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La gran mentira de las redes sociales

El Periódico

La gran mentira de las redes sociales

Lucía Etxebarria

Una chica en un coche habla con un hombre mayor, entendemos que es su padre: "Pues…, que le conocí por internet y hemos quedado, y es muy majo, y de momento nos estamos conociendo". La cámara enfoca al hombre mayor, que pone cara de malo malísimo y dice: "Eso mismo es lo que les vas a contar a tus padres y si no… ya sabes lo que te espera".

Esta vez es una chica que tiene que elegir entre un montón de chicos de rostro cubierto. Ellos le van enviando mensajes, y ella irá descartando en base a los textos. "Este no, porque es demasiado atrevido". Un chico se quita la máscara, es joven y guapo. "Este parece celoso". Otro se quita la máscara, también joven y guapo. Por la razón que sea, va descartando uno por uno a chicos que, según se van quitando máscaras, se revelan como adolescentes de buen ver. Cuando el que finalmente es elegido, aquel que ha enviado los mensajes más bonitos, se quita la máscara, resulta ser un señor de unos 60 años.

"El número de agresiones a menores en redes sociales se ha multiplicado por cuatro en los últimos cinco años", dice una 'voz en off'. "Cualquiera puede esconderse tras la máscara de las redes sociales".

Estos anuncios tienen dos fallos muy gordos.

Uno. Parece que los agresores sexuales solo escogen por presas a niñas, cuando también se dirigen a chicos.

Dos. Parece que las víctimas son siempre menores. O que los que engañan son siempre agresores sexuales.

"He sido víctima de una estafa por parte de una pareja que sigue moviéndose impunemente por internet"

Recientemente yo he sido víctima de una estafa por parte de una pareja que sigue moviéndose impunemente en redes. Se presentan como emprendedores. Te aseguran que pueden ayudarte a crear una web de 'e-commerce' y a montar un plan de negocio. Tienen perfiles y webs por toda la blogosfera.

Si ustedes piensan que yo soy tonta, que sepan que la parejita ha dado conferencias en la Universidad de San Telmo en Sevilla (presentándose como licenciados ambos, cuando no llegaron ni a COU) y a la Universidad tampoco se le ocurrió verificar datos.Cuando supieron que yo estaba montando una editorial, me contactaron inmediatamente. No solo me crearon una web que dio más fallos que una escopeta de feria, sino que me montaron un lío de cuentas tal que mi gestor todavía no ha sabido desentrañarlo. De momento, el dinero que se ganó con los libros nadie sabe adónde ha ido.

En España los empleadores y las universidades están obligados a confirmar los datos que los particulares aportan en sus currículums. Yo investigué y… No, ella no era licenciada en Empresariales por la Universidad de Sevilla, ni él ingeniero informático, y cualquier parecido entre sus perfiles en Linkedin y la realidad era pura coincidencia. El registro mercantil me confirmó que no solo no eran prósperos empresarios (su lema era 'ganamos 10.000 euros al mes desde el salón'), sino que su empresa llevaba cinco años sin presentar cuentas y tenía pérdidas muy graves. Sin embargo, esta pareja sigue anunciándose y captando clientes.

Así que: sí, en algo tiene razón el anuncio: cualquiera puede esconderse tras la máscara de las redes sociales.

Algo he aprendido yo de esta historia. Nos creemos más listos que nuestros hijos y nos ponemos de lo más paternalista. Y, sin embargo, entra dentro de lo posible que a mi hija de 15 años, que es nativa digital, no la hubieran engañado. Porque mi hija, en realidad, es muchísimo más cuidadosa que yo. Ella se mueve por redes como pez en el agua, yo no.

A una amiga mía le robó la cartera un hombre al que conoció por redes sociales. A otra, un ligue de internet la agredió sexualmente en el portal de casa. Y no, no tenían 15 años. Son dos mujeres divorciadas. Y no, la culpa no fue de ellas. Ni la culpa fue mía.

"La culpa es de la red social, que permite que alguien se registre con una identidad falsa"

Porque hay un tercer fallo en la campaña publicitaria.

Una campaña así vuelca la responsabilidad del acoso en la víctima, que es la que (se deduciría de la campaña) no debe quedar con desconocidos. Pero la única y exclusiva responsabilidad del acoso y del engaño la tienen los que acosan y engañan, no las víctimas. Al responsabilizar a la víctima, se justifica al acosador. Parece que él puede, porque ella se deja.

Yo no lo busqué. Caí en las redes de un par de estafadores profesionales. Mis amigas no lo buscaron. Cayeron en las redes de un ladrón y de un violador. Y si una menor de edad cae en las redes de un pederasta, la culpa nunca será de ella: la culpa es de la red social que permite que alguien se registre en redes con una identidad falsa, sin exigir un documento nacional de identidad para abrir un perfil. Pero de eso hablaré en el próximo artículo.
 

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