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Marcha de mujeres el pasado 6 de octubre contra la candidatura del ultra Jair Bolsonaro, que parte como favorito en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil.

¿ESTÁ PERMEANDO EL IDEARIO REACCIONARIO EN LOS ESPACIOS PROGRESISTAS?

Alerta ultra: la izquierda se agita

Sin complejos, algunas voces aceptan debatir sobre cuestiones como la inmigración o la UE desde postulados que parecen propios de la ultraderecha

En el espacio progresista arrecian las críticas por haber estado más pendientes de luchas identitarias, como la LGTBI o el feminismo, que de la clase trabajadora

Juan Fernández

La era postcrisis tiene pendiente responder a una de las preguntas del millón de nuestro tiempo: ¿cómo es posible que la herencia de la Gran Recesión sea un panorama marcado por la desigualdad, la precariedad laboral y el deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora y a estas horas los discursos de izquierdas, adalides tradicionales de estas reivindicaciones, no solo no están imponiendo su relato sino que andan a la defensiva ante el empuje del neoliberalismo y la extrema derecha?

El multimillonario Warren Buffett supo verlo claro. «Esto es una guerra de clases y vamos ganando los ricos», sentenció al poco de hundirse la economía mundial. Pero en el lado contrario del tablero no parece haber la misma certeza en el diagnóstico y la estrategia a seguir, a la luz del paisaje político que muestra la mayoría de los países azotados por la crisis, marcado por la emergencia de personajes y formaciones ultras que cuentan por éxitos sus citas con las urnas y sus puestas en escena. Las últimas, la victoria del neofascista Jair Bolsonaro en Brasil y la efectista irrupción de Vox como opción electoral. 

Patio revuelto

En medio de la ventisca derechista, el árbol de la izquierda ha empezado a agitarse en España con la aparición de propuestas que cuestionan la respuesta dada a la crisis hasta la fecha por el directorio progresista y que plantean soluciones que desbordan el clásico debate entre moderados y radicales, atreviéndose a poner sobre la mesa análisis y preceptos que en un primer golpe de vista parecen propios de ideologías situadas en las antípodas.

"La clase trabajadora parece diluida en grupos que compiten entre sí", afirma Daniel Bernabé, autor de 'La trampa de la diversidad' 

Un artículo firmado por Julio Anguita, el diputado de Podemos Manuel Monereo y el profesor de Derecho del Trabajo Héctor Illueca en el digital 'Cuarto Poder' generaba recientemente una fuerte polémica por su defensa del 'Decreto dignidad' dictado por el gobierno italiano, que promueve propuestas económicas de corte nacionalista y antieuropeísta. Unos meses antes, el escritor y periodista Daniel Bernabé generaba acalorados debates en las redes sociales a cuento del mandoble que le propinaba a la socialdemocracia en su libro La trampa de la diversidad (Akal), convertido en inopinado superventas de ensayo político de la temporada. Su tesis es que los movimientos y espacios progresistas han atomizado su acción política al centrarse en luchas sectoriales identitarias, como la LGTBI, la feminista, la ecologista o la animalista, mientras desatendían las razones materiales que subyacen a todas esas reclamaciones. 

¿Y la agenda social?

El patio de la izquierda anda revuelto. «Pero esto no es una mala noticia. Al contrario: que estemos hablando de estas cuestiones ya es un paso adelante», destaca Bernabé, quien ha sido tachado de «obrerista reaccionario» en las redes sociales por denunciar el despiste que, en su opinión, ha mostrado en los últimos años la hoja de ruta progresista.

«Por supuesto que esas demandas son justas y necesarias, pero han acabado situándose al mismo nivel que la cuestión económica, que está en la base de todos los problemas. Al final, seas mujer, gay o ecologista, perteneces a la clase trabajadora, pero esta parece diluida en una serie de grupos que compiten entre sí», observa el analista, y pone un ejemplo de escala local para razonar su queja: «El problema de las ciudades no es que haya más o menos carriles bici, sino que la gente no puede pagar los alquileres y no se construyen viviendas sociales. Los ayuntamientos del cambio deberían haber dado prioridad a la agenda social, y no lo han hecho».

Objetivo: el modelo económico

 «No hay nadie en la izquierda que explique por qué ahora trabajamos más por menos sueldo y vivimos peor, ni que dé la batalla contra el culpable de esta situación, que es el modelo económico que nos han impuesto. Esto ha provocado un divorcio de la clase obrera con los partidos que hasta ahora les habían representado», opina la politóloga Arantxa Tirado, coautora del libro 'La clase trabajadora no va al paraíso' (Akal), que va ya por su cuarta edición. Contra todo pronóstico, el ensayo político de corte progresista se ha convertido en un filón para las editoriales fruto del interés que ha emergido por entender qué le pasa a la izquierda para que ande tan perdida en un escenario en el que, al menos en teoría, debería manejarse como pez en el agua.

Aranxa Tirado, autora de 'La clase trabajadora no va al paraíso', critica que "la socialdemocracia
haya acabado abrazando el social-liberalismo"

El reproche de Tirado, como el de tantas otras voces que se han elevado en los últimos tiempos reclamando autocrítica, apunta al «complejo de la socialdemocracia», que no se ha atrevido a combatir las políticas neoliberales. «Por el contrario, ha acabado abrazando el social-liberalismo», lamenta. «Los que decían que no somos de izquierdas ni de derechas, sino lo nuevo contra lo viejo, deberían hacérselo mirar, porque si el criterio de prestigio es ese, ahora mismo lo más novedoso es Vox», añade Bernabé.

La 'izquierda reaccionaria' en Europa

Esta llamada al repliegue ideológico, que los críticos han descalificado colgándole la etiqueta de 'izquierda reaccionaria', no es nueva en Europa y rima con la que plantean formaciones como la Francia Insumisa de Jean Luc Melenchon o la alemana Aufstehen (En Pie). Con una importante salvedad: en estos países, las nuevas propuestas progresistas han puesto el acento en reivindicar lo nacional frente a Europa y critican los movimientos migratorios con énfasis propios de partidos de ultraderecha.

«La izquierda soberanista se está abriendo paso por todas partes», afirma Héctor Illueca con entusiasmo y sin complejos a pesar de los reproches que le han caído –a él y a Anguita y Monereo– por su defensa de las políticas económicas del Gobierno italiano. «¿Cómo no vamos a aplaudir que se luche contra la deslocalización empresarial que ha empobrecido a tantos trabajadores? Esta rebelión soberanista la protagonizan unas clases populares que lo han perdido todo y reclaman protección y seguridad», entiende. 

Propuesta provocadora

Su propuesta es provocadora, pero este factor forma parte del mensaje. «Hemos logrado que se abra el debate y se hable sin hipocresía sobre asuntos como la UE, que rechazamos abiertamente por estar diseñada en beneficio de las élites financieras alemanas, o la inmigración, que cuestionamos por encubrir una auténtica deportación masiva de mano de obra esclava», denuncia.

"Hiperventilar y criticar la migración o el euro solo va a servir para que crezca Vox", asegura la profesora María Eugenia R. Palop

¿La nueva izquierda crítica ha hecho suyo el argumentario de la ultraderecha? «Si lo hace, se equivoca, porque esto nunca le va a dar más votos. Hiperventilar criticando la inmigración o el euro solo va a servir para que crezca Vox. La izquierda, por definición, no es eurófoba. ¿Han calculado cuánto se empobrecería la clase trabajadora si saliéramos de la moneda común, tal como proponen algunos?», plantea la profesora de filosofía política María Eugenia R. Palop

La agitación que vive la izquierda parece tener muy presente la eficacia que está demostrando la ultraderecha para atraer miradas y votos. «Pero a esas formaciones no se las combate comprando sus mensajes, sino desmintiendo sus presupuestos falsos. Si hay pobreza, es porque la riqueza no se distribuye, no porque los inmigrantes vengan a quitarnos el trabajo. La izquierda tiene que dar la batalla contra el sistema económico que permite la evasión fiscal, no volviendo a los modelos del siglo XIX», concluye Palop.