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Una actuación en la sala Music Hall de Barcelona.

¿ES POSIBLE VIVIR HOY DE LA CULTURA?

Si quieres cantar, hazte autónomo

Solo el 5% de los locales de Barcelona dan de alta a los músicos que contratan

Los profesionales de caché bajo facturan a través de amigos o cobran en negro

Juan Fernández

En el caso de los músicos, la precariedad que asola las profesiones culturales en España desde la irrupción de la crisis lleva incorporado un estribillo que hace mención a las leoninas condiciones laborales en las que trabajan muchos artistas, sobre todo aquellos cuyos cachés se sitúan en la franja salarial más baja. A menudo, a los famélicos ingresos que reciben por actuar, que en ocasiones apenas dan para cubrir gastos, se añade el dilema de elegir entre ofrecer conciertos piratas y sin contrato, cometiendo una ilegalidad, o hacerse pasar por falsos autónomos, lo que tampoco hace justicia a su realidad laboral.

La industria del directo brinda con cava estos días. La Asociación de Promotores Musicales, que reúne a las 74 mayores empresas del sector y concentra el 80% de la facturación nacional, acaba de presentar el Anuario de la Música en Vivo del 2018, en el que sacan pecho de un dato histórico: el año pasado ganaron 334 millones de euros, batiendo todos los récords de venta de entradas a conciertos y festivales en España.

Contratos mercantiles

Engordada por el taquillaje que aportaron los grandes festivales y los artistas internacionales que visitaron nuestro país, esa cifra no dice nada sobre la realidad que padecen los músicos más modestos debido a la costumbre, instalada desde hace décadas entre los promotores y los dueños de las salas, de obligarles a firmar contratos mercantiles para dejarles actuar.

El sector de la música en vivo ganó el año pasado 334 millones de euros, cifra que contrasta con la precariedad de los músicos más modestos

Si un actor acude un día al estudio de grabación de una teleserie, la productora le contrata como empleado por cuenta ajena para esa jornada y se hace cargo de su cotización y su seguridad. «Sin embargo, en el caso de los músicos, lo habitual es que las empresas que nos fichan para actuar en directo nos exijan hacernos autónomos», denuncia Adriano Galante, voz y guitarra del grupo barcelonés Seward y miembro del Sindicat de Músics Activistes de Catalunya (SMAC).

"Es la costumbre"

Las consecuencias no solo son económicas; también legales: «Si me cae un foco encima mientras canto o sufro un accidente montando los instrumentos, la responsabilidad es mía, no del contratista», advierte Galante. En la práctica, la mayoría de los artistas y grupos con caché bajo, a quienes resulta ruinoso darse de alta como autónomos y pagar la cuota de la Seguridad Social, acaba optando por pedir favores y facturar a través de amigos o, directamente, actúan sin contrato y cobran en negro. 

"La música en vivo en España está montada sobre una ilegalidad", asegura David Arístegui, de la sección de música de la CNT

También existe la posibilidad de denunciar. «Los sindicatos animamos a hacerlo, porque la ley de 1987 obliga a los promotores y dueños de salas a ofrecer contratos laborales a los músicos, no mercantiles. Una inspección de Trabajo es suficiente para que les expedienten y ganemos el caso en el juzgado», señala David García Arístegui, de la sección de música de CNT, quien tiene una opinión muy crítica del negocio de la escena musical en directo en nuestro país. «Si te limitas a reclamar, el argumento que te dan los empresarios suele ser: ‘es la costumbre, todo el mundo hace lo mismo’. La música en vivo en España está montada sobre una ilegalidad», opina.

BAM y Primavera Sound

A golpe de denuncias y negociaciones, las relaciones laborales entre artistas y promotores van cambiando poco a poco. Desde el 2017, el festival BAM de Barcelona contrata como empleados a los músicos que desfilan por sus escenarios y este año será la primera vez que el Primavera Sound ofrezca esta fórmula a los suyos.

«Pero hoy por hoy, el porcentaje de locales de Barcelona que dan de alta a los músicos que contratan no supera el 5%», calcula Adriano Galante, quien lanza esta reflexión: «Lloramos mucho cuando cierran un club o una sala, pero nadie se acuerda de las bandas que se quedan por el camino porque dedicarse a la música les resulta una ruina».  

Temas: Música