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Victoria E. Henao: "Pablo Escobar me sedujo como un psicópata a su presa"

Jordi Cotrina

ENTREVISTA

Victoria E. Henao: "Pablo Escobar me sedujo como un psicópata a su presa"

La viuda del narcotraficante asegura que la modeló para ser una esposa sumisa

Begoña González

Victoria Eugenia Henao (Medellín, 1961) soportó amantes, humillaciones, mentiras, atentados, allanamientos y amenazas de secuestro, pero jamás se marchó de su lado. Asegura que vivió alienada por el hombre al que amó. Pero, tras haberse internado en un proceso de autoconocimiento y de perdón, ha decidido recuperar su voz recordando algunos de los episodios más dolorosos de su relación en el libro 'Pablo Escobar: mi vida y mi cárcel' (Ediciones Península).

–¿Por qué ha decidido hablar justo ahora?
–Después de muchos años sin atreverme a hacerlo, hace un tiempo empecé un proceso de introspección hacia las profundidades de mi alma. Siempre tuve mucho miedo y sentí que el silencio iba a ser mi gran aliado, pero me di cuenta de que tenía que derrumbar esa expectativa y asumir mi historia. Quiero que, con este libro, muchas mujeres que se sienten ahogadas, aterradas o atrapadas en relaciones dolorosas, vean que hay salida y que los hombres que se meten en estos negocios tomen consciencia de cuánto vale la libertad, porque el dinero no sirve para nada si estas encerrado.

"En Colombia
la mujer no tiene derecho a preguntar. Debes cumplir con los roles del hogar,
y eso hice"

–Conoció a Pablo Escobar cuando era una niña.
–Yo tenía 12 años cuando empezó todo. Pablo era un vecino más del barrio La Paz. Mis padres se opusieron a nuestra relación porque él era 11 años mayor que yo. Obviamente, en mi ingenuidad y mi inocencia jamás vi lo que realmente era. Hasta que mi hija cumplió los 12 años no me di cuenta de que la persona mayor que me regalaba chocolatinas y me escribía lindo, a la vez, me moldeaba la vida. Aun así, yo me enamoré de un hombre que no tenía un peso y así fue durante varios años.

–¿Cómo se convirtió ese Escobar que usted recuerda en quien fue después?
–Durante muchos años Pablo fue reconocido en el país como un empresario exitoso. Manejaba negocios inmobiliarios y de ganadería, y tenía contactos con políticos. Por aquél entonces yo era ama de casa, cuidaba de mis hijos y estudiaba, así que no estaba preocupada por entender qué hacía él. Vivía en una cultura muy machista. En Colombia los hombres toman sus decisiones, salen a trabajar y nunca te comunican nada. Ni siquiera tienes derecho a preguntar. Simplemente debes cumplir con los roles del hogar, y eso hice.

Victoria Eugenia Henao, en el paseo de Gràcia. / jordi cotrina

–En el libro, revela un momento muy doloroso de su vida: a los 14 años, Escobar la violó y la obligó a abortar. En aquel momento, aún no tenían un compromiso. ¿Se planteó huir?
–Entonces yo no tenía ni idea de qué era la sexualidad. En Colombia era un tabú, como lo sigue siendo ahora, casi 35 años después. Para mí, aquello que hizo era un pecado mortal; no entendí qué sucedía y permanecí en silencio todos estos años porque no se lo podía contar a nadie. Me refugié en el miedo y no lo procesé hasta los 56 años, cuando trabajaba mi historia junto a un terapeuta.

–¿Qué compuerta le abrió?
–Me enseñó que, a esas edades, una relación sexual con una persona cinco años mayor que tú se llama violación, y Pablo me llevaba casi 12. Yo en ese momento no lo viví así, pero lo que sí tengo claro es que cuando Pablo me llevo a abortar, en ningún momento me preguntó ni me advirtió de lo que me podía pasar. Simplemente sucedió, y ese fue un primer punto de la sumisión en la que fui creciendo a lo largo de los años. Mi terapeuta me dijo que aquel hecho me hizo ser la mujer sumisa de un psicópata. El psicópata siempre encanta a su presa, la seduce, y eso es lo que yo siento que sucedió con nosotros.

Pintada en una fachada de Medellín. / raul arboleda (afp)

–Psicópata para unos, un ejemplo para otros.
–Para mí ha sido muy complejo entenderlo. Cuesta mucho mirar el personaje de Pablo que se ha creado y, a la vez, ser conscientes del precio que pagaremos hasta el último de nuestros días por él y nuestra historia. Es muy doloroso. Siento mucho dolor, lástima y vergüenza por todo lo que les pasó a las víctimas. Me siento moralmente responsable y les he perdido perdón. Por otra parte, están las personas que se beneficiaron de lo que hizo Pablo, como la gente que vivía en tugurios o los jóvenes que pudieron disfrutar de los campos de fútbol que construyó. Cosas materiales que la gente no tenía, y que Pablo les ofreció. Es gente que vivía entre basura, y es normal que sientan gratitud con lo que les dejó él en vida.

"Le propuse separarnos
muchas veces, pero él siempre me decía que los niños y yo éramos lo más importante que tenía"

–¿Escobar era sincero con usted? ¿Compartió alguna información?
–Nunca. Y además de no contarme nada, me negaba cualquier respuesta a lo que yo le preguntaba (cuando le podía preguntar). Si en los primeros años la cotidianidad ya era complicada, al final, por carta o en los encuentros que sucedían cada dos o tres meses, aún lo fue más. Yo escuchaba cosas en los medios, pero él siempre me negaba que eso fuera cosa suya, siempre decía que le involucraban en todo. 

–En el libro, explica que su esposo llevaba una doble vida. Una junto a usted y sus hijos y otra, de lujo y dinero, junto a otras mujeres.
–Al verlo con la perspectiva del tiempo, me doy cuenta de que pasé muchos años tratando de protegerme de las bombas, los allanamientos, los secuestros y los atentados, y que lo que me hacía Pablo era una gran humillación. Más allá de mi figura de mujer, ponía en riesgo nuestras vidas a la vez que vivía todas esas cosas. Era desalentador. Yo le propuse muchas veces separarnos, pero él siempre me decía que no porque lo más importante que tenía en la vida éramos nosotros.

–¿Usted le ha perdonado?
–Yo idealicé a Pablo hasta que empecé a escribir mis memorias. En mi casa siempre le tuvimos mucho respeto, pero ahora estoy en un proceso de transición, de conocer el hombre con el que realmente viví. Durante este tiempo he sentido mucho enojo con Pablo: no sé si él era consciente cuando se fue de este mundo de hasta dónde había sido capaz de llegar. Aun así, hay que perdonar. El rencor te hace enfermar y, al fin y al cabo, él ya no está aquí y yo tengo que seguir mi vida. 

–¿Cuándo tomó la decisión de pedir perdón a las víctimas por lo que hizo su marido?
–Fue muy fuerte. Sentí que perdía el aire y que no iba a ser capaz de pronunciar ni una sola palabra, pero también lo necesitaba, por mí, por mis hijos y mi nieto. Reconozco en estas personas mucha grandeza de corazón, porque a pesar del dolor de sus pérdidas, han sido capaces de diferenciar a Pablo de nosotros.

–De algún modo, ¿se considera una víctima de Escobar?
–Por respeto a las víctimas, y como decía mi hijo en su documental ['Escobar Exposed'] , en todo caso nos consideramos los últimos en la lista.

–¿Cómo fue para ustedes dejar el país que fue su hogar y al que todavía no han podido regresar?
–Fue muy duro. Nos tuvimos que despedir de nuestro país, de la familia, mi madre y mis hermanas. Hemos estado más de 10 años sin vernos. Hoy lo recuerdo con mucha nostalgia, porque no soy capaz de imaginar que mi nieto tuviera que irse lejos y desaparecer del mundo. Pero no teníamos opción, sabíamos que dentro de lo peor, era lo mejor, porque la otra opción era quedarnos en Colombia a esperar la muerte.

El edificio Mónaco, en Medellín, residencia de los Escobar. / luis eduardo noriega (efe)

–La alcaldía de Medellín ha echado abajo el Edificio Mónaco, en el exclusivo barrio de El Poblado, donde vívían ustedes. Pretende evitar que sea una ‘atracción turística’.
–Debo respetar las decisiones de la Administación, pero creo que los países y las culturas aprenden desde la memoria y desde la evidencia del horror. Me hubiera gustado que el Mónaco, en vez de ser derruido, se convirtiera en un museo de la memoria, donde hubiera espacios para explicar a los jóvenes que el narcotráfico no es el camino a seguir. Debería servir para tomar consciencia del horror que vivió el país y para que las generaciones venideras fueran capaces de dimensionar el precio que se paga por el comportamiento de los seres humanos. Creo que así sumaría más.

–De algún modo, ¿busca combatir la banalización del narcotráfico que presentan las series que se han creado a partir de sus vidas?
–Exactamente. Me parece irresponsable lo que hacen estas productoras con las series. Si hay adultos que se encandilan con las historias, no quiero ni imaginar lo que provocan en los chicos de 13 y 14 años que todavía no conocen el mundo.