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Claudia Cardinale y Jane Fonda, en Cannes, esta semana.

Claudia Cardinale y Jane Fonda dijeron "no es no" (sin éxito)

Las actrices, que han desplegado su octogenario glamur en Cannes, están hermanadas por casos de violencia sexista

Núria Navarro

Claudia Cardinale y Jane Fonda no encajan en el 'esquema Norma Desmond', la vieja gloria de Hollywood que cae en el patetismo dibujada por Billy Wilder en 'El crepúsculo de los dioses'. Las dos han superado los 80 años y la industria ya no babea por sus hechuras, pero han paseado por el Festival de Cannes despertando una atención nada geriátrica. El motivo, quizá, es que no despiertan lástima sino admiración pura y dura. Ambas explicaron antes del escándalo de Harvey Heinstein la violencia sexista que sufrieron en el ámbito privado y la cosificación por parte de la industria.

La Fonda tiene la Palma de Oro de las tribulaciones. Su madre, Frances Ford Seymour, violada por un afinador de pianos a los 8 años, se abrió las venas con una cuchilla cuando ella tenía 12 años. Su padre, el legendario Henry Fonda, le proporcionó una infancia más parecida a 'Ford Apache' que a un hogar y solo le dijo "te quiero" en un plató de cine. También ella fue víctima de abuso sexual. "Yo me estaba dando un baño, entró el novio de mi institutriz, me dijo que saliera de la bañera y me hizo ponerme de espaldas a él –contó a este diario–. Algo debió de pasar porque luego tuve fantasías recurrentes... Toda mi conducta posterior fue la de una niña víctima de abusos".

Jane Fonda, en 'Barbarella' (1968), dirigida por Roger Vadim. / el periódico

Odio al propio cuerpo

La conducta posterior fue un odio a su propio cuerpo, admitió, agravado por el hecho de que su padre insistiera sin eufemismos en que estaba "gorda" y que notables como el magnate Jack Warner opinaran que solo tendría futuro si se teñía de rubio y le añadían silicona. Lo malo fue que ese malrollismo la empujó a un vomitar durante 20 años todo lo que ingería y a cierto desorden vital –metió prostitutas en el lecho conyugal para satisfacer al primero de sus tres maridos, Roger Vadim–; y lo bueno, que sus machacadas aeróbicas interesaron a un magnate, Stuart Karl, que las popularizó en formato VHS, llegando a vender 17 millones de copias de sus 23 vídeos de rutinas.

Con el tiempo, Fonda ha podido racionalizar sus heridas, pero sigue esforzándose por prolongar tanto como pueda la juventud. Ha pasado por quirófano para colocarse implantes mamarios, retocar la nariz, levantar los párpados, hacer una liposucción de barbilla, cambiarse los dientes, estirarse la piel del rostro y pincharse testosterona. Practica running, pilates y levantamiento de pesas. "No soy vieja, soy perenne", prefiere definirse la actriz, que abandonó el cine en 1992, cuando se casó con el magnate de la CNN Ted Turner y hoy es estrella de L’Oreal.

Abuso y embarazo

Claudia Cardinale, algo menor que Fonda, fue violada a los 17 años, cuando aún vivía en su Túnez natal, por un tipo que la perseguía a todas partes. La llevó a una casa de campo y no entendió el "no es no". Se quedó embarazada y, en vez de abortar, se mudó a Londres y tuvo a ese hijo, Patrick, que fue acogido por los padres de la diva italo-tunecina como su hermano y a quien el productor Franco Cristaldi, promotor de la estrella, le dio el apellido.

Claudia Cardinale, en los años 60. / EL PERIÓDICO

Pero el expediente amoroso de la estrella de 'Ocho y medio' de Fellini tardó en encontrar el equilibrio. Fue el objeto del deseo de Alain DelonJean-Paul Belmondo, el simpático Marcello Mastroianni, el presidente Jacques Chirac. "Claudia, después de los espaguetis, eres la mejor invención de los italianos", le dijo David NivenBob Dylan se puso pesado en que una foto suya fuera a la portada del álbum 'Blonde on blonde' (1966) hasta que le pararon los pies porque no había pedido permiso. Y Marlon Brando perserveró en las tentativas de abordaje, aunque se fue por donde había llegado.

Su gran amor fue Pasquale Squiteri, cuyo encuentro coincidió con un alejamiento del 'star system' y la participación en las campañas italianas del aborto y el divorcio. Aunque, ay, era un hombre casado. El 'affaire' duró 28 años y dio a la actriz una hija. Por raro que suene, el pasado marzo representó la adaptación de 'La extraña pareja' de Neil Simon, junto a Ottavia Fusco, la viuda de Squitieri.

Pese a las tribulaciones, Cardinale dice no haber sido sometida a las torturas del bisturí. "No me he hecho nada", ha jurado en Cannes, con la laxitud propia de quien, si algo no tiene, es baja autoestima. "Mi madre decía que las arrugas no se ven si sonríes mucho". Y así lo ha hecho.

Las dos lo han hecho. Sonreír.
 

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