Ir a contenido
Multicines Franco: las pelis que vio el dictador

Multicines Franco: las pelis que vio el dictador

Núria Navarro

Daba igual que hubiera hambruna en provincias, las cárceles estuvieran a reventar o estallara la crisis de los misiles en Cuba, todos los sábados y domingos, a las 5 de la tarde, Francisco Franco acomodaba sus posaderas en la butaca de seda amarilla de la sala de cine de El Pardo y se evadía en sesiones a las que asistían la familia y elegidos de su círculo de confianza: un día el médico de cabecera, Vicente Gil; otro, el almirante Luis Carrero Blanco; casi siempre la marquesa de Huétor de Santillán, ayudantes militares y personal del palacio.

No era una sesión improvisada. La rutina era la siguiente: semanalmente, después del desayuno, la Dirección General de Cinematografía extendía un folio con los estrenos a Carmen Polo. La Señora de Meirás elegía la peli y mandaba imprimir una invitación en cartón para repartir entre el 'público', como si se tratara de una 'première' en el Capitol. En la sala, que olía al mismo ambientador de los cines de Madrid, primero se proyectaba el N.O.D.O., luego había pausa para la limonada y los marrón glacés, y a continuación, empezaba el largometraje. Explicó esa rutina el mayordomo del Generalísimo, Juan Cobos Arévalo, al historiador Magí Crusells, junto al fallecido José María Caparrós, autor del libro 'Las películas que vio Franco' (Cátedra).

Francisco Franco, cámara en ristre. / el periódico

Caparrós y Crusells, del Centre d’Investigacions Film-Història de la Universitat de Barcelona (UB), se preguntaron qué tipo de cinéfilo era Franco, un hombre que había hecho de actor en 'La malcasada' (1926) –ver minuto13.23–, le gustaba rodar películas caseras en 8 mm tanto como pescar salmón en las rías y que era el autor del argumento de 'Raza' (1941), el filme que dirigió José Luis Sáenz de Heredia a mayor gloria del Centinela de Occidente, o sea, de sí mismo.

¿Por dónde empezar la pesquisa? Los historiadores tuvieron suerte. Un empleado del Archivo General del Palacio Real les sacó un pliego con los programas originales de mano. "Entre 1946 y 1975, Franco visionó en El Pardo algo más de 2.000 películas, 1.514 extranjeras (917 norteamericanas) y 465 españolas", resume Crusells, haciendo notar que, en la intimidad, Franco se pasaba por la braga-faja el furor patriótico.

  

Una muestra: las primeras dos películas que se proyectaron en El Pardo, en 1946, el año del inicio de la autarquía, fueron 'El último gánster' (1937), sobre un mafioso inadaptado y celopático (Edward G. Robinson), y 'El sargento inmortal' (1943), con Henry Fonda metido a cabo de infantería con 'morriña' en el desierto africano.

Cintas prohibidísimas

Y no solo no hizo ascos a la pérfida Hollywood. "Franco vio dos películas prohibidas en España: 'Christopher Columbus' (1949), de David MacDonald –en la que los españoles en la gesta del descubrimiento de América quedan fatal–, y 'Viridiana' (1961), de Luis Buñuel, apenas dos semanas después de ganar la Palma de Oro de Cannes". Cuenta el mayordomo que su patrón calificó esta última de "baturrada", hasta que 'L’Osservatore Romano', el órgano oficial del Vaticano, dictaminó que era "blasfema" y pidió la excomunión de todo el equipo. Tuvieron que pasar dos años del entierro del dictador para que la cinta se proyectara en las pantallas.

  

Su Excelencia tenía más prerrogativas, claro. "Del total de películas, nueve fueron vistas antes de pasar por la censura y 722 antes de su estreno comercial", explica Crusells, para añadir que, según el testimonio del probo mayordomo, nunca hubo censor en la sala que obedeciera el carraspeo del patrón como señal palmaria de que había que pasar la tijera.

Steve McQueen-Edward G. Robinson

El sirviente, siempre de pie detrás de la butaca del jefe de Estado, aventura que le gustaban las películas "en las que el personaje fuera un salvador o un héreos, tipo 'Los últimos de Filipinas' '¡A mí la Legión!'", pero el vaciado de los documentos muestra su inclinación por la comedia y la acción, desmontando así el mito de que el gallego era un 'hooligan' del 'western'. "Visionó 507 comedias y 126 del Oeste", cifra Crusells. "Y solo hubo una película que repitió varias veces, 'El rey del juego' (1961)", un filme de Norman Jewison en el que un joven y codicioso jugador de póquer (Steve McQueen) reta al rey de los faroles (Edward G. Robinson) en Nueva Orleans. "La vio en 1966, en 1971 y cuatro meses antes de morir", puntualiza el historiador.

  

Otras elecciones resultan, cuanto menos, chocantes. Por ejemplo, 'El veredicto' (1974), una densa trama judicial de André Cayatte que visionó poco antes se expirar, o 'Rashomon' (1950), en la que Akira Kurosawa muestra la complejidad de la verdad. "Con todos mis respetos –opina el historiador–, no creo que entendiera esas películas, como tampoco 'Muerte de un ciclista' del [comunista] Juan Antonio Bardem'Furia española' (1974), de Francesc Betriu –una mezcla de fútbol, política, sexo y crítica social que, según el realizador catalán, pudo "contribuir a agravar la agonía del dictador"–, o 'El ladrón de bicicletas'", reflexión de Vittorio de Sica sobre el desamparo frente a las vilezas del fascismo.

  

Diversión ligera

En Multicines Franco hubo también tardes de entretenimiento palomitero. El dictador se zampó casi todas las películas de James Bond –"eso sí, en el cartel promocional de '007 Vive y deja morir', la censura añadió centímetros de tela al biquini de Gloria Hendry, la primera chica Bond negra"–, y no apartó la vista ante el bamboleo de los pechos de Liza Minnelli mientras canta "money, money" en 'Cabaret' (1972), ni cerró los ojos cuando el viento de la rejilla del metro levanta las faldas de Marilyn Monroe dejando al aire su muslamen en 'La tentación vive arriba' (1955).

  

Aunque, después de tanto 'demonio, mundo y carne', Franco se tragaba 'Los misterios del rosario' (1957), un tostón de Fernando Palacios y Joseph Breen en el que, tras un prólogo en que el Padre Patrick Peyton solicita a los espectadores que recen un 'Ave María' por la campaña del 'Rosario en Familia', repasa los aspectos de la salvación a partir de los 15 misterios.

  

Tampoco fallaban la borrachera de películas infantiles, sobre todo en los cumpleaños de sus siete nietos, que incluían la presencia de 'niños prodigio' como Marisol o Pablito Calvo. La primera de todas, justo un día antes del nacimiento de su nietísima, Carmen Martínez-Bordiú, fue el cortometraje 'Popeye contra Robinson'. Pero el primer largo, el 26 de noviembre de 1952, fue "una copia de 'La Cenicienta', según la tarjeta de invitación, ‘facilitada por deseo expreso de Walt Disney para ser proyectada a Su Excelencia’", cuenta Crusells.

  

Y cuando los chicos fueron mayorcitos, el implacable general encajó con resignación los golpes de pelvis de Elvis Presley en 'Amor en Hawai' (1961) y 'Paraíso hawaiano' (1966).

Fan Club

"Franco era un hombre hermético –confirma el mayordomo–. Nunca hacía comentarios durante las proyecciones. Apenas un '¡anda!' o un '¡vaya!' en tono irónico". Las apoteósis emocionales que recuerda el fiel Cobos fueron: 1/ a finales de los 60, cuando apareció en pantalla una señora en biquini, Cristóbal Martínez Bordiúmarqués de Villaverde, hizo un comentario subido de tono y su suegro lo fulminó con la bayoneta de su mirada, y 2/ al ver el beso filetero de Sofía Loren y Charlton Heston en 'El Cid' (1961).

  

En esa tesitura, resulta muy difícil saber si Franco era o no era un mitómano. Jugaba en una liga distinta a la de Stalin, Hitler y Musolini, mujeriegos documentados con distintas inclinaciones. Franco, fuera porque perdió un testículo en África, fuera porque estaba marcado por un complejo de Edipo, no miraba a las mujeres con el ojo rapaz de los poderosos. Nos quedamos sin saber si tenía mito erótico. En todo caso, la estadística de la investigación de Crusells demuestra que, por películas vistas, entre sus estrellas predilectas estaban Deborah Kerr (20 filmes), Doris Day (18) y Elizabeth Taylor (17), en justo empate con Maureen O’Hara. Y que hubo galanes favoritos: Gregory Peck (25 películas), James Stewart (23 cintas y una visita privada a El Pardo en 1959– y John Wayne (22).

  

La llegada de la televisión en 1956, al parecer, rebajó su apetito de celuloide. Cuentan algunos biógrafos que era un incondicional de los Payasos de la Tele y del 'Estudio abierto' del malogrado José María Íñigo.

Y ahí lo dejamos. Que cuenta Crusells, con una dosis de humor negro, que la publicación del libro tiene algo de maldición de Tutankamón. Caparrós falleció el 18 de marzo, y él sufrió un ictus el 6 de abril. Aunque el dictador nunca vio la película de Russel Mulcahy.

0 Comentarios
cargando