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La antropóloga Mercedes Fernández-Martorell.

Mercedes Fernández-Martorell: "Con el capitalismo, cada mujer pasó a ser propiedad de un hombre"

La antropóloga disecciona en el ensayo 'Capitalismo y cuerpo' las relaciones de poder, políticas y económicas, que se han establecido desde el siglo XVI hasta la actualidad

Núria Marrón

¿Tienen algo en común la prostitución, la gestación subrogada, la manada o el buldócer contra la vida que supone el capitalismo avanzado? La antropóloga Mercedes Fernández-Martorell mantiene que sí. Algo así como un mismo pecado original que disecciona en el ensayo 'Capitalismo y cuerpo. Crítica de la razón masculina' (Cátedra), en el que sitúa el punto cero de nuestros tiempos 400 años atrás, cuando, dice, «los hombres aceptaron ponerse al servicio del patrón en condiciones a menudo miserables y, a cambio, se les donó un cuerpo de mujer».

Perdone, pero ¿cómo se realiza una donación masiva de mujeres? 
Cuando empezó a fraguarse el capitalismo, los hombres no querían trabajar por un jornal. Es cierto que al señor feudal le daban una parte convenida de la coseha, pero entre sí tenían relaciones de intercambio. Por tanto, se resistieron mucho a dejar de producir lo que necesitaban y a aceptar un salario, que es lo que el patrón decidía que valía su trabajo. Ese fue el gran cambio.

¿Y qué papel jugaron las mujeres?
Es que por entonces también surgió otro factor. Hasta ese momento, las relaciones entre hombres y mujeres habían sido más libres y desordenadas. Sin embargo, el Concilio de Trento (1545-63) obligó a que hubiera matrimonio e impuso el corsé con el vivimos desde entonces. Así que, con el capitalismo, se acabó instaurando la obligación de que cada mujer, que había pasado a ser propiedad de un hombre, sobreviviera con lo que el marido ganaba.

"Hay algo ideológico en los asesinatos de mujeres. El asesino nos advierte de que hay que volver al viejo orden, nos está diciendo a todas: ‘Cuidadito’»

¿Y no hubo resistencias? 
Como decía, como los hombres no querían trabajar en este nuevo sistema, se les dio un cuerpo de mujer para que aceptaran, para que les dieran disfrute, los cuidaran y produjeran nuevos individuos. ¿Y cómo se logró que ellas acataran? Con la caza de brujas, la matanza de mujeres. El terror hizo que se aceptara lo inaceptable, que fueran obedientes. Es que las mataron a miles. Sobre todo en el norte y el centro de Europa, pero también en Italia, España y Portugal.

Y en Catalunya especialmente, ¿no?
Aquí había pueblos en los que toda niña que nacía era considerada bruja, por tanto todas corrían el riesgo de ser quemadas vivas. Y ya se sabe lo que les hacían a las acusadas: les metían agujas por todos los orificios para comprobar si el demonio estaba o no allí. Las violaban. Y lo más importante: las mantenían vivas antes de ser quemadas, para que sufrieran y que todo el mundo lo viera. Sobre todo hijos, hijas y familiares. Las acusaban de comer niños, de participar en orgías, de provocar malas cosechas. Además, tenían una característica común.

¿Cuál era?
Que la mayoría eran viudas o chicas jóvenes, lo que instaló la idea de que lo mejor que te podía pasar era pertenecer a un hombre. En este sentido, también tuvo un papel fundamental la prostitución.

¿La prostitución?
Sí, se prohibió, y se crearon las casas de acogida y las galeras, que eran peores que las cárceles de hombres posteriores. Eran lugares terroríficos, de castigos brutales. Y de allí solo se podía salir cuando un hombre decía que se quería casar con una de ellas y esta aceptaba la obediencia. Las prostitutas –a las que desde el siglo XI ya se las obligaba a vestir con elementos que las identificaran, que las estigmatizaran– también sirvieron para domesticar, para construir a la mujer de bien, a la buena, que es la que obedece. «Si no, ya ves lo que te puede pasar», venía a ser el mensaje. De esta forma se contribuyó a considerar que ser de un hombre era un privilegio.

"El estigma de la prostituta también sirvió para domesticar, para construir a la mujer de bien, a la buena, que es la que obedece"

La historia no mejoró demasiado con la Ilustración. 
Bueno, los hombres tuvieron derecho al voto y hubo mejoras sociales. Pero en Francia, por ejemplo, el exilio o la guillotina fueron el destino de las mujeres que habían trabajado en política. La mujer siguió pegada al hombre. Pero, ¿sabe una cosa?

Diga.
Que las mujeres siempre han trabajado. En casa y fuera. Pero se escondía. En los censos de Galicia o Sevilla, por ejemplo, muchas de las obreras decían que se dedicaban a sus labores, porque, de alguna manera, no querían dejar constancia de que sus maridos eran unos débiles que ponían a trabajar a sus esposas.

Cuenta que, en el siglo XIX, en Inglaterra, había fábricas en las que el 75% de los trabajadores eran mujeres.
Claro, apareció la máquina de vapor y la fuerza bruta ya no era necesaria. Los sueldos eran de miseria, ya no servían ni para sobrevivir. Pensemos en el ludismo. Hombres y mujeres se emplearon en romper la maquinaria. Aún no había sindicatos. Se envió al Ejército y hubo gente asesinada y colgada en la plaza, o enviada a Australia. Y entonces volvió a aflorar el mismo mandato de siglos atrás: las mujeres, a casa. He recogido muchas noticias de la época. Los socialdemócratas alemanes pidieron prohibir el trabajo femenino en 1875 y Flora Tristán dijo: «Yo estoy contra todos, contra los hombres que no quieren que trabaje y contra el propietario que nos somete».

Hagamos un salto de gigante hasta los años 60 y 70 del siglo XX, cuando «la muchedumbre mujer –señala– rompe esa regla, dice que no quiere ser un cuerpo donado y se engendra lo que ahora se denomina crisis del capitalismo».
Entiendo que esto es así. ¿Pero cuántos millones de mujeres se han casado por la iglesia desde entonces? A día de hoy, se sigue llevando a cabo ese ritual en el que el padre dona el cuerpo de la hija al marido. En un minuto, en un segundo, se está reforzando toda esa estructura que se creó hace 400 años.

"Aún se sigue llevando a cabo ese ritual de donación del padre al marido y, en un minuto, se está reforzando toda esa estructura de hace 400 años"

¿Qué más vestigios quedan?
Muchos. Es cierto que en los últimos 40 años el feminismo y el movimiento LGTBI han quebrado esa dualidad de lo que representaba ser hombre y mujer. Y, además, el sistema ya no asegura ningún salario, con lo cual se ha roto aquel pacto tácito entre los hombres compartiendo todos y cada uno un cuerpo de mujer. Sin embargo, sí creo, por ejemplo, que hay algo ideológico en los asesinatos de mujeres. Un asesino de mujer nos está advirtiendo de que hay que volver al viejo orden, nos está diciendo a todas: «Cuidadito». Algo parecido pasa con 'la manada'.

¿En qué sentido?
Creo que son la representación de esa estructura que se acaba. En este tipo de violencias, el conflicto no va con las mujeres, sino con los agresores. Igual creen que no se les da el trato que merecen y, al coger a una desconocida entre tres o cuatro, lo que hacen es reforzar su masculinidad. Yo la meto más que tú. Yo he llegado más hondo. Tú la tienes más corta. Eso es lo que les preocupa. Están cosificando a la mitad de la población y son un peligro, porque no aceptan que el mundo ha cambiado.

Oiga, las mujeres ya no pertenecen ni dependen, en principio, de los hombres, pero sí del mercado. Y se dan nuevas formas de explotación. ¿Qué opina, por ejemplo, de la maternidad subrogada?
Desde Aristóteles hasta el siglo XVIII y XIX, la mujer fue considerada como mero receptáculo: necesitaba el alma que le transfería el hombre para que aquello que había engendrado no fuera tildado de mera porquería. Y creo que pagar a mujeres para que pasen por un embarazo y un parto es un eco de esa idea que se arrastra desde hace siglos.

Otro asunto que suma incendios es el de la prostitución.  

Siempre digo que todas las mujeres hemos sido prostitutas porque, al fin y al cabo, hemos tenido que vivir del marido para sobrevivir. La diferencia es que ellas no han dependido de un hombre, sino de 20 o 25. Sin embargo, lo que me molesta de la prostitución es que el supernegocio que genera prueba que hay muchísimos hombres que no quieren renunciar al dominio del cuerpo de las mujeres. Eso de que es el oficio más antiguo del mundo es un mito que solo busca una justificación.

¿Una justificación?
No en todas las culturas pagar por tener sexo proporciona placer. Hay sociedades, como documentó Margaret Mead, en las que los hombres son cuidadores y se vive en igualdad. 

"Los marginales ahora somos la mayoría. Lo cuerpos ya no valen nada y lo que ahora tiene valor en todo lo que necesitamos para vivir"

Ahora dice que vivimos un momento de vulnerabilidad muy seria.
Es que los marginales ahora somos la mayoría. ¿Cuántos jóvenes hay mal pagados, camareros que cobran 600 euros por trabajar 10 horas? Esa también es la demostración de la crisis del sistema, porque ya no hay cuerpos que valgan y lo que ahora tiene valor es todo lo que necesitamos para vivir. Hay inversores comprando tierras, agua, nuestras necesidades básicas. ¿Que te expulsan de la ciudad? ¿Que no te pagan lo que deberían? ¡Qué más da!

¿Avista alguna puerta de emergencia?
Entiendo que una nueva alianza entre los marginales sería algo muy interesante. El gran problema es cómo sigues comiendo a la vez que vas rompiendo lo que tienes. Los animales saben qué deben hacer para sobrevivir. El humano no, necesita aprenderlo de un adulto. Y ese es un gran dilema. Ahí está el nudo gordiano de todo este asunto.

¿En qué sentido?
Debemos ingeniar estrategias para sobrevivir y, por tanto, tenemos la gran posibilidad de inventarlo todo de nuevo. Pero, a la vez, estamos transmitiendo a nuestros hijos las normas de esta sociedad para que no sean seres marginales. Y ahí estamos. En esa especie de cárcel.