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Carlos Busqued: "Me ofenden los tipos felices que escriben novelas"

Carlos Busqued: "Me ofenden los tipos felices que escriben novelas"

Kiko Amat

Los culturistas llaman 'congestionar' o 'apretar' al acto de reducir la ingesta de agua para que el músculo luzca el máximo de seco y definido posible. Carlos Busqued hace lo mismo con su prosa: elimina y 'aprieta' hasta que su narrativa es puro nervio. El argentino escribe enjuto, a menudo sórdido. También lento, a juzgar por el tiempo que separa su debut 'Bajo este sol tremendo' (2009) y su segunda obra. En sus libros no hay lugar para cinismo, exuberancia lírica o juicio moral.

Busqued es un autor aislado, con un libro de estilo y un universo muy personales, refractante a modas o catervas. 'Magnetizado' narra la historia (real) de cuatro asesinatos nocturnos, idénticos, en Buenos Aires, en 1982. Y también la del muchacho raro que, tras confesar los crímenes, pasaría el resto de su vida en centros psiquiátricos penitenciarios. Uno de los mejores libros de crónica negra de los últimos años.

Empecé 'Magnetizado' pensando que era una ficción, y de repente vi que Ricardo Melogno existía. ¿Por qué él? Los asesinos en serie siempre me han interesado. Tuve un programa de radio sobre el tema cuando empezaba internet. Gente que me conocía de esa época y que, a la vez, estaba en el equipo terapéutico de Melogno, me introdujo. Él era uno de los raros, había sobrevivido a la Unidad 20, un centro psiquiátrico penitenciario, y estaba en uno más atento. Llevaba 10 años sin tomar medicación, trabajando, estabilizado, cuando le preguntaron si quería escribir su experiencia, como forma de terapia. Él dijo que no, pero que si le traían a alguien con quien conversar lo haría.

Y ese fue usted. Sí. Yo solo conocía versiones deformadas de su historia, fragmentadas, con la cronología mal dispuesta… Empecé a conversar con él, se estableció una conexión y decidimos seguir con ello para ordenar su vida. Para mí, la experiencia en sí misma era enriquecedora, no me planteaba convertirla en libro.

"Empecé a conversar con él y se estableció conexión. Tenía sentido del humor y prestó atención, pero era raro"

¿Cómo es Melogno? No es robótico, pero tampoco cálido. Su distancia es extraña. Tiene sentido del humor, presta atención, y es amable de un modo sincero, pero es raro. No es desagradable. No provoca sentimientos negativos más allá de la sorpresa y el interés.

Su delirio es puntual. En el libro afirma que se puede ser normal en un 99%, pero "estar fuertemente loco" por una sola cosa. El Melogno de hoy es muy distinto al que describen los informes realizados cuando lo detuvieron. Quienes lo atendieron en aquella época murieron o se jubilaron. Muy poca gente puede darme detalles de cómo era antes, pero está claro que sufrió un cambio radical de estabilización que también es parte de su misterio. Si juzgáramos por aquellos informes, él debería estar muy deteriorado, pero está mucho más funcional.

¿Entonces? Creo que el 'caso Melogno' se inscribe en el concepto de crímenes de 'pasaje al acto', como el doble crimen de las hermanas Papin. Los asesinatos sin móvil son falsamente sin móvil: si dispones de los hechos, hallarás una lógica en cualquier crimen. La lógica de la alucinación ya es una lógica. El mecanismo básico de esos crímenes es que en algún momento la persona que siente crecer ese malestar interior (el llamado kakon) lo proyecta en el otro, e intenta eliminar ese malestar en el otro.

Algún médico menciona el brote psicótico breve. Tiene sentido, pese a que Melogno no delira. El problema es que no tuvo a nadie, y al estar tan solo en un sistema tan cruel y punitivo, se le juzgó con una enorme carga moral, lo que en un caso de brote psicótico no viene a cuento. Un enfermo mental no tiene voluntad sobre sus actos. Otra cosa curiosa es que lo que le sucedió a Melogno no está tan lejos de lo que nos sucede a todos nosotros. Al tipo no le hablaba el demonio: se distrae, se le va la cabeza, todo le da igual, está en ese estado crepuscular...

Siente un terrible vacío interior, lo cual es muy humano. Ese vacío que culmina en violencia es una fuerza muy potente y muy común. En el caso de Melogno es violencia sin odio. Él no odia, no siente rabia.

"El vacío que culmina en violencia es una fuerza muy potente y muy común"

¿Cierta rabia, cierta alienación, son indispensables para escribir? Ejercer la literatura con seriedad, impregnado de ella (no escribir un libro para relacionarte con otros; la literatura como algo social), trabajando solo como un pelotudo para hallar algo distinto, algo trascendente… Si estás en armonía con el mundo no lo haces ni loco. No lo necesitas. Lo que haces con el odio –y yo tengo un resentimiento social muy grande– es convertirlo en un puente hacia tu entorno. Da más lástima todavía [ríe]. Me encantaría poder decir que el odio de mi literatura pone una bomba en la conciencia de la sociedad, porque eso me pondría en un rol proactivo [ríe]. Pero con ese odio en realidad uno intenta hallar un rincón donde meterse, como una alimaña [ríe].

Hay escritores que sí se relacionan bien con su entorno, son simpáticos y están cómodos en las fiestas. Por supuesto, sus novelas apestan. Eso es lo que no entiendo. El que emprende una acción está tratando de tapar un agujero que tiene adentro. Si alguien realiza el esfuerzo de escribir un libro, alguna razón tendrá, por banal que sea; pero a mi juicio escribes cuando no puedes comunicarte de otro modo. Me ofenden personalmente los tipos felices que escriben novelas. Podrían estar haciendo otra cosa, pasándolo bien [ríe]. La única literatura que me interesa es la que viene de la incapacidad de conectar. Solo sintonizo con un libro si viene de esa soledad.

Melogno admite su deseo de "ser una persona común". Tras la dialéctica del odio al otro se esconde siempre el "por favor, acéptenme". El libro empieza con Melogno siendo un monstruo (incluso se dice que le han visto levitar), y termina con él queriéndose perder en el montón. Ni siquiera busca reconocimiento, ni perdón. Quiere desaparecer. Ser uno más. Es conmovedor.

"Tu madre puso todo lo que tuvo para que tú tengas un trastorno mental severísimo", escribe. A la hora de buscar motivaciones para un crimen, ¿el entorno familiar es crucial? Sí. Una entrada muy poco amable al mundo. Melogno vivía en un entorno agresivo y no tenía cobertura contra esa agresión. Cuando uno tiene donde irse a guarecer, incluso si sufre violencia todo el tiempo, ese simple hecho certifica que lo que le están haciendo está mal. Uno ubica que lo que deberían hacer es protegerle, no violentarle. Ricardo no tuvo esa referencia. Estuvo a disposición constante de una figura muy invasiva y poco protectora. Una psiquiatra dice que las creencias religiosas de Ricardo son el único elemento de protección que pudo rescatar de la imagen materna. Hay una soledad constituida de Ricardo, cuya infancia se basó en resistir la locura de la madre. No tuvo un lugar donde buscar esa normalidad.

Ni siquiera la rebeldía adolescente o la delincuencia juvenil, lugares poco amables pero que otorgan un poder. Efectivamente. Al menos la violencia va a saltar en algún momento, el conflicto subirá a la superficie… En Melogno, la violencia brota contra su voluntad. Él lo que quería era convertirse en un cascote [ríe]. Su salida no era molestar a los vecinos, sino encerrarse en casa. Su impulso primario es más aislacionista que de intervención.

"El asesinato en masa es la conciencia de la sociedad que se revuelve. El asesinato en serie tiene razones más sutiles"

Cuando le preguntan si celebraba que había pasado "algo importante" tras cada muerte, Melogno responde que celebraba que "había pasado algo". ¿Ese tedio terrible está detrás de muchos asesinatos en serie? Los asesinatos masivos son la conciencia de la sociedad que se revuelve. El asesinato en serie es más escabroso, tiene razones más sutiles y construcciones mentales más complejas. El asesinato en masa es perfectamente compatible con la sociedad. De hecho, es como una función fisiológica de esa sociedad. Ni siquiera es una epidemia, que implicaría una enfermedad. Es más como cagar o vomitar. Un intento regular de eliminar un elemento dañino de tu cuerpo. Por eso los asesinatos masivos son mucho más frecuentes que los asesinatos en serie. Es una reacción social limpia.

¿Estos nueve años le han cambiado? Me vino bien el reconocimiento de Bajo este sol tremendo. Me ayudó sentir que no era un fracaso. Que me lo dijera Jorge Herralde, de Anagrama, la editorial que me enseñó a leer (con los primeros de Bukowski), fue muy importante. Alguien que yo respetaba de un modo jerárquico ratificó que lo mío tenía valor. Ahora estoy menos dolido, más mayor, aunque nunca me terminaré de arreglar con el mundo. Siempre estaré en una posición incómoda con las cosas.
 

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