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LILLY REICH

LILLY REICH

Interiorista y maestra de la Bauhaus. 1885-1947

Núria Navarro

Lilly Reich no fue alumna, sino una reputada diseñadora de modas y creativa en general que se puso al frente de Interiorismo. "Una mujer fría y astuta", según el director del taller de Pintura mural Hinnerk Scheper. "El hombre fuerte de Mies", se quejaba un alumno molesto, como otros, por haber desplazado a la querida Otti Berger al frente de Tejidos. Mies van der Rohe, el tercer director de la Bauhaus, la había conocido en 1924 y le había impresionado tanto que abandonó a su mujer y a sus tres hijas por ella.

El Café de Tercipolo y Seda, en Berlín. / Archivo

La especialista en el tándem Magdalena Droste afirma que es difícil disociar quién hizo qué. A partir del trabajo a medias del 'Café de Terciopelo y Seda' de Berlín (1927), en el que por primera vez el elemento expuesto era el mismo que dividía el espacio, Mies abundó en el recurso. Y en junio de 1928, cuando le encargaron la representación de Alemania en la Exposición de Barcelona de 1929, en el primer párrafo del contrato especificó que él lo haría "todo con Reich". Laura Martínez de Guereñu, otra especialista, apunta que "él se centró en el pabellón y ella fue la directora artística de los 16.000 m² de exposición en el interior de los recintos" (50 veces la superficie del pabellón).

Pabellón Mies van der Rohe, en Barcelona. / Archivo

"Una lectura arquitectónica de los elementos que desarrolló Lilly muestra que hay una coherencia formal con lo que él utilizó para el pabellón", subraya Martínez de Guereñu, que investiga tres elementos-tipo –una vitrina, una pantalla de cristal y un expositor– para reconstruirlos y mostrarlos el próximo octubre en el interior del Pabellón de Mies en Montjuïc. Y el historiador Albert Pfeiffer va más allá que ella y aventura que dos de las sillas más famosas de la Bauhaus –la 'Barcelona' y la 'Brno'– son obra de la berlinesa.

'Stand' de la Exposición del 29, de Lilly Reich. / Archivo

Lo cierto es que durante el ágape de inauguración de la Exposición del 29, al que asistió el rey Alfonso XIII y las fuerzas vivas, el asiento de Reich permaneció vacío. Como el propio Mies, había pasado la noche anterior limpiando los dedazos que habían quedado sobre los cristales durante el montaje de última hora. ¿Cansada? ¿O quizá Mies no fue generoso a la hora de darle su espacio?