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Nathalie Baye: una genuina antidiva

JUAN CARLOS HIDALGO

Nathalie Baye: una genuina antidiva

La actriz francesa, que asegura detestar el estrellato, vuelve a la cartelera con 'Las guardianas', donde trabaja junto a la hija que tuvo con el rockero Johnny Halliday, Laura Smet

Nando Salvà

Nathalie Baye (69 años) es una de las grandes divas del cine francés, y lo es a pesar de sí misma. Mientras compañeras de generación alimentaban su propia leyenda mostrándose caprichosas e intratables –como Isabelle Adjani– o tomando decisiones profesionales a menudo basadas en la búsqueda del lucimiento personal –como Isabelle Huppert–, ella se ha mantenido casi cinco décadas al modesto servicio de autores como François Truffaut, Maurice Pialat, Claude Satet, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Steven Spielberg o Xavier Dolan. «De hecho, trabajar con grandes directores y aprender de ellos es uno de los objetivos que han servido de motor de mi carrera», explica. «El otro, sin duda, es no repetirme. Gracias a ello, a estas alturas puedo decir que he dado vida a casi cualquier tipo de mujer». 

 

Dicho lo cual, es evidente que Baye nunca antes había interpretado a ninguna como la que encarna en la película que la devuelve a la cartelera. Tradicionalmente, el cine sobre la primera guerra mundial ha omitido a los personajes femeninos o los ha relegado a los márgenes, reducidos a un rostro en una fotografía desgastada o a unos garabatos en una carta de amor arrugada. «En ese sentido, creo que 'Las guardianas' es una rareza o, mejor aún, un correctivo». La historia que en ella se cuenta es el otro lado de aquel conflicto, la experiencia de las madres, las esposas, las novias y las hijas que se quedaron en la retaguardia y soportaron la carga de mantener a flote las granjas francesas mientras los hombres morían en el frente. 

Cine feminista

En opinión de Baye, «es una película profundamente feminista, porque nos recuerda el papel crucial que las mujeres han desempeñado a lo largo de la Historia, y al mismo tiempo nos invita a reflexionar sobre el modo en que hemos sido ninguneadas a pesar de ello. En Francia no tuvimos derecho a voto hasta después de la segunda guerra mundial, y el derecho al aborto se nos sigue poniendo en cuestión regularmente. Y la mera existencia de movimientos sociales como el #MeToo demuestran que a día de hoy se nos sigue humillando y cosificando». En ese sentido los escándalos que han visto la luz en Hollywood en los últimos meses no son sino un reflejo, asegura, de problemas enquistados en el conjunto de la sociedad. «En mayor o menor medida, todas hemos sido víctimas de abusos. Yo nunca sufrí agresiones denunciables, pero recuerdo que durante mi juventud un director muy famoso me hizo sentir como su presa. Su forma de mirarme y de hablar conmigo eran propias de un depredador». 

La ‘ex’ y la hija de Halliday

'Las guardianas' es, asimismo, la primera película que Baye coprotagoniza junto a su hija, Laura Smet (34 años), fruto de la relación que a principios de los 80 mantuvo con el rockero Johnny Halliday. «Laura y yo siempre habíamos tratado de mantener nuestras respectivas carreras separadas. Estamos tan unidas, y hemos pasado juntas tantos momentos buenos y malos, que durante algún tiempo se nos hacía raro vernos la una a la otra como compañeras de trabajo». Baye fue un sostén para Smet durante años plagados de adicciones al alcohol y las drogas, y recientemente se ha posicionado del lado de su hija en la cruenta batalla legal en la que esta se ha visto envuelta por la herencia de Hallyday, fallecido el pasado diciembre. 

Nathalie Baye y su hija, Laura Smet, en un fotograma de 'Las guardianas'.

«Me parece triste ver que la búsqueda de la celebridad es el único motivo por el que muchos jóvenes eligen este oficio»

«Mi primera reacción fue entrar en pánico», confiesa la actriz al recordar lo que sintió cuando Smet le anunció que había decidido seguir sus pasos en el mundo de la interpretación. «No es que no confiara en ella, pero sé perfectamente lo competitivo, violento y humillante que este trabajo puede llegar a ser, especialmente para quienes tienen padres famosos. A lo largo de mi carrera, he visto quedarse en el camino a mucha gente llena de talento».

Éxito por accidente

En su propio caso, es cierto, el éxito actoral llegó casi por accidente. Su futuro, de hecho, parecía estar en el mundo de la danza, al menos hasta que, con 22 años, acompañó a una amiga a una clase de interpretación. «Inmediatamente sentí que aquello era lo que realmente quería hacer toda mi vida», recuerda. Y, poco después de ese momento revelador, ya estaba trabajando a las órdenes de Truffaut en 'La noche americana' (1973). «Sin duda fue la gran oportunidad de mi vida. En la carrera de un actor, si tienes suerte, ese tipo de regalos te llegan como mucho en dos o tres ocasiones, y tienes que aprovecharlos. El problema es que de repente el listón se pone muy alto. Tras rodar con alguien como François, quieres trabajar siempre con genios». 

De sus padres recibió un apoyo incondicional aunque, confiesa, algo problemático. «Ellos amaban la pintura pero nunca fueron capaces de vivir de ella, y eso les frustró enormemente. Y es horrible decirlo, pero creo que mi éxito les hizo sentir celos. Me ayudaron mucho, pero mi padre no elogió mi trabajo más que una vez, pocos años antes de morir, y mi madre nunca lo hizo. Todos necesitamos reconocimiento, y para ellos fue muy doloroso no tenerlo». 

Una adicción

Sea como sea, el estrellato es algo que Baye asegura no haber buscado nunca. «Todo lo contrario; lo detesto, me parece que lo ensucia y lo desestabiliza todo. Y por eso me parece muy triste ver que la búsqueda de la celebridad es el único motivo por el que muchos jóvenes escogen esta profesión». Lo único útil que la fama le ha proporcionado es, añade, el poder para trabajar solo en los proyectos que le apetecen. «No me importa pasar periodos relativamente largos sin hacerlo; me permiten reconectar con mi gente y poner en cuestión mis propias prioridades. Pasado un tiempo, eso sí, siempre siento algo parecido al síndrome de abstinencia. Sí, para mí actuar es una adicción. Sin ello, no sabría vivir», concluye la actriz. 

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