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Las cholitas pegan fuerte

PÚGILES FEMENINAS

Las cholitas pegan fuerte

Las luchadoras bolivianas se han convertido en símbolo de libertad para la mujer en su país

Lucas Vallecillos

La lucha libre ha ganado muchos enteros en Bolivia desde que se introdujo la figura de la cholita. Y a pesar de unos inicios muy duros, donde recibieron insultos y fueron marginadas. Hoy son la imagen del empoderamiento de la mujer indígena en la sociedad boliviana. «Las cholitas somos duras, los varones pensaban que solo ellos iban a subir al ring, pero no, hoy por hoy la mujer también», afirma frunciendo el ceño Teresa Huayta, alias 'Ángela, la folclorista' (a la izquierda de la foto en cabeza), porque le encanta bailar la Morenada sobre el cuadrilátero, y si es agarrada a un gringo mucho mejor. Ella lidera y gestiona la actividad de un grupo formado por ocho luchadoras. Atrás han quedado los años donde estaban sometidas y explotadas por Juan Mamani; el hombre que tuvo la genial idea de introducir hace más de una década a las cholitas en la lucha libre. Ahora son ellas las que han tomado las riendas de su profesión, negocian contratos y planifican sus apariciones en público. 

Combate entre Dina (con falda naranja) y Benita, donde el arbitro es involucrado en la pelea. /LUCAS VALLECILLOS

Sin pretenderlo, las cholitas que practican lucha libre o cachascán, se han convertido en un símbolo de libertad: reivindican la emancipación de la mujer frente al patriarcado imperante. Y la igualdad de todos los bolivianos contra la segregación racial, que parece estar tocando su fin en un país donde el 80 % de la población está considerada indígena. El punto de inflexión en la sociedad boliviana respecto a las normas no escritas que segregaban a las cholas en el imaginario colectivo, se produjo con la llegada al poder en 2006 de Evo Morales. A pesar de reproducir los marcados patrones machistas que rigen el país, nombró como ministras a tres mujeres «de pollera». Y elaboró también la ley contra el racismo y toda forma de discriminación, con el objetivo de eliminar la desigualdad establecida entre razas y géneros. 

Nuevos valores

Sin embargo, hacía tres años que las cholitas luchadoras había empezado a impartir nuevos valores adelantándose a los gobernantes. Desde que nacieron en el 2003, han reivindicado con orgullo su condición de mujer y de chola, en un ambiente de hombres donde inicialmente fueron rechazadas, incluso por el público. «Nos decían:  ‘esas mujeres deben estar en la casa cocinando», recuerda Lidia Flores con una dulce sonrisa, que se torna agria cuando en el estadio suena por megafonía su nombre artístico, 'Dina, la reina del ring' (en la foto en cabeza, en el centro). «Se acostumbraron a nosotras, ahora nos apoyan, tanto los turistas como el público nacional. En mi barrio están muy orgullosos de contar con una luchadora». Lidia empezó con Carmen Rosa, alias 'La campeona', que fue una de las primeras cholitas que se subió al ring en el 2003, y que afirma en el documental 'Mamachas del ring' (Betty Park, 2009): «Si nos sacamos la pollera la gente nos recibe bien»; fue también la primera en defender su indumentaria chola tanto en entrenamientos como en los espectáculos. Y es que hasta hace poco, incluso hoy en día, vestir pollera puede tener un coste social muy alto. Fue sonado el maltrato que sufrió una chola en los juzgados de Quillacollo en octubre del 2016, que finalmente resultó ser la ministra de Justicia Virginia Velasco. Ante el trato vejatorio que recibió por parte de los funcionarios declaró: «Cómo será el trato a la gente humilde, que no sabe hablar ni castellano, sino solo quechua».

Quebrando estereotipos

Hoy es domingo, y tarde de lucha en el Coliseo Multifuncional de la ciudad de El Alto, a 4.000 metros de altitud. Ángela, la folclorista planifica el espectáculo junto con el equipo de luchadoras que lidera. Han roto moldes, dando visibilidad a la mujer en un deporte que  hasta hace poco estaba dominado por hombres; transformando la manera de recrear y de pervivir la figura de la chola paceña, quebrando los estereotipos que las tildaban de personas tímidas, calladas y sumisas, todo lo contrario que representa una cachascanista. Estas mujeres han subvertido la lucha libre, trasformando su indumentaria tradicional en un elemento reivindicativo racial y de género. La chola ha emergido en la lucha como una persona segura, independiente y fuerte. 

Dina y Benita, en otro momento del combate. /LUCAS VALLECILLOS

«Las bajoneadas 
de los hombres
nos dan más
fuerza para
pelear», afirma
Dina, la reina
del ring

Hasta la llegada de ellas al ring, en Bolivia este deporte estaba en decadencia y pasaba desapercibido. Hoy la lucha libre es muy popular, y los hombres han sido desplazados a un segundo plano por las cholitas, que se han convertido en un icono cultural identitario del país. «Actualmente sí, somos las estrellas, es por eso que algunos luchadores nos discriminan», dice Mariela Averanga, alias 'Benita, la intocable' (en la foto en cabeza, a la izquierda). Dina añade: «Cada vez que los hombres nos tratan de bajonear, esas bajoneadas nos dan más fuerza para la próxima pelea». Y remata Ángela: «En nuestro país, acá en Bolivia, ocurre en todos lados, por ejemplo el esposo no deja que nosotras podamos surgir. Como dijo mi compañera nos tratan de bajonear, nos dicen ‘eso que has hecho está mal o eso no se hace así’, pero a nosotras nos da más fuerza, más aliento». El tesón y la humildad, es la manera que tienen de luchar contra los cimientos del patriarcado, que están construidos para ensalzar lo masculino, menospreciando lo femenino.

Es sorprendente la fe que profesan en una actividad que no les da para vivir. Durante la semana tienen un trabajo a tiempo completo con el que compaginan los entrenamientos, las tareas de casa, y el cuidado de los hijos. De las tres, la única que se dedica en exclusiva a la lucha es Ángela, que gestiona todo lo relacionado con el grupo de luchadoras que lidera. Benita trabaja en una empresa de seguridad y Dina es cocinera en un restaurante. La lucha es un ingreso extra que complementa sus economías, pero sobretodo les enriquece como mujeres y como personas, «Mi mayor satisfacción es poder mostrar la vestimenta de la chola paceña, y que vean que las mujeres podemos hacer este deporte», dice Benita.

La buena y la mala

El espectáculo siempre sigue un mismo hilo narrativo que enfrenta a una buena contra una mala, aderezado con humor, donde siempre gana la buena. Aunque lo más interesante es observar como las cholitas han incorporado a sus personajes atributos considerados masculinos, como la rudeza, la fuerza, la violencia o la ausencia de pudor, algo inédito en la tradición chola. En los combates con hombres, los ridiculizan, incluso en múltiples ocasiones les ningunean su masculinidad afeminándolos según los patrones patriarcales. Y siempre, el combate lo gana una cholita.

«Las cholitas
somos fuertes
y luchadoras.
Nada se nos
resiste», asegura
Ángela, la
folclorista

Las cachascanistas son pioneras en dar visibilidad pública al empoderamiento de la mujer andina. Y abanderan el movimiento que ha conseguido despojar de carga peyorativa al término cholita y su indumentaria, dignificando el hecho de ser indígena. 

Hasta hace muy poco, las mujeres dejaban la pollera para no ser discriminadas y poder integrarse más fácilmente en la sociedad. Hoy hay mujeres que hacen el camino a la inversa; incluso ha surgido una gran industria de moda alrededor de la indumentaria chola. Actualmente la mujer de pollera se atreve con la escalada, el fútbol, el ciclismo, el periodismo, la política... La culminación sería ver una chola de presidenta del Estado plurinacional de Bolivia. Algo que no es difícil imaginar escuchando a Ángela: «Las cholitas somos fuertes y luchadoras, nosotras podemos con todo, no hay nada que se nos resista».  

Aceptación familiar

Benita no tuvo ningún problema en casa cuando decidió iniciarse en la lucha, todo fue compresión. «Vengo de familia luchadora, mi señor padre y mis hermanos son luchadores». Pero Delina ha tenido que salvar algún escollo, «solo a mi hijo mayor no le gusta que yo sea luchadora, pero mi hijita y mi hijito me apoyan, y mi esposo viene a verme pelear».  Ángela es la que ha tenido que vencer más obstáculos en el seno de su familia para poder subir al ring: «He tenido problemas con los hermanos más que todo, me decían ‘¿por qué te vas a meter ahí ?; la lucha no es para mujeres es para varones’. También he tenido problemas con mi marido, que no ha aceptado que sea luchadora, pero a mi me gusta, hoy por hoy es mi vida. Tenemos nuestros esposos a un ladito, y nosotras con la lucha hacia delante».