huella de 'La dimensión desconocida' sobre la cultura pop y los directores, guionistas y escritores fantásticos del último medio siglo es tan inmensa que necesitaríamos todo este suplemento tan solo para empezar a desgajarla. Lancemos solo unos apuntes importantes.

Si el Gene Roddenberry de 'Star Trek' se hacía preguntas éticas y filosóficas desde el espacio, fue en parte porque Serling allanó el camino para esas ambiciones. Sin la serie (y las historias de Matheson en concreto), Stephen King nunca se habría convertido en maestro del terror con paisaje cotidiano. Sin sus giros finales, probablemente Shyamalan nunca habría tenido una carrera, o no la que conocemos.

Muchas ideas exploradas por películas míticas ya habían sido objeto de análisis en “The twilight zone”. ¿La inteligencia y la angustia de la computadora Hal 9000 de '2001: Una odisea del espacio'? Ya las tenía la robot Alicia de 'The lonely'. El episodio 'Walking distance', un 'Regreso al futuro' otoñal, puso el listón alto para las ficciones sobre volver atrás en el tiempo y las paradojas que provoca. Truman Burbank no se habría sorprendido tanto por el espectáculo filmado que resultó ser su vida de haber visto antes 'A world of difference'.

De regreso al crepúsculo

'The twilight zone' solo puede haber una, pero se ha intentado reverdecer la marca en varias ocasiones: en una película de 1983 ('En los límites de la realidad') y varias nuevas series, una de 1985, otra del 2002 y una tercera que llega el 1 de abril a CBS All Access, seis meses antes del 60º aniversario del estreno de la serie original.

Esta clase de revival se suele observar con desconfianza, pero como coproductor y narrador encontramos a Jordan Peele, director de las gloriosas 'Déjame salir' y 'Nosotros' y, ya desde sus días como cómico, un experto en usar el género como vehículo de denuncia política. 

Habrá quien se pregunte: ¿hacía falta cuando ya tenemos 'Black mirror', que nació como una 'Twilight zone' en la que se cambiaba macartismo por Apple? Según Peele, lo suyo será diferente: "Nos tomamos en serio a nosotros mismos, pero nunca demasiado en serio", ha dicho a 'The New York Times'. Lo suyo tendrá "ese guiño de Serling".

Seis grandes episodios

'Time enough at last' (1959). El cajero bancario Henry Bemis (Burgess Meredith) vive para la lectura. Ni su jefe ni su esposa le dejan vivir ni, por tanto, leer. Todo se arregla con un ataque nuclear que le convierte en último hombre y le ofrece tiempo para explorar una biblioteca. Pero a Serling, que se basó en un relato de Lynn Venable, podía gustarle la ironía cruel.

'The Hitch-hiker' (1960). Una mujer tiene un accidente en carretera tras el que no deja de ver, aunque trate de dejarlo atrás, al mismo autoestopista. Esta terrorífica historia de fantasmas, probable inspiración de 'El sexto sentido' de Shyamalan, se basaba en una obra radiofónica de Lucille Fletcher, esposa del compositor Bernard Herrmann, para más señas.

'Mirror image' (1960). Mientras espera en una estación de buses, una joven (Vera Miles, favorita de Hitchcock) se encuentra con su doble. En un magnífico monólogo, el personaje resume hábilmente todas las teorías imaginables sobre mundos paralelos y diseña el esquema de 'Counterpart'. El episodio ha sido también inspiración confesa de Peele para 'Nosotros'.

'Eye of the beholder' (1960). Una mujer con la cabeza vendada espera los resultados de un procedimiento quirúrgico a cargo del Estado que debería dejarla, de una vez por todas, con la cara 'normal'. Episodio absorbente, muy bien dirigido por Douglas Heyes, sobre la relatividad de la normalidad, concepto que define quien ostenta el poder. Aromas del '1984' de Orwell.

'To serve man' (1962). A la Tierra llega un "Cristobal Colón de otra galaxia y otro tiempo", un extraterrestre Kanamit (Richard Kiel) con un libro que solucionará todos nuestros problemas. Pero en realidad no se trata de una obra de autoayuda, como se descubrirá demasiado tarde. El elemento de criptografía puede recordar ahora a 'La llegada', solo que en versión jocosa.

'Nightmare at 20,000 feet' (1963). Antes de convertirse en capitán de la Enterprise, William Shatner lo pasó fatal a bordo de un avión en este capítulo de leyenda. Todo por culpa de ese gremlin en el ala, una amenaza que, claro, solo él puede ver. Richard Donner ('Superman') dirigió esta versión original; George Miller, el gran remake de 'En los límites de la realidad'.  

Temas: Series