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Cómo educar a los niños en las masculinidades alternativas.

MASCULINIDADES ALTERNATIVAS

¿Cómo educar varones en la edad del #MeToo?

El antropólogo y padre Ritxar Bacete publica el libro 'El poder de los chicos', en el que da un puñado de pistas prácticas para criar a los niños libres de ataduras y estereotipos sexistas

Núria Marrón

Entrenamos a las niñas para que identifiquen y pisoteen los estereotipos que  a menudo enjaulan sus cuerpos y deseos, y les decimos que pueden ser lo que quieran. ¿Bioquímica? ¿Carpintera? ¿Madre? ¿Todo? Incluso las princesas Disney nada tienen que ver con aquellas damiselas desmayadas cuyo destino era ser muy buenas y muy puras y parpadear mucho hasta que el príncipe las eligiera a ellas y no a las feúchas malvadas que intrigaban a su alrededor. «Si incluso 'Frozen' va del amor entre dos hermanas que ellas solas se liberan del patriarcado», ejemplifica el antropólogo y padre Ritxar Bacete.

Sin embargo, este especialista e investigador en masculinidades alternativas alerta de que los niños son los grandes olvidados en la transformación colectiva que implica la igualdad. ¿Qué mensajes estamos transmitiendo a los chavales, dónde están los nuevos referentes?, se pregunta. Ese punto ciego, alerta, ya lo está exprimiendo la extrema derecha, que «barniza, tunea y revaloriza» las masculinidades reaccionarias y está atrayendo a muchos jóvenes. Así pues, para contribuir a cortocircuitar esta espiral –«los mandatos tóxicos siguen sembrando las semillas de 'las manadas' del siglo XXI»–, Bacete publica el libro 'El poder de los chicos' (Destino), un hábil artefacto dirigido a niños de entre 7 y 12 años que convierte en una aventura el desafío a estereotipos, ataduras y privilegios, y en el que las familias pueden encontrar un puñado de pistas para acompañarlos en esta cara b de la emancipación.

1. ¿Cuáles son tus superpoderes?

Ya lo apuntaba Bacete unas líneas más arriba. Mientras que el pantocrátor de heroínas poco tiene que ver con el de décadas atrás, los superhéores son los mismos que en los años 60. Spiderman. Hulk. «Es como si los chicos fueran en un 600 y las chicas en un coche híbrido». Así que ahí va una propuesta. ¿Y si tomamos esa figura poderosa que tanto gusta a los niños –la de los superhéroes– y le damos un nuevo sentido? ¿Podemos resignificar la idea de poder?

Una imagen de 'Los vengadores'. 

«Hay quien ha criticado el título del libro –‘¿más poder aún quieres que tengan los chicos?’–, pero creo que el poder también es la capacidad para transformar el mundo, y se necesita mucho y del bueno –del profundo, del liberador– para decirle que no a un abusador, para confrontar la masculinidad tóxica o para resolver los conflictos de forma pacífica». Una idea de Bacete: escribir una lista con las cualidades relacionadas tradicionalmente con las niñas, otra con las de los niños y 'liberarlas' para todos. También sería importante, dice, entrenar «superpoderes» como el cuidado, la ternura y la compasión. «Los niños no son los herederos universales del patriarcado, sino de lo que nosotros hayamos sido capaces de hacer».

2. El cuerpo y la educación sexoafectiva

La educación sexoafectiva, dicen a coro los expertos y el sentido común, debe iniciarse mucho antes de que el porno 'mainstream' formatee a los adolescentes con lo que es deseable y 'normal' y lo que no (y ya conocen la escena omnipresente: harenes de mujeres con rostro aniñado que se entregan entre azotes a la eyaculación masculina). Una forma de empezar es que los niños conecten y «honren» su propio  cuerpo. «Se ha de romper con esa idea de que los cuerpos masculinos son depredadores», asegura el antropólogo, y potenciar que disfruten de él en un sentido amplio. Así, apunta, se puede ir cimentando una sexualidad –entendida como todas las posibilidades que te da el cuerpo para gozar de la vida– basada en la experimentación y el placer, y no en la violencia y la dominación. «Además, el machismo pasa por la disociación entre cuerpo, mente y emociones: para ejercer la violencia, te has tenido que entrenar en no sentir».

Las jugadoras del Barça, en el partido en el que ganaron, el año pasado, la Copa de la Reina /efe / jero morales

3. Romper el espejismo de la igualdad

«Vivimos en una especie de era de la ilusión de la igualdad que estamos trasladando a los niños» y urge «romper ese espejismo», afirma el antropólogo. ¿Por dónde empezar? Pues, por ejemplo, porque investiguen por qué los hombres del equipo vencedor de la Copa del Rey ganan un millón de euros, mientras que el combo femenino no se lleva nada; por qué las mujeres dedican el doble de horas al cuidado de la familia, o por qué sus abuelas, de jóvenes, necesitaban permiso del marido incluso para abrir una cuenta bancaria.


4. Nombrar la norma y hacer visibles los estereotipos

Y ya con la carrerilla tomada, se les puede animar a que descifren «los mensajes ocultos de la publicidad, el cine, los cómics y los dibujos». Por ejemplo. ¿Qué quiere decir que una cosa sea de niño o de niña? ¿Dónde está escrita esa norma? Es más: ¿qué significa ser niño o niña? ¿Y si alguien se siente todo a la vez, o ni una cosa ni otra, o este asunto le importa un pito? Tras el debate, se les puede explicar de forma llana, afirma Bacete, qué son los estereotipos y cómo a menudo nos enjaulan (su hijo, por ejemplo, no se atrevió con apenas 3 años a entrar en el cole con un muñeco bebé en una mochila porteadora), y cortar de cuajo esa idea tan hegemónica que dice que ser niño significa, básicamente, no ser niña y que ser niña es algo situado en una ominosa intersección entre la vergüenza y el horror. De hecho, ¿cuántos de ustedes se han sorprendido al saber que su hijo no se atreve a orinar sentado en el colegio, cuando sí lo hace tranquilamente en casa?

Un padre se pinta las uñas con su hijo.

Así, Bacete apunta a que la infancia debería sea un campo abierto de experimentación y creatividad de género. «Les deberíamos acompañar dejándoles en paz». Además, también puede ser vital celebrar, más que aceptar, la disidencia a estas normas no escritas –fulanito, ¡qué bien te quedan las uñas pintadas!– porque abre espacios de libertad para niños que lo pasan mal. 

5. Hacer visibles los cuidados y hacerles partícipes

El antropólogo también insiste en la necesidad de que los niños –y las niñas– sean concientes de que detrás de, por ejemplo, una camiseta doblada hay alguien que ha puesto una lavadora y la ha tendido, planchado y guardado en un cajón. Y lo mismo con todos los trabajos, invisibles e ingentes, que sostienen la vida y cuya carga ellos deben compartir.  Además de ser algo justo, «también hay menos posibilidades de que un niño ejerza la violencia contra su pareja o sus hijos cuando sea mayor si ha participado en las tareas domésticas y ha visto cómo lo hacía su padre». La ética del cuidado–con uno mismo, con los demás y con el entorno– produce un desarrollo moral distinto, más cívico y pacífico, insisten desde la filosofía. 

La escritora Gloria Fuertes. 

6. Nombrar las emociones y conflictos sin violencia

Llegamos al estribillo de los tiempos (ya saben: la gestión de las emociones). Es posible, amable lector o lectora, que esté poniendo los ojos en blanco al escuchar, una vez más, estas cinco palabras seguidas. Sin embargo, insiste el antropólogo, es fundamental que los niños sepan, por ejemplo, que la alegría es pasajera y que se pueden conectar con ella bailando; que podemos entrenar la calma; que los afectos nos mantienen apegados a la vida buena; que somos vulnerables e interdependientes y debemos pedir ayuda si la necesitamos, y que el miedo es algo que urge reconocer y nombrar para acotarlo e incluso para poderlo escupir. Porque, de no ser así,  se puede convertir en ira, «la emoción más tóxica».

Además, asegura Bacete, también se les debe explicar que el «no» es «una palabra de poder» que sirve para mucho: para decir lo que no quieres hacer o que te hagan, «la que te conecta con la dignidad y te ayuda a mantener los límites y el control, y la que nunca debe confundirse con un 'tal vez'». Ya ven: un filón precoz para trabajar el consentimiento

7. Leer a escritoras e historias protagonizadas por mujeres

Acercarles a historias protagonizadas por chicas o a libros escritos por mujeres también puede ser un buen antídoto contra ese «ecs, es de niñas» que a menudo tienen en la boca. «Es una forma de reconocer a las compañeras como iguales, algo profundamente transformador». Además, sin estas lecturas, subraya el antropólogo, «te quedas con lo que ha contado la mitad de la humanidad». 

El poeta Federico García Lorca, icono antifranquista y LGTBI.

8. ‘Reset’ de referentes: de Lorca a 'Lola Vendetta’

Y aquí la recomendación final: buscar referentes más allá de Spiderman y Ronaldo. ¿Qué tal hablarles de Lorca, estandarte antifranquista y LGTBI, de Rosa Parks o de la superheroína Lola Vendetta? «Los referentes son importantes porque aprendemos por imitación de los modelos y son el mapa simbólico que nos permite elegir». Por cierto, tampoco está de más echar un vistazo amplio a la naturaleza y descubrir, por ejemplo, que el caballito de mar macho pare a sus crías y que en los safaris es frecuente ver a dos leones apareándose (ya ven cómo está la diversidad en el mundo animal). Ah, y siempre, apunta Bacete, se debe procurar predicar con el ejemplo, aunque para ello los adultos nos tengamos que "revisar de arriba abajo".

Temas: Feminismo