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Arnau Seu, de 14 años, habla sobre el hábito de lectura.

"Si tengo un rato libre prefiero el móvil al libro"

Más de la mitad de los adolescentes casi nunca leen por gusto

Seis de ellos explican las causas de un fenómeno en auge

Carme Escales

Más de la mitad de los adolescentes entre 15 y 18 años apenas leen por gusto, más allá de las lecturas obligarorias escolares. Para pulsar el porqué de este fenómeno en auge, hablamos con seis de ellos. Aquí va un 'spoiler': el 'smartphone' mató la estrella del libro.

Arnau Seu: "Solo leo lo obligatorio del instituto"

«Me gustaba mucho leer. Desde muy pequeño lo hice. Siempre he visto leer en casa. A la hora del patio, con un amigo, leíamos todos los libros». Pronto cumplirá los 15 y la lectura ya hace un año que no lo acompaña. «Iba a un club de lectura, en la librería del barrio –Santos Ochoa– y me borré. Yo leo muy lento y no me daba tiempo de acabar los libros que proponían que, además, no siempre me gustaban», cuenta Arnau Seu. «Ahora quedo los lunes con un amigo en casa y pintamos ‘warhammers’, miniaturas. Solo leo lo obligatorio del instituto». Únicamente disfruta de algunas de las lecturas. Como ‘Wonder', «la historia del niño enfermo, con la cara deformada, al que hacían ‘bullying’ en el cole. Me pareció algo que todos podríamos vivir. Pero, siendo sincero, si tengo un rato libre y puedo coger el móvil o la tableta, prefiero hacerlo».

Adriana Campo, de 16 años, es una ávida lectora. / elisenda pons

Adriana Campo: "Se vive la lectura como una obligación"

«Desde muy pequeña, cada noche antes de dormirme, con mi padre o mi madre leía». Y ya nunca abandonó ese placer. «Leer me aporta nuevas visiones, me da informaciones que no tenía y me lleva a conocer lugares y situaciones diferentes». El año pasado, Adriana Campo, de 16 años, se leyó un libro cada semana. Haber adquirido el hábito de niña, marca. «Si en casa no has visto leer y nadie te ha estimulado para hacerlo, entiendo la visión negativa de la lectura que solo se vive como obligación», comenta. Ella suele leer los libros en papel, menos en verano. «Viajando es más cómodo el digital, puedes llevar contigo muchos libros». Este año, en primero de bachillerato, tiene «16 libros de lectura obligada. Tengo menos tiempo para leer los que yo elijo. Con los deberes todo se complica, me falta tiempo».

Marc Gordi, de 17 años, vecino de la Roca del Vallès.  / Anna mas

Marc Gordi: "Hasta los 10 años leía bastante"

«Entre los 8 y los 10 años sí que leía bastante. Teníamos un quiosco cerca de casa y casa semana o dos me compraban un cómic. Eran delgados y sin demasiado texto, más visual, y eso de pequeño te atrae», dice Marc Gordi, de 17 años. «Ahora no suelo leer, me ciño a las lecturas obligatorias del instituto». Y no porque no le guste el propio hecho de leer si no porque tiene otras prioridades. «Cuando empiezo un libro que me gusta, me meto mucho en él y lo disfruto, me atrapa la lectura, pero ahora no tengo tiempo. He cambiado mis hábitos. Prefiero salir con mis amigos. Mi última gran lectura fue hace un año. Me leí ‘Los pilares de la tierra’ en libro digital». Pero la irrupción del móvil en su vida llegó para acaparar su tiempo. «Sin querer, entras en un círculo del grupo a través de él, y si no contestas, te vas sintiendo fuera. El cambio ha sido grande. Extiendes tanto las relaciones sociales que acabas estando pendiente de muchísimas personas. Es que hay tantas cosas ahora, que no queda tiempo para leer», concluye.

Àfrica Bonet lee mucho y tiene un canal de Youtube dedicado a los libros. / ricard cugat

Àfrica Bonet: "Para mí, leer es como un viaje"

«Me enganché a la lectura a los 7 u 8 años. El ‘tió’ me trajo la saga de Tina la Superbruixa y no paraba de leer, incluso cenando leía». Ahora Àfrica Bonet, de 13 años, tiene un canal en Youtube, 'Cuinant literatura', desde el que recomienda lecturas y autores. De su gran afición, surgieron sus ganas de compartirla. «Una tarde a la semana grabo un vídeo en la cocina de casa», explica. Leer para ella, asegura, es un viaje. «Y pienso que la gente se está perdiendo esta historia que a mí me hace sentir en otro mundo, siento que quisiera ser ese personaje del libro». Para elegir los libros, cuenta, mira « el resumen o las críticas». De pequeña escribía, creaba sus propias historias. «Yo les diría a los que no leen que se pueden sentir identificados y de las historias se aprende. Además, cuanto más lees, más vocabulario tienes».

Pau Masferrer, de 16 años, asegura que apenas lee. / JORDI RIBOT PUNTÍ (ICONNA) 

Pau Masferrer: "'Tirant lo Blanc' me gustó más de lo que esperaba"

Leer nunca le gustó. Hace dos años, en el instituto en el que cursa primero de Bachillerato instauraron media hora obligatoria de lectura diaria de un libro. «Es buena idea, pero mal enfocada, a mi edad es mucho más atractiva la lectura en tableta o móvil», dice Pau Masferrer, de 16 años. «Yo aprovecho ese tiempo para leer libros obligatorios para examen, y así en casa ya no tengo que hacerlo». Su última lectura, ‘Tirant lo Blanc’,  admite que le ha gustado más de lo que pensaba, «pero tampoco es el libro que elegiría, prefiero libros sobre la vida de ‘youtubers’. Hace unos tres años me leí uno. Ah! y la biografía de Nikola Tesla me encantó», confiesa. «Pero a mí leer me aburre, me cansa, para mí es un palo. Además leo muy lento porque tengo dislexia. Una película de dos horas me entra más fácilmente, prefiero audio o imágenes». 

Natàlia Fernández solo lee "media hora obligatoria" en el instituto. / JORDI RIBOT PUNTÍ (ICONNA)

Natàlia Fernández: "Solo tengo una amiga que sí lee"

«De pequeña me acostumbré a leer 10 minutos antes de ir a dormir. La colección de Geronimo Stilton me gustaba mucho. Estuve leyendo así cada día hasta sexto», recuerda. Luego llegó la ESO y los agotadores deberes. «Me tenía que acostar más pronto. Ahora en bachillerato no leo porque prefiero hacer otras cosas». Natàlia Fernández, de 16 años, está federada como jugadora de voleibol. Entrena tres veces por semana. «En mi tiempo libre salgo con mis amigos y hago deberes. Solo leo en esa media hora obligatoria cada día antes de empezar las clases, pero más bien la aprovecho para estudiar. Si leo algo mío es algún cómic». Natàlia también observa el mismo comportamiento en sus amigos. «Se dedican a otras cosas, incluso en la media hora de lectura. Solo tengo una amiga que sí lee y luego nos explica las lecturas».