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María Pedraza: el incendio adolescente de 'Élite'

El PERSONAJE DE LA SEMANA

María Pedraza: el incendio adolescente de 'Élite'

Núria Marrón

Desde que hace una semana se estrenó la serie de Netflix 'Élite', su actriz protagonista, María Pedraza (Madrid, 1996), debe de tener la sensación de haberse montado en una montaña rusa accionada por un feriante pasado de anfetaminas que lleva días –si no semanas– sin dormir.

El caso es que Marina, el personaje que interpreta en esta ficción producida por Zeta Audiovisual y estrenada en 190 países, es el gran pararrayos en el que descargan el grueso de tormentas de este' thriller' adictivo y cuajado de sexo y drogas que mezcla los dramas de instituto con un intenso, a ratos excesivo, orden del día de los tiempos.

 

Del conflicto de clases a la diversidad sexual y de las élites depredadoras a las jaulas culturales y la xenofobia, la serie–celebrada como el gran artefacto generacional de los nacidos más allá de los dosmiles– está acabando de propulsar a Pedraza a ese no-lugar de la celebridad en el que a) las publicaciones de estilo filosofan sobre si estamos o no ante el advenimiento de la próxima gran it-girl; b) la facción del corazón husmea en sus gestos buscando pistas de un romance con su compañero de serie Jaime Lorente  c) las marcas y revistas de moda la cortejan; d) la industria la convierte en el próximo hueso que morder, y d) su audiencia en Instagram es capaz de sumar decenas de miles de nuevos seguidores en solo un día.

Bailarina de danza clásica

«No tengo miedo de la fama y sé perfectamente que sin público no hay ni 'shows', ni películas, ni nada», aseguraba días atrás la ciclónica intérprete, consciente seguramente de que forma parte de esa generación de actrices cuya audiencia en redes puede ser la alfombra roja a un papel. De hecho, podría decirse que el 'fenómeno Pedraza' nació en Instagram, escaparate en el que ya reunía a un buen puñado de seguidores y en el que la descubrió el director Esteban Crespo cuando buscaba a la protagonista de su opera prima, 'Amar', estrenada el año pasado.  A ella –admite– le sorprendió la oferta del director, sobre todo porque hasta ese momento su única experiencia en interpretación se circunscribía a la danza clásica, disciplina que había estudiado, de los 6 a los 18 años, en el Conservatorio Profesional de Danza Mariemma. «Para mí, es el descubrimiento del cine español en 10 años: aprende rápido, sabe fluir y va a fondo», proclamó el director.

 Así pues, Pedraza –cuya familia es ajena al mundo de la cultura y tiene una hermana que estudia para policía– tomó las primeras clases de interpretación tras acabar su primera película y, animada, dice, por su pareja, un fisioterapeuta al que había conocido cuando se recuperaba de una lesión con el baile. «En lo que hago ahora he descubierto algo que me devuelve a esas mismas sensaciones que tenía cuando bailaba siete horas al día. Mientras giraba o me movía por el salón con mis zapatillas de punta, sentía que volaba», asegura.

La rampa de salida de ‘La casa de papel’

Tras la primera película llegaron la serie digital e interactiva 'Si fueras tú' y lo que ya todos conocen: su papel de hija del embajador estadounidense en 'La casa del papel', zambombazo mundial que la puso en la rampa de salida hacia el casting de 'Élite' junto a sus compañeros de reparto Miguel Herrán y Jaime Lorente.

De momento, la producción con la que Ramón Salazar ('Tres metros sobre el cielo') y Dani de la Orden ('El mejor verano de mi vida') se proponían atrapar a la generación que ha crecido alejada del televisor –nicho en el que también olisquean series como la más naturalista 'Skam'– da signos de pelotazo. El pasado fin de semana, fue la ficción más 'maratoneada' en todo el mundo, en parte también por haber roto el muro generacional para convertirse en un placer culpable de quienes hace ya años, si no décadas, que dejaron el instituto y que se reivindican en el 'hashtag': #YoTambiénVeoÉlite. ¿La fórmula? Un cóctel en el que resuenan un puñado de series, que espectaculariza los años salvajes (con algún diálogo que hace remover en sus asientos al público más adulto) y en el que un asesinato –contado al modo anticipado de 'Big little lies' y 'Por trece razones'– sirve para adentrarse en un colegio de élite en el que los alumnos, hijos de millonarios corruptos y marqueses disfuncionales, crecen con el convencimiento de que el mundo es su escupidera.

Conversación adolescente

Así, en Las Encinas, el exclusivo centro ubicado en la sierra madrileña, se abren paso las traiciones, las primeras veces, los colocones, las relaciones homosexuales, el bullying, las redes sociales, el desencaje juvenil y la visceralidad recién descubierta... e incluso el VIH, ya que la protagonista, Marina –pija, rica, rebelde privilegiada y vértice de un triángulo amoroso con dos hermanos de familia desestructurada–, es portadora del virus sin dramas ni más vergüenza que la que sienten sus propios padres.

La actriz, entronizada ya como el rostro inflamable de la generación Z, sale airosa de este personaje en colapso, ombliguista y adicto a los abismos que, aunque excesivo y exagerado, también sirve para abrir una conversación interesante y desprejuiciada sobre el deseo y las frustraciones adolescentes, y los privilegios y precariedades en las que se anclan las relaciones de poder. La serie huele a segunda temporada, pero, de momento, a Pedraza la veremos sin uniforme escolar, interpretando a la abogada de 'Toy boy', la nueva serie de 'strippers' de Antena 3.