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¿Por qué Chechenia es cuna de extremistas?

MAXIM SHEMETOV

ASÍ ES LA REPÚBLICA CAUCÁSICA

¿Por qué Chechenia es cuna de extremistas?

Las deportaciones masivas tras el fin de la ocupación nazi, la impunidad del Ejército ruso y el fomento del éxodo de integristas azuzan la radicalización

Marc Marginedas

Khamzat Azímov tenía solo 4 años cuando su familia decidió abandonar Argún, la localidad de Chechenia donde había nacido, y exiliarse en Francia. Corría el año 2002, y la guerra entre los rebeldes separatistas y el Ejército ruso imposibilitaba una existencia digna en su patria chica. 

Dos años antes, las tropas rusas habían retomado el control de Grozni, la capital, situada a tan solo 20 kilómetros, aunque eso sí, al precio de convertir a la población en un asolado espacio atestado de gigantescas pilas de escombros y de conferirle la dolorosa etiqueta de ciudad europea más destruida tras la segunda guerra mundial.

Durante los años posteriores a la conquista, fuerzas rusas y chechenas leales al Kremlin abrieron por toda la república prisiones secretas donde se torturaba a los detenidos para extraerles confesiones sobre los insurrectos independentistas. Argún era una de las localidades más afectadas por las desapariciones, circunstancia que empujó a los padres de Khamzat a huir, según una investigación de Radio Free Europe.

Tras recuperar el control del territorio, el Kremlin abrió prisiones secretas donde se torturaba a insurrectos independentistas

Este tenía solo 4 años, es decir, carecía de uso de razón, cuando sucedieron aquellos terribles acontecimientos. Pero ello no fue óbice para que en mayo pasado, con 21 años cumplidosacuchillara a un viandante junto a la ópera de París e hiriera a otros antes de ser abatido por las fuerzas de seguridad francesas. Su nombre se añadió a la larga lista de chechenos vinculados al terrorismo internacional: los hermanos Djozhar y Tamerlan Tsarnaev, autores del atentado durante el maratón en Boston en el 2013 en el que murieron tres personas; Abu Omar al Shishani, uno de los principles comandantes de Estado Islámico, muerto en el 2016... ¿Qué sucede pues en la desconocida Chechenia? ¿Qué causas están llevando a la radicalización de una parte significativa de su población?

La geografía: en la frontera del antiguo Imperio zarista

Chechenia es una de las seis repúblicas que forman el Cáucaso norte. Son sujetos integrantes de la Federación Rusa, es decir, están bajo soberanía de Moscú, pero al estar formadas sus poblaciones por minorías nacionales, disfrutan de un marco competencial superior respecto a las regiones ('oblast' en ruso) o territorios ('krai'). Las repúblicas tienen un presidente a la cabeza del Ejecutivo local, mientras que, en las regiones, es un gobernador quien ejerce dichas funciones.

Tras retirarse las tropas nazis, los chechenos fueron deportados en trenes a Asia central, acusados de colaboracionismo

La república chechena cuenta oficialmente con 1,3 millones de habitantes, aunque muchos expertos dudan de las estadísticas debido al cataclismo demográfico que supusieron las dos guerras recientes. La población es mayoritariamente musulmana, en más del 90%. Hasta mediados de los años 90, se trataba de una versión del islam alejada del rigorismo imperante en Oriente Próximo. Era sobre todo una creencia religiosa vinculada a las cofradías sufís, de carácter espiritual e incluso místico. 

Se trata de un territorio enclavado en una de las más heterógéneas regiones del mundo desde el punto de vista cultural y religioso. Pueblos que profesan la religión cristiana conviven con nacionalidades que han abrazado el islam, en un espacio de unos pocos miles de kilómetros cuadrados. La conquista del Cáucaso por parte del Imperio ruso se produjo en el siglo XVIII. Desde entonces, los chechenos han sobrellevado con dificultad la dominación de una potencia foránea.

Los traumas: una deportación y dos guerras recientes

Kadírov, aliado de Putin (en el centro), impulsa una cruenta represión.  / YELENA AFONINA / TASS

La conflictividad entre el poder central ruso y la pequeña nación caucásica se ha prolongado durante el siglo XX, con tres episodios traumáticos muy presentes en la memoria colectiva chechena. En 1944, durante la segunda guerra mundial, nada más retirarse las tropas de ocupación alemanas, el pueblo checheno en su enteridad fue deportado en trenes a Asia Central, concretamente a las estepas de Kazajistán, bajo la acusación de haber colaborado con el invasor nazi. Se calcula que de los casi medio millón de chechenos e ingushes -otra etnia caucásica muy próxima- forzados al exilio, una cuarta parte perecieron durante el traslado y en los primeros años del destierro. La operación fue ordenada por Josif Stalin y llevada a cabo por el NKVD, precursor del KGB, a cuya cabeza se hallaba Laurent Beria. Solo fueron autorizados a regresar en 1957, años después de la muerte del dictador.   

Las dos guerras contra Moscú registraron una elevadísima tasa de mortandad, superior al 10% de sus habitantes

Durante la disolución de la URSS, el conflicto entre los chechenos y el poder central se reactivó. Las autoridades chechenas se negaron a firmar el tratado de la Unión en 1991, que regulaba las relaciones entre Moscú y los sujetos que componían la Federación Rusa surgida de los escombros soviéticos. Dos años más tarde, su presidente, Djozhar Dudáyev, declaró la independencia. En diciembre de 1994, el presidente ruso Boris Yeltsin envió a un contingente de tropas rusas a recuperar Grozni, lo que dio inicio a la primera guerra chechena. El conflicto acabó dos años después con una humillante derrota de Moscú, que se vio obligada a retirar sus fuerzas del diminuto territorio.

En 1999, cuando Vladímir Putin ya ocupaba el cargo de primer ministro y se perfilaba como sucesor de Yeltsin, la guerra se reanudó. Utilizando como excusa una serie de oscuros atentados con explosivos contra edificios de pisos cuya autoría chechena es cuestionada hoy día por numerosas voces, el actual presidente ordenó a su Ejército volver a atacar Chechenia, logrando esta vez imponerse en el campo de batalla. Ambos conflictos tuvieron una elevadísima tasa de mortandad, superior al 10% de los habitantes. Según fuentes prorrusas, murieron entre 150.000 y 160.000 personas sobre una población actual de 1,3 millones.

Las causas de la radicalización             

La radicalización de muchos jóvenes chechenos es inseparable de las recientes tragedias colectivas vividas, estiman los expertos. Marta Ter, investigadora del Observatorio Euroasia y autora de diferentes estudios sobre el tema, sostiene que la "ausencia de un estado de derecho" y la "impunidad" por los crímenes cometidos por las fuerzas rusas durante las dos contiendas juegan un papel decisivo. Pese al aluvión de denuncias de las oenegés acerca de torturas y ejecuciones extrajudiciales, prácticamente no ha habido condenas a altos oficiales rusos por sus excesos en Chechenia.

Kadírov, estrecho aliado de Putin, extiende la represión a las familias de los sospechosos de extremismo

A ello se añade la actuación del Estado ruso, que ha fomentado el éxodo de los extremistas chechenos y de otras etnias caucásicas hacia otros escenarios en guerra, en especial Siria. "Ha sido una política", destaca Ter. Varias investigaciones han concluido que en el 2014, poco antes de los Juegos de Sochi, no lejos de Chechenia, miembros de los servicios secretos rusos entregaron pasaportes a radicales para que viajaran a Siria a continuar la 'yihad' y garantizar así una olimpiada en paz.

Por último, la naturaleza represora del actual régimen checheno, presidido por Ramzán Kadírov, un estrecho aliado de Putin, ha trastocado los métodos tradicionales para impartir justicia. En casos de terrorismo, no solo los sospechosos de extremismo, sino también sus familias, son víctimas de la represión, azuzando deseos de venganza.