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Alistair Woodward: "El cambio climático ya afecta a la salud mental"

Joan Cortadellas

Alistair Woodward: "El cambio climático ya afecta a la salud mental"

Núria Navarro

Greta Thunberg y los miles de jóvenes que salen a las calles para reclamar que los adultos muevan el trasero contra el cambio climático son el soporte popular que precisaba gente como el epidemiólogo Alistair Woodward (Christchurch, Nueva Zelanda, 1953). Él, que estudia su impacto sobre la salud humana, y los otros 4.000 expertos que nutren el Panel Internacional contra el Cambio Climático (IPCC) llevan años señalando las consecuencias de nuestra bulímica relación con el petróleo. Insistió en ello en el marco del ciclo 'Fem front al canvi climàtic', organizado por la Fundació Catalunya Europa y BBVA. 

  

–¿Reconforta la ola de protesta que ha levantado la joven sueca?
–Es muy alentadora. Celebramos la acción que estos estudiantes porque son la generación que heredará el mundo del 2100. Para ellos, los riesgos no son remotos, y lo que buscan es consistente con lo que sabemos.

–¿Qué saben?
–Que se deben hacer cambios rápidos y a gran escala. Según el último informe del IPCC –que representa el mejor cálculo de los científicos– estamos seguros en un 99% de que el calentamiento global de los últimos 90 está causado por la actividad humana.

–La radiación solar, el flujo de rayos cósmicos... ¿Descartados?
–La actividad solar no ha cambiado. Si medimos la temperatura de la atmósfera, vemos un calentamiento en la troposfera –la capa más baja– y a la vez, un progresivo enfriamiento en la estratosfera. Solo hay una explicación posible: la manta de gases de efecto invernadero en la troposfera es cada vez más gruesa, de manera que el calor y la radiación quedan atrapados.

"La primera medida para combartir esta
amenaza global es votar"

–¿Eso es necesariamente negativo? La Universidad de Michigan, por ejemplo, señala que el deshielo de los polos enfriará el globo.
–El cambio climático traerá algunos efectos positivos, por ejemplo, supondrá la desaparcición de la malaria en ámplias zonas de África, porque el mosquito no sobrevivirá por el calor. Pero la balanza se decanta en los efectos negativos.

–Este tipo de locura climática ya ocurrió, por ejemplo, en época de Napoleón.
–Cierto. Y Europa sufrió en la Edad de Hielo una modificación del clima que duró centenares de años. Pero lo nuevo es la rapidez con la que está cambiando. Nunca antes habíamos visto un grado promedio de aumento en solo 50 años. Y esta vez, el impacto sobre la salud se hará notar.

–¿Qué veremos a corto plazo?
–La amenaza a la seguridad alimentaria. Si el cambio climático se acelera, en muchas partes del mundo será difícil cultivar alimentos básicos. Si el trigo se cultiva en Canadá, y vives en África o en Oriente Medio, es probable que no lo puedas comprar. La hambruna y la malnutrición se agravarán en las zonas más pobres del mundo.

–En las zonas más ricas, ¿la peor parte se la llevarán los más vulnerables?
–Sí. En los incendios de California, muchos de los fallecidos eran personas de edad avanzada, con menor movilidad y trastornos mentales como la demencia. No pudieron reaccionar rápidamente. Durante el 'Katrina,' uno de los grandes problemas fue la alteración del sistema sanitario, cuyo efecto se dejó notar sobre personas dependientes de la diálisis y de otros tratamientos para crónicos. 

–Suena a darwinismo climático.
–No lo expresaría en esos términos. En todo caso, como parte de una sociedad civilizada, creemos que todo el mundo merece cuidados y protección.

Cuba está organizada frente a los ciclones. / Alejandro ernesto (efe)

–Al parecer no todos lo creen.
–Es interesante ver cómo distintos países se preparan. Cuba, por ejemplo, tiene un buen sistema de defensa frente a las urgencias, como lo demostró el Katrina. En cada vecindario hay un responsable de saber quiénes son las personas de más edad ymás frágiles y, en caso de huracán, se cercioran de que estén protegidos.

–Método casero.
–Pero eficaz. Y es interesante cómo Bangladés, que en el pasado era muy vulnerable a las inundaciones, ha invertido en sistemas de refugios para los ciclones. Los diseñan para que las personas puedan ir con sus familias y su ganado –al que no abandonaban porque es su sustento–, y ha bajado el número de muertes por ciclones.

"Aunque cerremos hoy el grifo de las emisiones, tenemos que estar preparados para adaptarnos a un entorno diferente"

–¿El primer mundo, de momento, será inmune a los extremos?
–No. Viviremos olas de calor, inundaciones e incendios como el Camp Fire de California, el pasado noviembre, en el que murieron 85 personas y arrasó 14.000 casas. O el huracán 'Harvey', que se saldó con 60 muertes directas. Y Europa se verá afectada por enfermedades causadas por el dengue y el Zika, y por otras asociadas a los refugiados y la inmigración.

–Suerte que vive usted en Nueva Zelanda.
–Formo parte de un grupo que estudia la salud mental y el cambio climático, de difícil abordaje porque allí aún pesa el estigma. Estamos viendo que el aumento del nivel del mar en islas donde la población ha vivido junto a su familia durante miles de años está provocando niveles de estrés que serán el motor de futuros desplazamientos.

"En Nueva Zelanda
persuadimos a los pensionistas de que retiren sus fondos de inversión vinculados al combustible fósil"

–¿La polución tiene efectos sobre las capacidades cognitivas humanas?
–Algunos de los contaminantes como el plomo y el mercurio, así como las partículas finas en suspensión, afectan al cerebro. En Barcelona hay un grupo, ISGlobal, que estudia la relación de la contaminación del aire y el desarrollo cognitivo a través de técnicas de imagen. Pero yo no veo la relación con el cambio climático.

–¿Y con el aumento de prematuros, o de casos de autismo?
–Hay una relación entre olas de calor y resultados reproductivos, pero no existe evidencia directa.

–Regale una primera recomendación sanitaria.
–Dos a la vez. Una es la prevención primaria, ir a la raíz del problema: reducir las emisiones de carbono. Y dos, tenemos que prepararnos para adaptarnos a un entorno diferente. Incluso si mañana cerramos el grifo de las emisiones de gases de efecto invernadero, las temperaturas subirán y el patrón de lluvias cambiará.

–Siempre se cuelga la mochila al ciudadano. Cierre el grifo, vaya en bici, prepare el chubasquero... ¿Qué hay a los promotores del cambio climático?
–Cuando mis alumnos de la Universidad de Auckland me preguntan "¿qué podemos hacer?", les contesto: "Número uno, vota". Necesitamos gobiernos que estén motivados para actuar. Luego les aconsejo otras dos medidas.

–¿Cuáles son?
–Hablar. No podemos permitirnos el lujo de sentirnos impotentes. Y luego hay que modelar el tipo de cambios que queremos ver: de algo tan pequeñito como cerrar el grifo, ir en bicicleta o comer menos carne a las grandes regulaciones.

Papeletas en unos comicios. / ferran sendra

–Esas son las más problemáticas. Trump, tras leer las 1.656 páginas del último informe oficial, zanjó el tema con un: "No me lo creo".
–De ahí que insista en la importancia de votar a partidos que se mantengan firmes. Hay otras fórmulas, como formar parte del movimiento por la desinversión fósil. En Nueva Zelanda, por ejemplo, intentamos convencer a los pensionistas de que retiren sus fondos de inversiones vinculadas al combustible fósil.

–¿Funciona?
–Sí. Es posible invertir dinero de manera ética.

–Su vecino, Australia, es uno de los países más contaminantes.
–Es uno de los principales exportadores de carbón del mundo. Australia sigue empleando combustibles fósiles para generar gran parte de su electricidad y su dieta –a base de carne– deja una gran huella de carbono. Además, al ser un país muy grande, se emplean mucho transportes que causan gases de efecto invernadero.

"Soy flexitariano.
Intento comer carne solo dos veces por semana"

–Para contrarrestar, usted pedalea y mucho. ¿Es vegetariano?
–Soy flexiteriano. Intento comer carne solo dos veces por semana.

–Un signo de que no todo está perdido. 
–¡Me preocupa todo!

–Ay, que ahora va y saca la carta del apocalipsis.
–Los expertos no lanzamos mensajes apocalípticos. ¿Estamos condenados a morir? No. De momento, lo que me preocupa son los eventos extremos. Cada vez son más frecuentes y suceden de manera simultánea las olas de calor, los incendios y las lluvias intensas.

–¿Prevé una fecha en que la situación sea incompatible con la vida?
–Lo que vemos es un rango de resultados, no una catástrofe sí o no. Hay que valorar diferentes caminos y elegir el mejor frente al peor.