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Las mujeres (sepultadas) de la Bauhaus

El centenario de la escuela de diseño destapa el legado de alumnas y profesoras

Núria Navarro


La primera escuela integral de diseño del siglo XX nació con la República de Weimar, en 1919, y murió con ella, 14 años después, cuando la bota nazi propinó un puntapié a ese "arte degenerado". Duró lo que el convulso compás de entreguerras. Pero lo cambió todo: la tipografía, el diseño industrial, las artes escénicas, la arquitectura. Hasta aquí el tráiler, en cuyos títulos de crédito siempre desfilan –y justamente– Walter Gropius, Ludwig Mies van der Rohe, Marcel Breuer, Láslzó Moholy-Nagy, Paul Klee y Vasili Kandinski. Pero, ¿qué hay de las mujeres? ¿No merece mención ni una sola en Weimar, Dessau o Berlín, las tres sedes que tuvo la institución?

Hubo 462, nueve de ellas asesinadas por los nazis. "Fue la primera generación de 'intrusas' en el ámbito profesional del arte", resume Marisa Vadillo, del departamento de Dibujo de la Universidad de Sevilla. Y gracias a las exhumaciones de irreductibles como Elizabeth Otto, historiadora del arte en Búfalo (EEUU), o de las arquitectas españolas Josenia Hervás y Laura Martínez de Guereñu, sabemos que buena parte de ellas chorreaba creatividad y que las patentes de algunos de sus prototipos salvaron la economía de la escuela, hostigada por la emergente ultraderecha.

Mujeres de la Bauhaus, alegres y laboriosas, pero no 'flappers'. / Archivos

Veamos por qué 'grieta' se colaron las 'intrusas'. Durante la primera guerra mundial, las mujeres desempeñaron los trabajos de los hombres movilizados y, pese a volver al hogar, habían ganado conciencia de que podían hacer cosas más allá de cocinar y criar. La nueva Constitución de Weimar les garantizaba el voto y la no segregación en las aulas, y en el aire flotaba el vitalismo, que sostenía que el pueblo tenía derecho a participar en la sociedad y rechazaba la razón –atributo viril– como único vehículo de conocimiento.

Artista y educadora en el gueto de Terezín. 1898-1944

Artista textil. 1899-1994

Arquitecta. 1906-1964

De modo que en el primer trimestre de la Bauhaus se apuntaron 84 mujeres y 79 hombres. Un 'fifty-fifty'. A Gropius, el primer timonel de la escuela –Hannes Meyer y Mies van der Rohe fueron los otros–, le dio un vahído. Había puesto la alfombrilla de 'willkommen', y las chicas habían entrado en tromba. "No se harán distinciones entre el bello sexo y el sexo fuerte –proclamó Gropius en su primer 'speach'–. Derechos iguales, pero también deberes iguales. En el trabajo somos simplemente profesionales de nuestro arte". Pero temía que el torrente de señoritas devaluara su firme marcha hacia la meta: ser una escuela de Arquitectura (con mayúsculas), un gol que marcaría Hannes Meyer, no él.

"Experimentos innecesarios"

Gropius pensaba que las mujeres eran valiosas, pero que no tenían capacidad para pensar en tres dimensiones. "No hagamos experimentos innecesarios",dijo por lo bajini, mientras orientaba sutilmente a las jóvenes hacia el taller de Tejido ("la clase de las chicas", según él).

Pero no sería justo juzgar a Gropius bajo la lente del 8-M. Josenia Hervás, autora del libro 'Las mujeres de la Bauhaus: de lo bidimensional al espacio total', aplica el fonendo a los tiempos y hace notar que todo un vanguardista como Filippo Marinetti, autor del 'Manifiesto Futurista', vociferaba que el arte debía "glorificar las hermosas ideas por las que se muere [...] y el desprecio por la mujer", o que el doctor Gregorio Marañón –el padre de la endocrinología española– daba validez científica a ideas de Schoppenhauer que hoy provocarían urticaria pero que entonces eran 'mainstream', como que la mujer tenía "poca inventiva y poca tensión nerviosa y muscular", y que "[solo] desprovista de sus ovarios [...], la mujer pierde su morfología, su fisiología e incluso su psicología, y se hace apta para las empesas varoniles". O sea, solo podían hacer algo con vuelo intelectual si eran estériles.

Artista del metal. 1893-1983

Diseñadora de juguetes. 1899-1944

Artista y educadora. 1901-1976

Mientras parloteaban los líderes de opinión, las 'chicas Bauhaus' estaban satisfechas por el simple hecho de estar dentro, relacionándose de igual a igual con los profesores en la cantina. "No hay constancia de que ninguna denunciara un trato discriminatorio", afirma Hervás, que bucea en archivos desde 1994.

Tampoco tenían la sensación de estar abriendo caminos a otras congéneres. ¿La prueba? En un cuestionario que pasaron en los años 80 a las que seguían vivas, les preguntaron: "¿Supo usted que su trabajo era revolucionario?". "Nein', contestó tajante Marianne Brandt, creadora de juegos de té y café de metal que aún comercializa Alessi. Simplemente construían futuro sin conciencia de estar haciéndolo.

  

Saltar las costuras

Pese a la poca fe del claustro y las invitaciones a contentarse con los hilos, las 'chicas Bauhaus' hicieron saltar las costuras del uniforme asignado. Para empezar, llegaron a Weimar con un look decimonónico y obraron la metamorfosis: se cortaron el pelo, trotaron en pantalón corto y se enrolaron en fiestas descacharrantes.

"Nunca fueron flappers", se apresura Hervás a contradecir algunos perfiles que está leyendo en este centenario. No tenían nada que ver con el arquetipo de mujer que exportó el cine mudo norteamericano y que las alemanas de ciudad copiaron como hoy copian el rollo chandalero de Cardi B. Un periodista de la época que asistió a uno de los saraos (que eran muchos) de la escuela escribió: "Es increíble, he visto a una chica semidesnuda tocando el acordeón y no había en ella ni una pizca de picardía, todo era inocencia". Nada que ver con el Berlín de 'Cabaret'. Jugaban al tenis, muchas eran vegetarianas, escuchaban jazz, la mayoría conducía. Eran libres.

Fotógrafa. 1894-1989

Interiorista y maestra de la Bauhaus. 1885-1947

Maestra de tejedores. 1897-1983

Y afanosas. De modo que vencieron las reticencias de Gropius, que les permitió participar en el proyecto (intersecional) 'Haus am Horn', un prototipo de casa para "las necesidades del nuevo hombre" –germen de la vivienda social– concebida para la primera gran exposición de la Bauhaus. La esbozó el profesor de pintura Georg Muche, pero Alma Siedhoff-Buscher diseñó los muebles –logró que el cuarto de los niños entrara en el campo visual de quien estuviera en la cocina–; las alfombras fueron obra de Marta Erps y Benita Otte, de Tejidos, ideó una cocina modular que anticipó las de Ikea.

Alumna sentada en una silla 'Wassily' de Marcel Breuer. /Archivo

Un mundo nuevo

Bien. Pero, ¿qué peso real tienen en la historia del arte del siglo XX? ·A juzgar por cartas y escritos, sabían que no eran Gropius, la tercera generaciones de arquitectos de su familia –explica Hervás–, pero se sentían partícipes de materializar un mundo nuevo·. Y encima libando de profesores como Klee o Kandinski. Además, en sintonía con la orientación de desarrollar productos "simples, elegantes y útiles" para la producción en serie, sus prototipos de telas y papeles pintados, y sus diseños en metal y madera, se empezaron a patentar para la industria.

Laura Martínez de Guereñu, ganadora de la última Beca Lilly Reich y directora del congreso 'Bauhaus In and Out: perspectivas desde España' (10 y 11 de octubre), ha descubierto recientemente en archivos que en la Exposición Universal de Barcelona de 1929 "hubo productos diseñados por cuatro de los talleres de la Bauhaus en los pabellones de Artes Textiles, Artes Gráficas y dos secciones de Artes Industriales". Y Hervás, por pistas de algunas cartas, aventura que "quizá eran prototipos presentados por Gropius, ya fuera de la escuela". Como fuere, los objetos ideados por las artistas estuvieron presentes en la exposición, que el mundo recordará por el Pabellón Mies van der Rohe.

Ceramista. 1896-1985

Artista textil. 1898-1944

Fotógrafa. 1904-1999

(Breve) igualdad

Para acabar, volvamo unos pasos atrás. Al momento, en Dessau, en que cogió las riendas el suizo Hannes Meyer, un marxista entestado en satisfacer "las necesidades del pueblo en vez del lujo". En un panfleto, azuzó: "¿Estás buscando la verdadera igualdad como mujer estudiante? Apúntate a la Bauhaus". La integración había ganado definitivamente terreno a los prejuicios. Con Meyer, una vez superadas las pruebas en Téxtil, se podía acceder sin filtros a la sección de construcción. "Edificar para el bienestar popular", era el imperativo.

La esposa de MeyerLena Bergner, diseñadora textil formada en la Bauhaus, colaboró tan estrechamente en sus proyectos durante su etapa en México que hoy se investiga en qué medida varios sueran suyos. Esa vía, la conyugal –hubo 70 matrimonios–, permitió a muchas seguir en la órbita del arte. Tres cuartos de lo mismo ocurre con la profesora Lilly Reich, pareja de Mies. De hacer caso al historiador Albert Pfeiffer, sería la autora de las famosas sillas 'Barcelona' y 'Brno' de la Bauhaus.

Clase de Tejido de Gunta Stölzl. / Archivo

Precisamente Mies, el tercer timonel, oliéndose lo que venía, liberó la forma de la función –que era 'demasiado comunista'– y fusionó construcción ('bau') y acabados ('ausbau'), agrandando la puerta de acceso de las mujeres a la arquitectura. Ya estaban ahí. Por fin.

Pero Hitler había cogido carrerilla y la Gestapo metía sus narices. La escuela "había demostrado ser germen de bolcheviquismo", ladraron. Y comprobaron si había judíos entre el profesorado y al resto se les sugirió afiliarse en el partido. Algunos partieron. Muchas empresas cancelaron contratos. Y acabó el 'mundo nuevo'. Para nueve de ellas acabó el mundo. En una cámara de gas.

Fotógrafa. 1903-2000

Ceramista. 1899-1990

Artista textil. 1892-1976