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Santa Irene de Sevilla

Víctor J. Blanco

Santa Irene de Sevilla

El público de 'GH Dúo' apoya a la esposa de Kiko Rivera tras conocerse su papel de dolorosa en el pasado tóxico del DJ

Núria Navarro

Faltos como estamos de ejemplos de virtud –el último puede que fuera Lady Di, la dolorosa de Kensington–, va y aterriza Irene Rosales, que ha rescatado a Kiko Rivera del pestilente fango de la drogadicción. "Todo el mundo me decía que por qué no lo dejaba –explicó días atrás la sevillana a la audiencia de 'Gran Hermano Dúo'–. Yo decía que primero porque yo lo amo con locura y segundo porque, aunque yo lo dejara iba a seguir ayudándole a que saliera de ahí".

Y en el plató, lágrimas furtivas y moqueos. Los colaboradores de Jorge Javier Vázquez se tragaban sus venenos y caían de rodillas. Echaban cuentas y veían que Irene había apechugado con el peor de los lados del simpático Kiko: la entrada en la cárcel de Isabel Pantoja, la relación tempestuosa con Chabelita, los partos y crianzas de sus dos hijas, Ana y Carlota, y sobre todo, los devastadores efectos de años de "cocaína, hachís y marihuana" sobre la poco normativa hechura de su esposo. "Había que aguantarle los malos modales, los llantos y los bajones inseperados", matizó durante el debate del 'reality' el extronista Rafa Mora, amigo del autor de 'Quítate el top'.  "Para mí ir a trabajar era pegarme una fiesta, no rendía en mi trabajo, no daba lo que tenía que dar", le refrendó el propio Kiko.

Irene Rosales y Kiko Rivera, en el confesionario de 'GH Dúo'. / el periódico

Marrón de los gordos

O sea, un marrón de los gordos. Y todo eso sin una mala cara, sin cobrar para soltar lo más grande por la boca, sin perder esa sonrisa tristoide suya que le da un aire a Natalie Portman en 'Una historia de amor y oscuridad'. Entonces, se preguntarán ustedes, si tan ejemplar es, ¿por qué se ha prestado a exhibirse durante 24 horas en la tele? Porque el matrimonio debe aún unos "90.000 euros a Hacienda" –según la documentada María Patiño–, deuda que enjugan si aguantan tres semanas en Guadalix de la Sierra. "Es un sitio donde vamos a ganar dinero los dos y también está el trabajo que nos pueda dar luego. Es algo que nos beneficia en pareja, un dinero que viene a casa", confiesa.

Esa modalidad de pago, que no le acaba de cuadrar a Irene porque no ve a sus niñas, no le resta mérito. "Una de las cosas por las que más quería que [Kiko] se recuperara es para que disfrutara de sus hijas, porque yo echo tanto de menos poder disfrutar de mi padre...", razonó a pie de pizarra, donde dibujó su curva de la vida.

El padre de Irene Rosales (Ginés, Sevilla, 1991) sufrió un desmayo en el trabajo hace 16 años y le detectaron un tumor cerebral. Sigue vivo, pero "no es feliz, no es una persona que se pueda valer 100%", admite Irene, la menor de los hijos. La madre tuvo que trabajar y los hermanos se encargaron de que tuviera una "infancia placentera". Estudió en la Bienaventurada Virgen María, con las hermanas irlandesas,  fundado por Mary Ward en el siglo XVII. Al acabar la secundaria, trabajó como socorrista en el Lips Beach Club de Ibiza, fue camarera en el Nuevo Olimpo Café y dependienta del Pull and Bear.

El matrimonio, en una imagen del 2017. / instagram

"Una mujer de verdad"

Y se hizo amiga de Kiko Rivera, que le rondó sin éxito durante año y  medio. No tenía nada que ver con las 'chicas Paquirrín', tendentes a salir en la portada de 'Interviú' a la primera de cambio. "Por primera vez en mi vida me encontré con una mujer de verdad, de las que ya no existen", admitió Kiko en 'El Hormiguero'. "Discutimos mucho, porque yo soy más difícil que meter un bocado al codo", reconoció. La relación empezó, según los tatuajes comunes, el 24 de mayo de 2014 –nótese que el 21 de noviembre Isabel Pantoja entraba en Alcalá de Guadaira por blanqueo de capitales–, y el 15 de diciembre de 2015 nació Ana. 

Entretanto, Kiko ocupaba las noches en pinchar discos en particular y en cumplir con el canon del fiestero, en general. Una falange de señoritas tomaron los platós para contar sus escarceos con él. En el 2015, por ejemplo, Lorena Da Souza dio buena cuenta de cómo  compartieron algo más que comida china antes de que él entrara en 'Gran Hermano VIP' y Carmen González, a quien conoció en un bolo en Benidorm, se explayó en un 'polideluxe'. En el 2016, saltó a la palestra Sandra Bruman, una artista de variedades que intimó tanto que hasta contó que Rivera tenía "un problema de gases". Y a todo esto Irene hizo oídos sordos y se centró en lo doméstico, con la excepción de promocionar una dieta de la alcachofa, una plancha para el pelo y un 'front row' de Pronovias en el que hizo sombra a Nicole Kimpel, la pareja de Antonio Banderas.

Pero llegó un punto en que no pudo más. "Le dije que tenía que hablar con su madre para superarlo porque yo sola ya no podía ayudarle", confesó en la gala de 'GH dúo'. Paquirrín había ido a quirófano para someterse a una reducción de estómago –perdió más de 40 kilos rápido–, pero no fue hasta que vio un documental sobre Avicii, el DJ sueco de 28 años que se suicidó con el cristal de una botella en abril del 2018, cuando decidió que tenía que dejar la droga.

A Cantora

Había llegado el momeno de encaminaro los pasos a Cantora, a contar a mamá Isabel lo que ocurría. "Kiko se rompió y le dijo que tenía un problema grave de drogas", explica Rafa Mora. Barajaron pedir ayuda a Belén Esteban, que se había desembarazado de la cocaína para beneficio de su salud y de su nariz desvallestada, pero se apañaron con un enjambre de médicos y psicólogos.

El pasado 3 de mayo Rivera anunció por Instagram que se bajaba del escenario debido a la depresión (seguramente fue el momento de la lucha a muerte con la adicción). Y detrás, discreta, paciente, Irene Rosales, cuya única veleidad conocida es haberse operado los pechos tras ser mamá.

Bueno, ahí no acaba el retrato propio de una santa si hacemos caso a los aficionados a trinchar reputaciones, como la tronista Chabeli Navarro. "Irene quería un futbolista en su vida", comunicó en un 'Sálvame'.  Pero nadie ha puesto un solo nombre sobre el tapete. Y hasta Anabel Pantoja, la portavoz oficiosa del clan, ha vitoreado a la Rosales. "Me encanta esta niña por cómo cuida a mi primo". El propósito era bueno, aunque tuvo que rectificar el comentario cuando la pusieron a caldo por machista. "Es una niña que entiende mucho a Kiko y le sabe llevar", salió al paso la sobrina de la tonadillera. Queda ver si alguien más saca ponzoña o aguantan y pagan a Hacienda.